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Aunque no destruye los cartílagos, ni deforma las articulaciones y ni siquiera las inflama, los pacientes con fibromialgia la valoran como más dolorosa y molesta que cualquiera de las otras enfermedades del sistema musculoesquelético, como puede ser la artritis reumatoide.

En España, aunque hay autores que llegan a afirmar que se presenta en el 4% de la población, los estudios epidemiológicos más exhaustivos hablan de una estimación del 2'4% de la población, lo que supone que existen 1.100.000 afectados, observándose una mayor incidencia en mujeres que en hombres con una relación de 9:1, manifestándose clínicamente entre los 30 y 50 años. La sociedad en la que vivimos, que valora todo en función de los costes económicos, para así comprender la importancia de un hecho a estudiar, acaba de publicar un estudio en el que se cuantifica el coste sanitario que genera un enfermo de fibromialgia, estando establecido en España en 10.000 euros al año, lo que se traduce en cerca de 11.000 millones de euros en ese periodo en toda España.

Más que una enfermedad, es un conjunto de trastornos que tienen en común el dolor y la rigidez de músculos, tendones y tejidos blandos que rodean estas estructuras, pudiendo ser muy invalidante. Además, se puede acompañar de otros síntomas potenciadores de esta incapacidad, como son el debilitamiento intenso, el cansancio y la fatiga, anquilosamiento y rigidez, dolores de cabeza o de cara, trastornos del sueño, episodios depresivos acompañados de crisis de ansiedad, insomnio, cansancio no justificado, vejiga irritable, malestar abdominal, síndrome del intestino irritable, mareos, pérdida de equilibrio, etc., que terminan afectando a las actividades cotidianas de quien tiene la enfermedad.

El dolor ocasionado por la fibromialgia es impredecible. Es errático, afectando a distintas partes del cuerpo, y varía de intensidad día a día, de tal forma que quien la sufre nunca puede predecir cómo se sentirá al otro día. Puede empeorar con la actividad, el clima húmedo o frío, la ansiedad y el estrés.

Las causas de esta enfermedad son desconocidas, sin que hasta el momento se haya podido saber nada en concreto de por qué aparece. Éste es uno de los grandes dramas de la fibromialgia, pues a veces nos cuesta comprender cómo una persona con analíticas, radiografías o resonancias completamente normales puede tener tan disminuida su calidad de vida, causando rechazo en su entorno y calificándose a veces al paciente de quejica, hipocondríaco, egoísta, enfermo mental, etc. Se ha relacionado con episodios de traumas físicos o psíquicos previos, trastornos del sueño, predisposición genética, afectación de áreas cerebrales que tienen que ver con el umbral del dolor, alteraciones del sueño, infecciones por virus como el de Epstein-Barr, bacterias o cándidas, alteraciones hidroelectrolíticas, intoxicación por metales pesados o intolerancias alimenticias (especialmente al gluten), entre otros. La bioquímica molecular empieza a sugerirnos algunas pistas de ciertos cambios sobre determinadas moléculas (como la sustancia P y la serotonina), que se encuentran en cantidades distintas en estos enfermos, con lo que es posible, en un futuro no muy lejano, que podamos entender cómo y por qué se produce esta enfermedad.

Al diagnóstico se llega por exclusión. Es decir, cuando se han descartado otras posibles enfermedades que generan dolor y afectan al sistema musculoesquelético, entonces decimos que estamos ante sospecha alta de fibromialgia. Esta enfermedad constituye un enorme “cajón de sastre”, donde tienen cabida probablemente numerosas patologías aún no definidas, no siempre con un mismo origen, pero que tienen en común la aparición de dolor casi generalizado. Para tener un diagnóstico certero, el paciente debe mostrar dolor a la presión en al menos 11 de 18 puntos sensibles (“tender points”), repartidos por el cuerpo y ese dolor debe estar presente durante al menos tres meses.

El tratamiento de estos pacientes es complejo, pues la fibromialgia no tiene cura, aunque sí que se pueden mejorar mucho los síntomas. Debe sustentarse en tres pilares: ejercicio, psicoterapia y tratamiento farmacológico, que desde aquí recomendamos realizarlo con remedios naturales. Los medicamentos que se emplean son principalmente del grupo de los analgésicos, antiinflamatorios, relajantes musculares, antidepresivos, ansiolíticos e incluso anticonvulsivantes. Con ellos es posible mejorar algunos síntomas, pero no debemos de olvidar que no están exentos de efectos secundarios, y deben ser recomendados por el médico. Las terapias físicas, como los masajes, la liberación miofacial o el calor por infrarrojos, han demostrado ser eficaces. Los ejercicios físicos son también muy útiles cuando se practican en una piscina climatizada. El apoyo emocional de la familia y amistades es muy importante para aliviar los síntomas inquietantes que padece el paciente. La familia debe de apoyar al paciente a hacer los cambios necesarios en su estilo de vida.

Quienes padecen de fibromialgia, en su largo peregrinar buscando tratamientos eficaces, están descubriendo que pueden aliviar sus dolores con otro tipo de terapias, como el yoga, tai chi, psicoterapia, fitoterapia, nutrición, homeopatía y la acupuntura, con los que se ha conseguido mejorar de una forma significativa la calidad de vida de quien sufre esta enfermedad, sin los efectos secundarios de los medicamentos.

En un ensayo clínico, realizado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Tufts de Boston (Estados Unidos), el tai chi demostró ser más eficaz que los tratamientos tradicionales basados en ejercicios físicos y de estiramiento, en la reducción del dolor y de la depresión en los pacientes con fibromialgia.

Existen recomendaciones también sobre la hierba de San Juan o hipérico, ya que posee un efecto antidepresivo. Aunque con menos efectos secundarios que los fármacos para la depresión, también los tiene, por lo que no debe administrarse en personas que ya estén con tratamiento antidepresivo, siendo lo mejor consultar con un especialista, ya que también presenta incompatibilidades con otros medicamentos o incluso alimentos. A pesar de que no hay ensayos clínicos disponibles con esta patología, es más recomendable emplear un extracto de los estigmas del azafrán, que posee igualmente un efecto positivo, ya que tiene menos interacciones que el hipérico y ha demostrado ser altamente eficaz en el tratamiento de la depresión.

La S-adenosilmetionina (SAMe) es un dador de grupos metilo, que favorece la detoxificación hepática. También ha demostrado eficacia en el tratamiento de la depresión. En un ensayo clínico, en el que se administró por vía oral, se observó una mejoría en la actividad de la enfermedad, dolor al descansar, fatiga y rigidez matutina, y estado de ánimo, aunque otros aspectos, como la intensidad del dolor y el número de puntos dolorosos, no mostraron mayor mejoría que un placebo. Otra molécula, también utilizada en el tratamiento de la depresión, como es el 5 hidroxitriptófano (5-HTP), se ha ensayado en la fibromialgia, habiendo podido comprobarse que provoca una disminución significativa en el número de puntos sensibles e intensidad del dolor, así como una mejora en los patrones de sueño, rigidez matutina, ansiedad y fatiga.

En caso de que sospechemos una presencia de metales pesados, es conveniente, antes de iniciar cualquier tratamiento, realizar una terapia de quelación, pudiendo emplearse con este propósito las algas chlorella.

El empleo de terapias minerales ha demostrado asimismo una cierta eficacia, lo que podría explicarse por la posible etiología del desequilibrio electrolítico de esta enfermedad. Para ello disponemos tanto de sales de Schüssler como de oligoelementos, habiéndose mostrado como más eficaces Kalium phosphoricum 6DH, Magnesia phosphorica 6 DH, Manganeso-Cobalto y Litio.

Otras terapias que han validado su eficacia científicamente en el tratamiento de este síndrome, y que se pueden complementar con todas las anteriores, son la homeopatía y la acupuntura. Aunque lo conveniente, tanto con una como otra, es individualizar el tratamiento. Existe, por ejemplo, un ensayo clínico realizado con Rhus toxicodendron 6 CH en el que se observó una disminución del 25% de los síntomas.

Como podemos comprobar, son muchas las cosas que nos quedan por aprender de esta enfermedad, pero también son numerosas las que podemos hacer con técnicas naturales para mejorar la calidad de vida tan deteriorada de estos pacientes que sufren la fibromialgia.

• Joaquín Outón
Médico naturista, director técnico de Laboratorio Vital 2000

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