Se encuentra en:     Inicio / Artículos

El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) es una enfermedad que se desarrolla como consecuencia de la infección por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), provocando una situación de inmunodeficiencia, debilitando nuestro sistema inmunológico y haciéndonos más vulnerables a otras infecciones. No toda persona infectada por el VIH (seropositivas) tiene SIDA, ya que este término se reserva a aquellas personas portadoras incapaces de dar una respuesta inmune adecuada frente a las infecciones; es entonces cuando se desarrolla la enfermedad, expresada claramente en un número de linfocitos T CD4 (los que ataca el virus) inferior a los 200 por cada mililitro de sangre.

 

Desde su descubrimiento en el siglo XX, la percepción y actitud que tenemos hacia esta enfermedad y hacia el modo en el que la viven los propios afectados ha evolucionado para bien, si bien existen numerosos interrogantes y barreras a superar.

 

Dentro de la comunidad científica hay diversas opiniones sobre esta enfermedad, y existe un grupo minoritario pero activo que rechaza las actuales teorías sobre el SIDA, haciendo responsables del desarrollo de la enfermedad a los propios tratamientos que se emplean para la misma. Lo cierto es que, en la mayoría de las personas, la infección del VIH sin tratamiento casi siempre avanza hacia el SIDA; sin embargo, alrededor de una de cada trescientas personas infectadas con el VIH sigue libre de la enfermedad sin necesidad de fármacos. Estas personas se conocen con la denominación de "controladores de élite", sujetos de minucioso estudio hoy por parte de los investigadores a la hora de obtener pistas que eviten la progresión a la enfermedad.

 

 

Tratamiento integral

 

Actualmente se emplean antirretrovirales combinados, unos fármacos que inhiben ciertas enzimas (como la transcriptasa inversa, proteasa o integrasa) necesarias para la replicación del virus. Estos antirretrovirales no curan la infección por VIH, pero permiten a la persona seropositiva una vida larga y casi normal como enfermo crónico.

 

Sin embargo, la medicina oficial ha confiado más (y lo sigue haciendo) en la acción de unas moléculas que actúan desde el exterior del organismo, es decir, sin contar con éste. Continúa sin ponerse de parte de esa naturaleza humana en la que la medicina natural siempre ha confiado. Debemos recordar en este punto las palabras de Pasteur, quien, poco antes de morir, reconoció que “el microbio no es nada, el terreno lo es todo”; esto viene a reafirmar lo anteriormente expuesto, y explica por qué hay pacientes que no desarrollan la enfermedad, y entre quienes la desarrollan, existen sujetos con una evolución más favorable que otros dependiendo de cómo se encuentren sus defensas.

 

Añadido a esto, hay que decir que nuestro terreno, nuestro organismo, están cada vez más inmunodeprimido debido a la gran cantidad de sustancias tóxicas que penetran en nuestro cuerpo y lo debilitan, y entre ellas numerosos fármacos que pueden contribuir a la progresión de la enfermedad. El otro gran inmunodepresor no es químico, pero a todos nos resulta familiar: el estrés, capaz de bajar nuestras defensas de una forma importante.

 

Por ello, siempre que abordemos a un paciente seropositivo con SIDA o no, debemos recomendarle un adecuado tratamiento depurativo en el que, además de las plantas medicinales que consideremos para eliminar estos residuos fundamentalmente a través del hígado o del riñón, la dieta juegue un papel importante: una dieta rica en frutas y verduras (mejor si son biológicas), que nos aportan antioxidantes y favorecen los mecanismos de depuración.

 

 

Alternativas naturales

 

En relación a las plantas medicinales, la industria farmacéutica y la comunidad científica buscan nuevas alternativas y nuevas moléculas, pero la mayoría de los ensayos se basan en localizar plantas que actúen en el mismo sentido que los fármacos conocidos, y produzcan una inhibición de la actividad de las enzimas necesarias para la replicación del virus.

 

Sin embargo, existen otras posibilidades con plantas medicinales que actúen reduciendo la carga viral en plasma, aumentando la función inmune, aliviando los síntomas y signos relacionados, mejorando la calidad de vida o, en combinación con la terapia antirretroviral, aliviando los efectos secundarios que poseen estos fármacos. Entre esas plantas medicinales y sustancias naturales podemos distinguir las siguientes:

 

Probióticos: aumentan los niveles de interferón, y regulan los niveles de linfocitos Th1 y Th2. Son seguros y perfectamente tolerados.

 

Apolactoferrina: sabemos que la leche y el calostro son un alimento completo y vital para todos los mamíferos (incluido el humano), pero, además de su valor nutricional, son una excelente fuente de proteínas. Entre ellas encontramos la lactoferrina, que actúa como proteína de defensa no específica.

Se encuentra en diversas secreciones mucosas como la leche, las lágrimas y la saliva, aunque la concentración más elevada se encuentra en el calostro materno. La apolactoferrina no va unida al hierro, en contraposición a la hololactoferrina, que sí va unida a este metal.

 

Equinácea (Echinacea angustifolia, E. purpurea, E, palida): contiene polisacáridos, alquilamidas y derivados del ácido cinámico. De estos principios activos, los arabinogalactanos son los que parecen conferirle un efecto inmunoestimulante: aumenta la capacidad fagocítica de los macrófagos y los granulocitos; aumenta la fagocitosis de virus, bacterias y células tumorales mediante un efecto opsonizante; potencia la liberación de citoquinas; aumenta la liberación de radicales de oxígeno por los macrófagos, los cuales están destinados a destruir determinadas estructuras como ADN, ARN, proteínas, lípidos, etc; estimula los linfocitos T colaboradores; y ejerce una actividad virustática que puede atribuirse a un efecto tipo interferón.

 

Arabinogalactanos: se pueden administrar durante largos periodos de tiempo para mantener el sistema inmunológico en su máximo rendimiento. Pueden tomarse diariamente durante meses sin riesgo de que el organismo adquiera una tolerancia que disminuya su eficacia, como puede ocurrir con la equinácea.

 

Uña de gato (Uncaria tomentosa). Los alcaloides inducen a las células endoteliales a secretar un factor todavía no identificado que influencia la proliferación de los linfocitos. Aumenta el porcentaje de fagocitosis por los granulocitos, e induce a la liberación del factor de células endoteliales que regula la proliferación de linfocitos.

 

Raíz de astrágalo o huang qi (Astragalus membranaceus): algunos usos medicinales del astrágalo se basan en su propiedad de estimulación inmunológica. Está descrito sobre todo en animales y en laboratorio, pero aún se carece de estudios convincentes en seres humanos. Hasta ahora se ha demostrado que posee actividad antiviral, inhibiendo la replicación de algunos virus, intensifica la fagocitosis del sistema retículoendotelial, estimula la producción natural de interferón y aumenta la actividad de los linfocitos T.

 

Algas: también las microalgas, como las algas chlorella y espirulina, estimulan el sistema inmunológico, ya que promueven la formación de linfocitos B y T, estimulan a los macrófagos y aumentan la síntesis de interferón.

 

Setas medicinales: destaca el reishi (Ganoderma lucidum), aunque también hay otras como shiitake, maitake, champiñón del sol, cola de pavo…, ricas en betaglucanos que incrementan nuestras defensas. Actúan a través de la estimulación de receptores de las células inmunes (linfocitos T4, macrófagos, linfocitos B y otros), que desencadenan una respuesta defensiva. Además, activan a los macrófagos, movilizan a las células del sistema de defensa hacia las zonas afectadas, y estimulan la liberación de citoquinas (sustancias que controlan la respuesta inmune).

Es interesante recordar que la actividad de los betaglucanos es diferente de algunos fármacos y plantas medicinales que tienen la capacidad de sobreestimulación del sistema inmunitario, que los haría estar contraindicados en pacientes con enfermedades autoinmunes, alergias o infecciones por hongos.

 

 

Asistir al paciente

 

En definitiva, todos estos elementos naturales aumentan nuestras defensas, pero, además, si van apareciendo complicaciones o síntomas derivados de la enfermedad o como consecuencia del tratamiento retroviral, habrá que ir adaptando e incluyendo otras plantas medicinales según se vaya requiriendo.

 

Por último, cabe recordar que cuando una persona es diagnosticada de SIDA, se producen una serie de cambios importantes en su ámbito psicosocial, a los que se añadirán posteriormente cambios también en el plano físico como dolor, malestar general, cambios físicos, etc. Los pacientes suelen tener miedo a contagiar a su pareja, a su familia o a sus amigos, un temor que se une al miedo al rechazo social generado por su enfermedad.

 

Es más, cuando saben que su sistema inmunológico está comprometido, existe también una cierta retracción en las relaciones sociales motivada por el miedo a acudir a sitios con una alta probabilidad de intercambio de gérmenes; así, comienzan a evitar los lugares públicos de mucha afluencia, e incluso las relaciones interpersonales, lo cual contribuye al aislamiento del enfermo.

 

Como profesionales, nuestro deber es tranquilizar al paciente con SIDA brindándole un adecuado apoyo psicológico, ya que el estrés merma la calidad de vida de cualquier enfermo, y especialmente la de un paciente con una enfermedad grave como el SIDA. Si resulta necesario, recurriremos al empleo de plantas medicinales que mejoren nuestro estado de ánimo: por ejemplo el extracto de estigmas de azafrán, así como plantas medicinales relajantes como la valeriana, pasiflora, etc. Son de igual ayuda las flores de Bach. Dicho esto, conviene recordar que nosotros no somos psicólogos; por tanto, si el paciente lo requiere, debemos derivarle a un profesional especializado.

 

Sólo si atendemos un enfoque integral y personalizado, teniendo en cuenta las necesidades personales tanto físicas como psíquicas del enfermo, conseguiremos mejorar su calidad de vida.

 

Dr. Joaquín Outón

Médico Naturista y Director

    Técnico de Laboratorios Vital 2000

 

Volver al listado