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¿Quién no ha oído alguna vez la expresión “Una imagen vale más que mil palabras”? La vista es el sentido más importante con el que contamos para percibir todo lo que nos rodea, y lo confirma el hecho de que el cerebro dedica nada más y nada menos que la mitad de su energía al procesamiento visual.

 

Sin embargo, y a pesar de ser un sentido tan valioso, lo cuidamos poco y le exigimos mucho. Nuestros ojos se ven sometidos a un esfuerzo diario, ya que la evolución del género humano le ha llevado a funcionar bajo diferentes tipos de iluminación de 12 a 16 horas al día, y la cantidad de trabajo que realizamos desde que nos despertamos hasta que nos acostamos es enorme. Debemos tener en cuenta, además, que el sistema ocular es una verdadera obra de ingeniería con estructuras muy sensibles a la oxidación lumínica, y resulta muy afectado por el paso del tiempo; de modo que parece imprescindible tomar conciencia para modificar algunos hábitos y dotarnos de nutrientes que protejan y refuercen tanto la función visual como las estructuras oculares.

 

Daño oxidativo y antioxidantes 

Los fotorreceptores de la retina están sujetos a estrés oxidativo por la exposición combinada a la luz y al oxígeno. Otros agentes como el consumo de tabaco o la polución ambiental también contribuyen a la oxidación de las estructuras oculares. La formación de radicales libres y el estrés oxidativo ejercen un papel importante en la etiopatogenia de ciertas patologías oculares comunes en nuestra sociedad, como las cataratas (formación de opacidades en el cristalino), la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) o el glaucoma.

 

La formación de cataratas, por ejemplo, constituye la primera causa de ceguera a nivel internacional. La oxidación de los grupos sulfidrilos (-SH) de las proteínas del cristalino, inducida por la radiación ultravioleta fototóxica, puede provocar entrecruzamientos proteicos dando lugar a una agregación, con la consiguiente pérdida de transparencia del cristalino. Si bien éste dispone de mecanismos propios para protegerse de los procesos oxidativos (el glutatión, la superóxido dismutasa, la catalasa y los antioxidantes accesorios como la vitamina C y la vitamina E), estos  sistemas de defensa disminuyen con la edad.

 

En el caso de la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), se trata de una enfermedad que afecta a la región central de la retina (la mácula), y su degeneración da lugar a una pérdida parcial o total de la agudeza visual central. El exceso de radicales libres ataca a los fotorreceptores de la retina, es decir, a las células responsables de procesar la luz y proporcionarnos la imagen. El resultado final es la incapacidad del epitelio pigmentario de la retina para digerir estas moléculas dañadas, dando lugar a una secreción y acumulación de materiales en la porción basal del epitelio que se manifiestan como drusas.

 

Ciertos factores ambientales, como la exposición crónica a la luz o el tabaquismo, se consideran factores de riesgo asociados a la DMAE ya que contribuyen a la formación de radicales libres, responsables de la degeneración de los fotorreceptores.

 

Teniendo en cuenta que el proceso oxidativo es un factor de primer orden en la patogenia de los distintos trastornos oculares, no es extraño que se valoren los antioxidantes en la prevención de la patología ocular. Distintas investigaciones han demostrado que ciertos antioxidantes se encuentran en mayor concentración en la retina, por lo que una ingesta reducida de antioxidantes se asocia a una mayor probabilidad de sufrir DMAE, cataratas y otras patologías oculares.

 

Entre los principales sistemas de defensa antioxidante se encuentra el pigmento macular formado por luteína y zeaxantina. Estos pigmentos actúan como filtro para proteger de la toxicidad de la luz azul los fotorreceptores tanto de la fóvea (parte central de la mácula) como del epitelio pigmentario retinal. Un mayor consumo de luteína y zeaxantina se asocia directamente a un aumento de la densidad del pigmento macular, proporcionando una mejora de la función visual.

 

Varios estudios corroboran, además, el efecto protector de ciertas vitaminas y minerales sobre la función ocular. La vitamina C, la E, el Betacaroteno y algunas vitaminas del grupo B figuran entre las más estudiadas en la prevención y tratamiento de ciertos trastornos oculares. Uno de los estudios más relevantes es el realizado sobre 5.000 pacientes a los que se les administró un combinado de vitamina C, E, Betacaroteno y Cinc. Los resultados obtenidos fueron muy positivos, puesto que dicha combinación redujo significativamente la progresión de la degeneración macular.

 

Nutrientes esenciales 

A la luz de los datos que avalan el uso de vitaminas, minerales y otros fitonutrientes de acción antioxidante en el manejo de ciertos trastornos oculares, parece lógico recomendar la toma de un preparado antioxidante, y no la toma de cualquiera de los nutrientes por separado. El motivo es que éstos no permiten eliminar por sí mismos la alteración del estado antioxidante que se observa en trastornos como la DMAE o las cataratas. 

 

A la hora de escoger un preparado antioxidante para el cuidado de la salud ocular, debemos considerar varios nutrientes esenciales para una buena formulación:

 

Carotenoides: Protegen las membranas celulares frente a las fotolesiones. Algunos estudios indican que se quintuplica el riesgo de desarrollar cataratas en personas con bajos niveles de carotenoides en plasma.

El betacaroteno es un precursor de la vitamina A, la cual se considera una gran protectora de la función visual como parte integrante de los pigmentos fotosensibles de las células de la retina. Deficiencias en vitamina A se han relacionado con ceguera nocturna, sequedad ocular y otros trastornos de la córnea. El betacaroteno protege las fibras del cristalino frente a la lesión inducida por la luz.

La luteína, la zeaxantina y la astaxantina son carotenoides que se depositan principalmente en la retina, y resultan indispensables para el cuidado de la visión. Protegen la mácula y el cristalino de la acción oxidante de la luz.

 

Vitamina C: su consumo se ha relacionado con una protección frente al desarrollo de cataratas, y se ha observado que los pacientes con cataratas presentan unos niveles reducidos de esta vitamina en el cristalino. Es un antioxidante fundamental en la lucha contra los radicales libres que deterioran el tejido ocular. Mantiene los niveles de glutalión, uno de los principales mecanismos de defensa antioxidante en el cristalino.

 

Vitamina E: antioxidante liposoluble que mantiene la integridad de las membranas de las células del cristalino al protegerlas de la peroxidación lipídica. Se ha relacionado con un efecto protector frente a la degeneración macular y en la prevención de cataratas.

 

Vitaminas del grupo B: Las vitaminas B1, B2, B3 y B6 son las más relacionadas con la salud ocular. La B1, la B2 y la B3 ejercen un efecto protector frente a las cataratas. Además, la vitamina B2 influye en la regeneración del glutatión, por lo que contribuye al efecto antioxidante en el tejido ocular. La B3 posee un efecto vasodilatador que favorece el flujo sanguíneo coroidal.

 

Minerales: Algunos minerales como el zinc, el cobre o el selenio son imprescindibles para la actividad de los sistemas de defensa antioxidante del tejido ocular. Entre estos sistemas de defensa se encuentran la superóxido dismutasa (SOD) o la glutatión peroxidasa (enzimas endógenos que necesitan de estos cofactores metálicos para ejercer su función). Existe una disminución de las actividades de enzimas antioxidantes en el cristalino cataroso debido a una depleción de los niveles de estos minerales.

 

Glutatión reducido y ácido alfa-lipoico: el cristalino dispone de elevadas concentraciones de glutatión para proteger el tejido ocular del estrés oxidativo, y tiene un papel preventivo en la formación de cataratas y en la DMAE.

El ácido alfa-lipoico, además de contribuir a aumentar los niveles de glutatión, aporta beneficios en la retinopatía diabética, una complicación asociada a la diabetes.

 

Extractos ricos en proantocianidinas y antocianidinas: el extracto de frutos de mirtilo ha sido ampliamente estudiado en oftalmología por sus beneficios sobre la función visual. Se trata de un fruto con un elevado contenido en antocianidinas, fitoactivos con una alta afinidad por el epitelio pigmentado de la retina. Tienen la habilidad de mejorar el aporte sanguíneo y la oxigenación del ojo, así como de captar radicales libres que pueden desorganizar las fibras de la retina y del cristalino. Diversos estudios han confirmado la actividad del mirtilo sobre la agudeza visual nocturna acelerando la acomodación a la oscuridad.

Las antocianidinas refuerzan las fibras del tejido retiniano mejorando la microcirculación y disminuyendo la presión ocular, por lo que su uso ha sido descrito en el tratamiento del glaucoma. Por su parte, las proantocianidinas de las semillas de uva incrementan la resistencia capilar y refuerzan las estructuras de colágeno de la retina.

 

Extracto de Ginkgo biloba: sus beneficios sobre la función ocular han quedado demostrados en el tratamiento del glaucoma, la degeneración macular y las cataratas. Su principal acción se centra en la mejora del flujo sanguíneo retiniano.


Departamento Técnico Sura Vitasan

 

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