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Estas infecciones respiratorias predominan en los meses fríos del año y eso es algo conocido por todos. ¿Pero sabemos cuáles son las razones que hacen que esto sea así? Por un lado, el frío modifica las condiciones circulatorias de la mucosa nasal, es decir, provoca una vasoconstricción de las arterias y arteriolas nasales, disminuyendo el flujo sanguíneo a la zona, por lo que disminuye la cantidad de nutrientes y de células que se aportan. Esto incluye a las células defensivas del sistema inmune, como los leucocitos. La consecuencia final es que se facilita la penetración infecciosa a nuestro organismo, al haber empeorado nuestras medidas defensivas.

Pero, sin duda alguna, el factor que más influye en la propagación de las infecciones víricas respiratorias en esta época del año es el hecho de que, en otoño y en invierno, tendemos a reunirnos en lugares cerrados y menos ventilados durante más tiempo: bares, locales, cines… Es lo que ocurre también durante el curso escolar; los niños comparten muchas horas en el aula, facilitándose la propagación del virus de persona a persona. En primavera y verano, sin embargo, pasamos más tiempo al aire libre.

Los expertos también hablan del factor de supervivencia de los virus fuera del cuerpo humano, y es que, si la temperatura ambiental es baja, es más probable que el virus sobreviva que si es alta. Además del efecto destructivo que tiene la radiación ultravioleta sobre los rinovirus; en invierno hay menos horas de luz solar y, por tanto, los virus tienen más probabilidades de sobrevivir.

Así, teniendo en cuenta todos estos conocimientos, una buena opción cuando llega el otoño y queremos prevenir las infecciones víricas respiratorias, típicas de esta época del año, es reforzar nuestro sistema inmunitario para mejorar nuestra capacidad defensiva y afrontar los meses fríos en las mejores condiciones posibles, inmunológicamente hablando.

¡Catarro y gripe no es lo mismo!

El catarro, catarro de vías altas o resfriado común, es un proceso benigno y autolimitado, causado por un número elevado de distintos virus, siendo el que con más frecuencia lo produce el Rinovirus. Una misma persona puede llegar a pasar varios catarros al año y la presentación familiar es lo más frecuente. Los síntomas más habituales son: rinorrea (mocos) sobre todo líquida, estornudos, congestión nasal, dolor o molestias leves de garganta y tos. No suele cursar con fiebre, tan solo alguna décima, pero siempre por debajo de los 38 grados centígrados (febrícula). No impide a la persona proseguir con su ritmo de vida habitual.

 

La gripe es, por lo general, también benigna y autolimitada. No obstante, es cierto que en el grupo poblacional de los ancianos, inmunodeprimidos y personas con enfermedades cardiorrespiratorias graves, podría acarrear consecuencias o complicaciones de mayor seriedad. El virus que lo produce es el virus Influenza de los serotipos A, B o C. Es una enfermedad de presentación anual, es decir, lo habitual es pasar la gripe una vez al año y en invierno. Y aunque es un proceso benigno, la afectación del estado general de quien la padece es mayor que en el catarro, existiendo postración e interrupción del ritmo de vida cotidiano. Hay fiebre, que puede llegar a ser muy alta, incluso hasta los 39 o 40º C, dolores articulares y musculares generalizados (artralgias y mialgias), tos, cefalea, pérdida del apetito (anorexia), dolor de garganta, congestión nasal….

 

Consejos para evitar la propagación

Los virus responsables de estas infecciones respiratorias se transmiten de persona a persona, a través de pequeñas gotitas que los contienen y que proyectan las personas al ambiente al hablar, toser y estornudar.

Por eso es importante seguir los siguientes consejos y normas higiénicas:

 

-        Cúbrase la boca cuando estornude y tosa.

-        Lávese las manos con frecuencia.

-        Evite los lugares muy concurridos.

-        Deseche de forma higiénica las secreciones nasales y orales. Utilice pañuelos de papel y tírelos a la basura.

-        Evite el tabaco.

-        Evite los cambios bruscos de temperatura y protéjase del frío.

 

¿Podemos prevenir los catarros y la gripe?

Reforzar nuestro sistema inmunitario es la mejor manera de prevenir estas infecciones (y otras). Tenemos que asegurarnos un buen sistema defensivo frente a las agresiones biológicas externas, que sea capaz de minimizarlas y neutralizarlas para evitar la propagación de los gérmenes patógenos por nuestro organismo y evitar, así, la enfermedad.

Y esto lo conseguiremos siguiendo unas pautas:

 

-       Tenemos que conseguir mantener un estado nutricional sano y adecuado. Para ello, seguiremos una dieta variada, equilibrada y completa, que nos aporte todos los macro y micronutrientes que necesitamos: proteínas, lípidos, carbohidratos, vitaminas y minerales.

-       Es importante que ciertos alimentos formen parte de nuestra dieta habitual. Se sabe que ciertos alimentos tienen la propiedad de reforzar las defensas, por eso se recomienda un consumo habitual de ellos. Estos alimentos son: el yogur y otras leches fermentadas como el kéfir, las coles, los cítricos, el ajo, el pimiento morrón, el arándano rojo, la miel, el escaramujo, la zanahoria…

 

-       Existen ingredientes alimenticios con los que se han hecho estudios clínicos que han demostrado que tienen un efecto positivo en cuanto a la mejoría del sistema inmunitario. Por ejemplo: fermentos lácticos, vitamina C, zinc, propóleo, equinácea…

 

-       Tenemos que llevar una vida físicamente activa, porque está demostrado que refuerza nuestro sistema inmunitario. Por eso, se recomienda caminar diariamente, utilizar escaleras en vez del ascensor, practicar algún deporte de forma habitual y adaptado a nuestras circunstancias personales...

 

-       Es importante mantener una hidratación óptima. El agua mejora la resistencia del organismo a las enfermedades y regula el metabolismo. Hay que beber agua, infusiones, caldos y sopas, zumos naturales…

 

Ya nos hemos acatarrado, ¿ahora qué hacemos?

No hay un tratamiento efectivo o curativo de estos virus. Como ya hemos dicho, el resfriado y la gripe son procesos benignos y autolimitados, que se van a resolver solos, por eso, lo que necesitamos es tiempo y que el proceso siga su curso. Lo que sí podemos hacer es tratar los síntomas para minimizarlos y que el proceso sea más llevadero.

Tomaremos analgésicos para mitigar los dolores (de cabeza, musculares, articulares, de garganta…); antiinflamatorios, para disminuir la inflamación de las vías respiratorias; antitérmicos, para bajar la temperatura corporal; antisépticos, para luchar contra los patógenos; antihistamínicos, humidificadores del ambiente…

Y todos estos remedios los podemos encontrar también en la Naturaleza, que es una fuente de recursos importantísima. Conocemos plantas con efecto analgésico y antiinflamatorio, como el sauce y la equinácea,  y con efecto diaforético (estimulante de la sudoración) y, por tanto, antitérmico, como el saúco. Para luchar contra los virus, por poseer un efecto antiséptico y antiviral, tenemos plantas como la equinácea o como la hoja de olivo, de la que se han publicado varios estudios en los últimos años, describiéndola como un “auténtico antibiótico natural”. La naturaleza, además de plantas, nos ofrece otras sustancias naturales con las mismas propiedades, como el propóleo, que es la resina con la que las abejas recubren la colmena para protegerla de las infecciones, y que tiene propiedades analgésicas, antiinflamatorias y antisépticas.

Si conocemos las propiedades de los recursos naturales que tenemos a nuestro alcance, nos podremos beneficiar de ellos y conseguiremos hacer más llevaderos estos procesos víricos que cada año, se empeñan en venir a visitarnos.

 Sonia Clavería Gracia

Médico del Departamento Técnico de noVadiet

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