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El tracto gastrointestinal es un órgano de una gran longitud (más de 9 metros) formado por numerosos órganos, todos ellos implicados en el proceso de la digestión: esófago, estómago, intestino delgado, colon y recto. Para una de cada tres personas es el órgano donde se concentran los peores dolores crónicos y los trastornos más molestos de su día a día. Mantener un ritmo intestinal correcto y regular es conveniente para el mantenimiento de un buen estado de salud. No basta con comer bien, hay que tener además un sistema gastrointestinal sano. En la actualidad, las causas más frecuentes de problemas gastrointestinales son: trastornos psicológicos, viajes, sedentarismo, estrés o el cambio de dieta. Pero, a parte de estos problemas ocasionales, existen trastornos crónicos como: permeabilidad intestinal, estreñimiento, ardor de estómago, flatulencias y/o pesadez de estómago. En definitiva, son circunstancias que pueden repercutir en la salud y la calidad de vida. Y cuando en el sistema digestivo las cosas van mal, todo va mal. De ahí su apelativo de “2º cerebro”. Muchos de los trastornos gastrointestinales se creen que están producidos por un mal funcionamiento del conocido eje intestino-cerebro-microbiota (2, 3, 4).

 

La permeabilidad intestinal

Cuando hablamos de permeabilidad intestinal nos referimos al estado del epitelio intestinal, células que recubren el intestino que funcionan tanto para la digestión y absorción de nutrientes, como de barrera mucosa selectiva frente a microorganismos, macromoléculas procedentes de la digestión y tóxicos. En este epitelio, las células del intestino (enterocitos) están unidas entre sí mediante las proteínas de uniones estrechas. De esta forma, se asegura la integridad y el paso de sustancias no deseables al torrente sanguíneo (1). Un intestino con permeabilidad aumentada o síndrome del intestino “agujereado” es la condición que ocurre cuando las proteínas de uniones estrechas desaparecen y se desarrollan espacios entre los enterocitos. Estos pequeños espacios permiten que las sustancias como los alimentos no digeridos, toxinas, fármacos y microorganismos, que deberían eliminarse por el tracto digestivo, escapen hacia el torrente sanguíneo. Al pasar a la circulación sanguínea, estas sustancias pueden afectar a los diferentes sistemas del cuerpo (inmunitario, hormonal, nervioso, respiratorio, reproductivo), causando los síntomas que hemos comentado anteriormente junto a migrañas, insomnio, alergias, menstruaciones irregulares, palpitaciones, mareos, eccemas e irritabilidad, entre otros (2,4). Mejorar esta barrera gastrointestinal es básico para mejorar la salud intestinal.

 

Cómo apoyar la salud digestiva

El manejo del estrés y una dieta sana pueden mejorar la digestión y la inmunidad intestinal. Nos podemos beneficiar de la suplementación con probióticos, prebióticos y enzimas digestivas, que favorecen el crecimiento de la flora intestinal beneficiosa. También existen extractos de plantas, aminoácidos, minerales y vitaminas que pueden ayudar a reparar y mantener en óptimas condiciones esta barrera intestinal.

·         La papaya: enzimas digestivas y mucho más 

La papaya, originaria de América central, es una fruta muy nutritiva. Es baja en calorías (40 cal/100g) y cargada de nutrientes, especialmente vitamina C y A. Posee también fibra soluble (pectinas), vitaminas B1, B3 y B6, y minerales como el calcio, el hierro, el magnesio, el fósforo y el potasio. Además, contiene una gran cantidad de enzimas digestivas similares a la pepsina humana y resistentes al pH gástrico: la quimopapaína y papaína. Es por ello que la papaya se ha utilizado de forma tradicional en los países de origen como un remedio natural para facilitar un buen funcionamiento del sistema digestivo y mejorar los trastornos asociados a él. La papaína presente en la papaya es un agente digestivo, gracias a su capacidad de acelerar la conversión de proteínas de la dieta en aminoácidos. Pero lo que probablemente la convierte en un alimento único es su potencial de alcalinizar nuestro cuerpo. Por eso puede ser especialmente útil contra la acidez estomacal. Además, gracias a su contenido en fibra soluble, puede actuar como regulador intestinal, ayudando a la evacuación en casos de estreñimiento y diarrea. La papaya juega además un interesante papel en el bloqueo de la histamina. El bloqueo de los receptores de histamina reduce la producción de ácido gástrico, que unido al papel de las enzimas en la digestión, produce una interesante sinergia en el cuidado intestinal. Hoy en día es fácil encontrar papaya en el mercado, pero un buen consejo es adquirirla madura y a ser posible que haya madurado en el árbol, para así conseguir todas las propiedades beneficiosas de la papaya. También podemos optar por preparados de puré de papaya madura.

·         Simbióticos: probióticos más prebióticos

Los probióticos son bacterias benignas que pueden reforzar la flora intestinal. Diversas organizaciones como la FAO, la OMS o la EFSA [1], han publicado distintos documentos y guías con recomendaciones generales para el uso de probióticos, que podrían resumirse en las siguientes: las cepas de probióticos deben ser de origen humano; deben ser capaces de atravesar el tracto digestivo resistiendo el pH ácido del estómago, las enzimas pancreáticas y la acción de las sales biliares; han de ser capaces de replicarse rápidamente y colonizar el intestino, adhiriéndose al epitelio intestinal; las cepas deben estar caracterizadas y especificarse por género y cepa; tienen que haber demostrado ser beneficiosos para el organismo; tienen que ser genéticamente estables.

Hay numerosas bacterias beneficiosas, pero entre las más conocidas están los Lactobacillus y los Bifidobacterium. Estas bacterias, de acuerdo con la bibliografía científica, están ligadas a la protección frente a la enfermedad causada por microorganismos, alivio de la intolerancia a la lactosa, alivio de alteraciones digestivas como el estreñimiento, pesadez estomacal y reducción de gases e hinchazón estomacal, incremento de la función inmune y otros beneficios sobre la salud.

Para potenciar la supervivencia de los probióticos, podemos incluir una fibra prebiótica como pueden ser los fructooligosacáridos (FOS). Los complementos que incluyen probióticos y prebióticos se conocen como simbióticos.

·         Reparar y mantener la barrera intestinal

Existen determinados nutrientes que pueden actuar de forma sinérgica para mantener una barrera intestinal en óptimas condiciones, apoyando un correcto revestimiento mucoso que contribuya a la salud gastrointestinal, ayudando a mejorar nuestro estado de ánimo, ayudando a reducir el cansancio y la fatiga y a mantener en condiciones normales el sistema inmunitario (2,3,4).

-          La glutamina, el zinc, el betacaroteno y la quercetina (bioflavonoide), pueden estimular la producción de proteínas de unión estrecha y asegurar de este modo la integridad del epitelio intestinal (6, 7, 8). Además, la glutamina es la principal fuente de energía de las células epiteliales en el intestino delgado. Varios estudios han demostrado los efectos beneficiosos de la glutamina en intestino permeable (5) y su contribución en la mejora de la morfología de la mucosa intestinal (9).

-          La N-acetilglucosamina (11) y la N-acetilcisteína (NAC) (12) presentan una acción antiinflamatoria. El NAC afecta positivamente al estado redox intestinal, y disminuye la producción de citoquinas proinflamatorias (17).

-          Los polisacáridos presentes en algunas plantas, como pueden ser los del Aloe vera o el alerce, son capaces de fortalecer el sistema inmune (13). También han demostrado aumentar la producción de ácidos grasos de cadena corta, principalmente butirato y propionato, fuentes de energía de las células epiteliales del colon (14,15). Es aconsejable que al consumir extractos de pulpa de Aloe vera, estén libres de aloína, ya que este compuesto tiene un ligero efecto laxante.

-          Y por último tenemos los mucílagos, compuestos de las plantas que destacan por su capacidad de formar una capa protectora sobre la mucosa irritada, y además puede contribuir a la regeneración de las células epiteliales. Dos plantas interesantes son el malvavisco y el olmo rojo (15, 16).

  

Paula Saiz de Cos

Dpto. Técnico de 100% Natural 

 

Referencias 

1.        Eduardo Gómez-Cortés et al. Permeabilidad intestinal y eje intestino–hígado. Rev. Esp. Méd. Quir. 2015; 20: 83-89.

2.        Joël dore´ hot topics in gut microbiota. United european gastroenterology journal 1(5) 311–318

3.        Wang, y; kasper, lh (may 2014). "The role of microbiome in central nervous system disorders". brain behav immun. 38: 1–12

4.        Emeran a. et al. Brain gut microbiome interactions and functional bowel disorders. gastroenterology. 2014 may; 146(6): 1500–1512.

5.        Jean robert rapin et al. Possible links between intestinal permeablity and food processing: a potential therapeutic niche for glutamine. clinics 2010;65(6):635-43

6.        Amashehm M. et al. ann y acad sci 2009; 1165:267-73.

7.        Baltes, S. et al. dev growth differ 2004; 46(6):503-14.

8.        Wang, X. et al. dig dis sci 2013; 58(1):77-87

9.        Benjamin, J. et al. dig dis sci 2012; 57(4):1000-12

10.     Das, S. et al. int j biol macromol 2011; 48(1):38-4

11.     Salvatore, S. et al. aliment pharmacol ther 2000; 14(12):1567-79

12.     Hou, Y. et al. amino acids 2013; 45(3):513-22.

13.     Kelly GS. altern med rev 1999; 4(2):96-103.

14.     Deters, A. et al. j ethnopharmacol 2010; 127(1):62-9.

15.     Altern med rev 2000; 5(5):463-6.

16.     Kemper KJ. The longwood herbal task force 1999.

17.     Hou, Y. N-acetylcysteine reduces inflammation in the small intestine by regulating redox, egf and tlr4 signaling. Amino acids. 2013 sep;45(3):513-22

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