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  Noticia del: 30-01-2018

El documento es uno de los más completos elaborados hasta la fecha sobre este asunto, y resume lo que dicen innumerables informes científicos sobre cómo la población general está expuesta a estas sustancias a través de la alimentación, los efectos que pueden darse sobre la salud, o los graves fallos existentes en los sistemas oficiales de evaluación del riesgo. Finalmente, el texto propone medidas para proteger de forma efectiva a la población.

El informe incide especialmente en la ausencia de garantías que ofrece el actual sistema de seguridad alimentaria en relación a estas sustancias. La normativa establece unos límites máximos de residuo (LMR) y una ingesta diaria aceptable (IDA) que se basan en criterios oficiales obsoletos, según denuncia la Fundación. Como afirma su autor, Carlos de Prada, “los sistemas oficiales de evaluación del riesgo no sólo no consideran el efecto cóctel que se produce en nuestro organismo al exponernos simultáneamente a varias de estas sustancias, sino que se basan en algunos criterios arbitrarios e incluso utilizan informes secretos de los propios fabricantes de estas sustancias. A eso hay que añadir la existencia de conflictos de interés en algunos organismos encargados de la evaluación del riesgo. En definitiva, no se tiene en cuenta debidamente el grado de conocimiento científico actual sobre las sustancias disruptoras endocrinas, de modo que podemos estar exponiéndonos a unos niveles perfectamente legales de pesticidas presentes en nuestros alimentos, confiando en unas normas que pueden no darnos una seguridad real”.

La desprotección legal alcanzaría el ámbito europeo, donde la regulación de los disruptores endocrinos en Europa está paralizada como consecuencia de las presiones que ejercen los fabricantes de pesticidas sobre las instituciones comunitarias y los gobiernos de varios países, según destaca la European Environmental Bureau (EEB). La propia EFSA, en su informe de 2014, admitía que el 64,7% de las mandarinas, el 60,5% de las naranjas, el 57% de las peras o el 26,6% de los pepinos contenían varios pesticidas diferentes a la vez en una sola pieza de fruta.

Los efectos a los que han sido asociados las sustancias disruptoras endocrinas son numerosos, desde cánceres hormonodependientes (de próstata, de testículos, de mama) hasta trastornos del metabolismo como obesidad y diabetes, pasando por problemas reproductivos tanto en la mujer como en el hombre, enfermedades cardiovasculares, o problemas cognitivos y de desarrollo cerebral en los niños.

 

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