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 Este compuesto orgánico natural forma parte de nuestros tejidos. Su acción beneficiosa sobre las células lo convierte en un gran antioxidante, fortalece nuestro sistema inmune y reduce el colesterol malo (LDL).

 

Historia o leyenda, lo cierto es que los antiguos pescadores de la bahía de Suruga (Japón) se caracterizaban por su fortaleza y vitalidad, propiedades obtenidas del consumo regular de extractos procedentes del hígado de tiburón que avivaban las envidias de los señores feudales. Advertidos de esta fuente de energía, los Shogun exigían a sus guerreros, los Samurai, que la consiguieran para ellos.

 

El conocimiento real de este secreto se remonta al Pen Tsao Kang Mu, la obra compilada por el gran naturalista chino Li Shih Chen y publicada en 1596 bajo la dinastía Ming. Este antiguo libro, considerado como la Biblia de la medicina oriental, narra con detalle los beneficios del aceite de hígado de tiburón motivados en una de sus más extraordinarias propiedades: el escualeno.

 

Características

 

Desde el punto de vista de su composición química, el escualeno es un hidrocarburo poliinsaturado acíclico cuya estructura molecular se asemeja a la de la vitamina E; sin embargo, el primero contiene cuatro grupos adicionales de isoprenoides (antioxidantes naturales muy potentes). El escualeno se encuentra no sólo en el aceite de hígado de tiburón, sino también en nuestro organismo, siendo una molécula esencial para el mismo desde el comienzo de nuestra vida.

 

En los recién nacidos, su elevada concentración permite el completo desarrollo de su sistema inmunológico. Un efecto derivado de ciertas investigaciones llevadas a cabo por científicos suecos (véase el bioquímico Bo Hallgren, de la Universidad de Goteborg), quienes lograron demostrar que el poder del sistema inmunológico de los tiburones se debía principalmente a la elevada concentración de alquigliceroles en el aceite de su hígado, sustancias que también están presentes en nuestra leche materna, médula ósea y otras partes del organismo. A partir de los 25 años, aproximadamente, comienza a disminuir la proporción de escualeno en nuestro cuerpo, y los efectos negativos no se hacen esperar. Por ello, es necesario un aporte extra de esta sustancia que permita paliar esa pérdida y garantice la protección de nuestro organismo.

 

Beneficios

 

Como ya hemos apuntado, el escualeno es una molécula que forma parte de manera natural de nuestros tejidos, por lo que carece de efecto tóxico alguno y evita cualquier tipo de rechazo. A partir de ahí, su actividad antioxidante, su estímulo inmunológico y sus propiedades de generación de oxígeno nos ayudan a mejorar nuestra calidad de vida en diferentes aspectos de la salud.

 

La bibliografía científica relativa a las aplicaciones saludables del escualeno es abundante, y numerosas investigaciones médicas señalan los siguientes efectos beneficiosos:

 

Sistema inmunológico → El escualeno presenta un amplio espectro de propiedades antivirales, antifúngicas y antibacterianas, aumentando la eficiencia del mecanismo de defensa de nuestro sistema inmunológico. También incrementa la producción de glóbulos blancos que combaten virus y hongos, sobre todo los linfocitos T y NK (asesinos naturales).

 

Efecto antioxidante y edad → La capacidad antioxidante del escualeno (principalmente en la parte interna de la membrana celular) protege a las células de los radicales libres. Se trata, por tanto, de un paliativo a los efectos dañinos de la edad a nivel de todos los tejidos, y juega un papel importante como lubricante y constituyente del tejido adiposo.

 

Abastecimiento de oxígeno → El escualeno potencia el suministro de oxígeno a las células previniendo de múltiples enfermedades derivadas de la degeneración o mutación celular, ya que muchas enfermedades son causadas por una deficiencia de oxígeno en la sangre y las células. Además de generar oxígeno, lo facilita y distribuye hacia los lugares más remotos de nuestro organismo.

 

Colesterol y sistema cardiovascular → El escualeno regula el colesterol en la sangre elevando los niveles de colesterol bueno (HDL) y disminuyendo el nivel de colesterol malo (LDL), con lo que atenúa el riesgo de ateroesclerosis. Además, reduce la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares (trombos, coágulos sanguíneos, infartos de miocardio, arritmias cardíacas...).

 

Diabetes → Más allá de regular las grasas en sangre y prevenir daños cardiovasculares, el escualeno contribuye a una piel con mejor inmunidad y menor exposición a infecciones, así como a una mejora de la microcirculación sanguínea. También reduce los componentes inflamatorios, y acelera la cicatrización de heridas o úlceras ya existentes, ayudando al diabético a controlar mejor su glicemia.

 

Efecto antitumoral → Científicos como Theresa J. Smith y Harold L. Newmark sostienen que el escualeno posee efectos citoprotectores muy significativos. Esto permite optimizar la actividad citotóxica de los agentes radio y quimioterapéuticos, actuar directamente contra la actividad biológica tumoral, y proteger a las células sanas de los efectos de las terapéuticas oncológicas específicas.

 

 

La alternativa vegetal

 

Ante la menor incidencia de algunas enfermedades crónicas en poblaciones de la cuenca mediterránea, estudios epidemiológicos y clínicos constataron que la dieta mediterránea era la principal responsable del buen estado de salud de sus habitantes. Más tarde se reconoció la importancia del consumo de aceite de oliva, debido a la contribución de los “componentes minoritarios” a las excelentes propiedades de este producto. Dichos “minoritarios” incluyen, entre otros, sustancias como alcoholes, esteroles e hidrocarburos, y ahí se hallan precisamente los principales antioxidantes del aceite de oliva: carotenos, compuestos fenólicos... y el escualeno. 

 

El ser humano produce cerca de 1,5 g/día de escualeno, mientras que el aporte medio de una dieta de tipo occidental es de unos 30 mg por cada 2.000 calorías. Por otra parte, se ha estimado científicamente en 400 mg/día la ingesta mínima apropiada de escualeno para asegurarnos los beneficios terapéuticos que esta sustancia aporta.

 

Resumiendo, la ciencia ha puesto de relieve en multitud de investigaciones que el aporte dietario adecuado de escualeno puede lograrse a partir de una fuente 100% vegetal como son las aceitunas, de las cuales se obtiene el aceite de oliva. Este hecho contrasta con las fuentes de origen animal, que pueden llegar a comprometer la supervivencia de algunas especies marinas como los tiburones. Por lo tanto, el escualeno vegetal aparece hoy como la opción más ecológica y sostenible, proporcionando la satisfacción de velar por lo saludable sin comprometer el equilibrio del medio ambiente.

 

 

Dr. Álvaro Ronco

Especialista en Epidemiología Nutricional del Cáncer

Médico del Instituto de Radiología y Centro de Lucha Contra el Cáncer CHPR

Profesor Asociado en la Facultad de Medicina de la IUCLAEH (Uruguay)

 

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