Se encuentra en:     Inicio / Artículos

¿Qué es la Electrosensibilidad?

La Electrosensibilidad (EHS) se corresponde con una pérdida de tolerancia del organismo ante la exposición a fuentes de campos eléctricos, magnéticos y ondas electromagnéticas. Esta exposición se suele asociar a la exposición crónica y dosis consideradas bajas que producen un desequilibrio de los sistemas biológicos.

¿Cómo se manifiesta en el cuerpo humano?, ¿los síntomas son visibles?

Dolor de cabeza, dolor muscular, fatiga, estrés, angustia, somnolencia diurna, insomnio, pérdida de memoria, acúfenos, náuseas, taquicardia, son síntomas que se asocian a la EHS.

¿Hay alguna diferencia entre la exposición a campos magnéticos o eléctricos?

El cuerpo humano es conductor. Los campos eléctricos influyen en el organismo de forma periférica, atravesándolo hasta llegar al suelo. Cuando vamos descalzos, por ejemplo, con suelas de calzado conductor o nos damos una ducha, estamos promoviendo a “descargar” el organismo y nos sentimos más relajados. En cambio, el campo magnético es capaz de inducir en el organismo, produciendo corrientes circulares, que según su intensidad, pueden afectar a los procesos biológicos. La distancia de seguridad a la fuente es una buena forma de prevención.

¿Existe alguna relación entre fibromialgia e hipersensibilidad electromagnética?

La EHS puede presentarse asociada a otras enfermedades como la fibromialgia, la sensibilidad química o la fatiga crónica. Es lo que se conoce como comorbilidad, que es la presencia de otros trastornos asociados a uno primario. La hipersensibilización del sistema nervioso central se asocia a un amplio abanico de síntomas, pudiendo afectar a todos los sistemas.

Es de suponer que no existen fármacos para combatir las molestias y que depende de nosotros atenuar los efectos perniciosos por estar expuestos a este tipo de toxicidad. ¿Hasta qué punto se puede responsabilizar a las autoridades?

No hay fármacos. Para evitar la exposición crónica a las distintas radiaciones el abordaje más eficaz consiste en minimizar y eliminar las fuentes que las producen. Creo que es preciso una actuación a distintos niveles: administraciones, profesionales y también la población. Considerar la planificación de las líneas eléctricas y de las estaciones base de antenas de telefonía móvil. Estableciendo normas urbanísticas que consideren una distancia de seguridad entre las líneas de alta tensión y demás instalaciones eléctricas de las nuevas viviendas. Pero también que los usuarios conozcan las formas más saludables de utilizar las nuevas tecnologías, especialmente en el caso del grupo de población más sensible como son los niños.

Si se destinaran más recursos a campañas de concienciación y de divulgación… ¿El gasto sanitario se reduciría?

Aunque aquí no sea la tónica, en Europa se va en esta línea. Francia, Suiza o Bélgica están trabajando para evitar la exposición de los niños al wifi, el uso de teléfonos móviles en edades tempranas e informando de un uso más consciente. Medidas como apagar el wifi cuando no se usa, evita la exposición 24 horas sobre 24. La utilización de desconectadores eléctricos automáticos de la corriente alterna y la reducción de las fuentes durante el descanso nocturno, ya que durante la noche el organismo pone en marcha las funciones de regeneración. Seguramente se vería reducido el gasto sanitario si se promueven hábitos más saludables. Aunque es necesario invertir en pruebas de diagnosis y tratamiento, ya que si no se elimina la fuente no se acaba con los síntomas. En esta línea aboga el grupo de estudio de campos electromagnéticos de la Academia de Medicina Ambiental Europea.

Se dice que “somos lo que comemos” pero los alimentos ecológicos son caros y en este contexto de crisis…

La alimentación constituye la entrada de nutrientes, pero también la de sustancias tóxicas: plaguicidas, alteradores hormonales; un “aliño” extra que no se nota en el precio final. En cambio, los productores que no usan pesticidas deben pasar trámites, certificaciones, regulaciones, etc. Deben demostrar que no usan tóxicos. Las cooperativas de consumidores como “La Colmena dice sí” pone en contacto directo a productores y consumidores, consiguiendo tener  productos de proximidad de Km 0, frescos, ecológicos, más cerca de casa y con precios más justos para el consumidor y también para el productor.

No estamos dispuestos a prescindir de la tecnología pero ¿por qué nos cuesta tanto hacer un buen uso de ella?

La tecnología es necesaria y forma parte de nuestro día a día. Se trata de implementar sistemas más “amables” con nuestras células y sistemas, que eviten o minimicen la exposición crónica a los mismos y por tanto un uso más saludable. Es evidente que se vive “enganchado” al móvil. Sólo hace falta fijarse a nuestro alrededor. La forma de relacionarse ha cambiado de forma considerable. De hecho, se está analizando el “phubbing” que consiste en hacer más caso al móvil que a la persona que tenemos delante. La inmediatez, el estar conectados siempre a la lista de amigos y los “likes” juegan un papel relevante para los sistemas de compensación del cerebro. También se analiza la “nomofobia” como la angustia que se crea en personas que se han dejado el móvil, el miedo a salir sin él.

Es conveniente que entre el sol en nuestras casas. Pero hay hogares y centros de trabajo donde la única fuente de iluminación es artificial, ¿entonces por qué no se construye teniendo en cuenta este aspecto?

El actual código técnico de la edificación ya contempla la necesidad de instalar sistemas de aprovechamiento de la luz natural para ahorrar energía. En edificios antiguos, escuelas o centros de oficinas,  dónde la única fuente de luz es la artificial, optar por lámparas que imiten la luz solar, aporta beneficios sin duda. Las buenas prácticas de eficiencia energética ayudan a minimizar el consumo, pero no podemos olvidar la calidad de la luz, que es la clave para el equilibrio de los sistemas biológicos. No hay que olvidar que el principal reloj del organismo se “pone en hora” y se regula con la luz del Sol.

Vivimos rodeados de toxicidad, ¿cómo podemos mantenernos alejados de ella?

Conociendo opciones más sanas y en la medida de lo posible ponerlas en práctica. Hacer ejercicio, realizar una alimentación de calidad y equilibrada y dormir bien. Un buen descanso es fundamental para conseguir que el organismo no pierda el equilibrio. La calidad del aire exterior y, sobre todo, la calidad del ambiente interior juega un papel relevante, pues pasamos entre el 80 y el 90 por ciento del día en el interior de edificios (trabajo, escuela, domicilio…). Conocer las opciones más saludables que permiten hacer pequeños cambios, especialmente en aquellos hábitos que realizamos de forma cotidiana.

La electricidad y los campos magnéticos hace tiempo que conviven con nosotros. ¿Se puede hablar de un antes y un después de la telefonía móvil?

Antes de la telefonía móvil podía haber un teléfono en cada casa. Ahora cada miembro de la familia tiene un teléfono y los hay que tienen además el de la empresa. El teléfono se ha convertido en un elemento imprescindible para casi todos los grupos de población. Ya hemos comentado que ello supone un cambio en las relaciones sociales y también en la exposición crónica a sus radiaciones.

¿Qué aconseja para que nuestro hogar sea más saludable?

Que entre la luz del sol. Dice el refrán que “donde entra la luz, no entra la enfermedad”. Ventilar las estancias. En caso de pintar paredes o realizar reformas, apostar por materiales naturales, como pinturas y barnices de baja emisividad de compuestos orgánicos volátiles. Evitar moquetas y alfombras plásticas. Hacer un mantenimiento regular. Limpiar sin ensuciar con productos que no incluyan sustancias irritantes o nocivas. Optar por una alimentación más sana y variada. Elegir alimentos de proximidad, frescos, libres de pesticidas. Evitar los muy procesados. No cocinar a temperaturas elevadas. No utilizar recipientes plásticos…

¿Y en nuestro dormitorio o lugar de trabajo?

En el dormitorio evitaremos la exposición a las radiaciones, desconectando los aparatos eléctricos y electrónicos que no usamos mientras dormimos. Utilizar iluminación tenue, en la franja del espectro electromagnético más rojizo (como las antiguas incandescentes) y evitar las azuladas, ya que así preparamos el cerebro para conciliar el sueño. Elegir tejidos naturales. Si es posible utilizar en la oficina luz natural o iluminación artificial que se asemeje a la calidad de la luz natural. Utilizar fibra óptica y una toma de tierra eficiente. Instalar los equipos eléctricos y electrónicos a una distancia de seguridad del lugar donde nos ubiquemos. Controlar que la humedad relativa esté en torno al 50 por ciento. No utilizar materiales sintéticos, incluir plantas verdes…

Volver al listado