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Ya desde los años 70, se viene observando que poblaciones que incluyen en sus dietas una gran proporción de pescado azul, sufren con menos frecuencia enfermedades cardiovasculares y trastornos como la depresión o comportamientos violentos. Entre estas poblaciones encontramos a los esquimales y a los orientales (por ejemplo, coreanos o japoneses). En estas culturas es muy común el consumo de grasa procedente tanto de lobos marinos, ballenas como de peces de pequeño tamaño. Estas grasas aportan una proporción determinada de ácidos grasos omega 6 y omega 3.

En occidente hay una marcada tendencia a seguir dietas, cuya proporción en ácidos grasos omega 6 está aumentada con respecto a los omega 3. Esto es debido a varios factores. Por un lado, un menor consumo de productos marinos y, por otro, las dietas para reducir los niveles de colesterol que suelen ser ricas en productos con mayor cantidad de ácidos grasos omega 6.

Los ácidos grasos poliinsaturados y la prevención de enfermedades
Los ácidos grasos omega 3, así como los omega 6, pertenecen al grupo de los ácidos grasos poliinsaturados. El equilibrio entre ambos es importante porque, si es correcto, ayuda a prevenir una serie de enfermedades. Del mismo modo, si este equilibrio no es el adecuado se aumenta la predisposición a padecerlas. Nuestro cuerpo puede sintetizar algunos de ellos, pero hay otros que son esenciales, es decir, no podemos fabricarlos, de modo que hay que ingerirlos con los alimentos. Además, los que fabricamos lo hacemos de una manera lenta y limitada, así que su consumo en la dieta es también muy importante. De hecho, un déficit en estos ácidos grasos se manifiesta tanto a nivel físico como emocional.

Funciones de los ácidos grasos omega 3
Dentro de los ácidos grasos poliinsaturados, los omega 3 centran actualmente la atención de los especialistas de la salud, tanto por la baja cantidad que aporta normalmente nuestra dieta, como por la cantidad de funciones en las que están implicados dentro del cuerpo humano.

Estos ácidos grasos, entre los que destacan el ácido docosahexaenoico (DHA) y el eicosapentaenoico (EPA), son imprescindibles para el desarrollo cerebral, ya desde el embarazo y, sobre todo, en los primeros meses de vida. También están implicados en el desarrollo de todo el sistema visual, y son fundamentales para la formación de la retina. Por ello, es clave, por un lado, el aporte de ácidos grasos omega 3 en la mujer embarazada y, por otro, este mismo aporte durante la infancia.

Ácidos grasos omega 3 y trastornos de aprendizaje
Las carencias en ácidos grasos omega 3 están directamente relacionadas con alteraciones en los procesos de aprendizaje, problemas de conducta y trastornos depresivos o de conducta hostil y violenta. De hecho, diversos estudios confirman que dietas con cantidades bajas de DHA conllevan comportamientos agresivos, así como una mayor predisposición a enfermedades de la retina y a trastornos cognitivos, de déficit de atención o de hiperactividad.

La suplementación dietética, en niños con este tipo de alteraciones, con ácidos grasos omega 3 puede ayudar tanto a la prevención como al tratamiento de estas enfermedades, cada vez más frecuentes en las sociedades occidentales. En la actualidad se calcula que, aproximadamente, un 20% de la población en edad escolar presenta, en mayor o menor grado alguna alteración en el desarrollo o el aprendizaje. Entre ellas, las más frecuentes son la dislexia (problemas para leer y escribir), la dispraxia (problemas de coordinación motora), la hiperactividad (dificultad de atención) o el autismo (problemas sociales y de comunicación).

Otras funciones de los ácidos grasos omega 3: la protección cardiovascular
El correcto equilibrio entre los ácidos grasos omega 6 y 3 no sólo ayuda a prevenir y tratar los trastornos de aprendizaje, sino que contribuye también a estabilizar el metabolismo de las grasas en el organismo. De hecho, intervienen en la reducción de los niveles de “colesterol malo” y en el aumento del “bueno”.

Existen muchas evidencias científicas de la protección cardiovascular que aportan los ácidos grasos omega 3. En primer lugar, se ha comprobado su papel preventivo en la formación de la placa de ateroma, que podría dar lugar a infartos o cuadros de trombosis. En segundo, en personas con hipertensión, la suplementación con ácidos grasos omega 3, puede ayudar a regular los valores de tensión arterial disminuyendo, así, los riesgos cardiovasculares que conlleva.

Fuentes de ácidos grasos omega 3 en la dieta
La principal fuente de ácidos grasos omega 3 de la dieta es el pescado, fundamentalmente las sardinas, anchoas y arenques. También las semillas y aceites vegetales, las nueces, la yema de huevo y algunas carnes como la del pollo o la del cerdo.

Una de las tendencias nutricionales de hoy en día, para compensar el desequilibrio entre el consumo de ácidos grasos omega 6 y omega 3, es la creación de alimentos funcionales enriquecidos con omega 3. Entre los más destacados encontramos huevos, leches infantiles o carnes de cerdo y pollo. Para fabricarlos se manipula la alimentación animal, administrándoles dietas ricas en harinas de pescado y, así, se consiguen derivados con mayor proporción de EPA y DHA en el músculo del animal, la yema de los huevos o la leche.

No obstante, la producción de estos alimentos tiene, en muchas ocasiones, unas consecuencias que mejorar. Los ácidos grasos tienen una gran tendencia a oxidarse, produciendo compuestos que tienen mal olor y sabor. Esto hace que no sean tan agradables al paladar como sería deseable.

Con respecto al pescado como fuente de ácidos grasos omega 3, hay que tener en cuenta una consideración de gran importancia de cara a la calidad nutricional del mismo. Es preferible usar como fuente los peces de tamaño pequeño, ya que tienen una menor cantidad de tejido adiposo, con lo que disminuye el riesgo de que contengan metales pesados (éstos tienden a acumularse en el tejido adiposo). Además, los pescados pequeños como las sardinas, los arenques o las anchoas poseen más calidad nutricional que los de piscifactoría o que los prensados de restos de pescado, que son cada vez más habituales en nuestras dietas.

Ácidos grasos omega-3, la mejor preparación para la vuelta al cole
Dada la importancia de los ácidos grasos omega-3 en el proceso de aprendizaje y su papel a nivel de conducta y comportamiento social, hay que pensar que un consumo adecuado durante la etapa escolar es fundamental. Épocas como la vuelta al colegio después de unas largas vacaciones son momentos clave, en los que los niños necesitan un mayor aporte de este tipo de ácidos grasos, que les ayuden a preparar su sistema nervioso para la vuelta a la rutina de las clases.

Síntomas de una carencia en ácidos grasos poliinsaturados
Físicos:
piel rugosa, eccemas, uñas frágiles, cabello seco
Visuales: mala visión nocturna, susceptibilidad a la luz brillante, problemas con la lectura
Emocionales: ansiedad, cambios de humor, comportamiento hostil
Problemas de atención: dificultad para mantener la concentración, trastornos de memoria
Alteraciones del sueño: dificultades tanto para conciliar el sueño como para despertar

Estudios científicos: El estudio Oxford-Durham
Uno de los estudios más relevantes con respecto a la suplementación dietética de ácidos grasos, se llevó a cabo en 2005 en la Universidad de Oxford (Reino Unido). En él se estudió a un grupo de 117 niños que sufrían el trastorno del desarrollo de la coordinación. Este trastorno, como el de déficit de atención, afecta a un 5% de niños en edad escolar y está caracterizado por dificultades de aprendizaje, problemas de adaptación psicosocial y problemas motores. Se dio suplementos a los niños durante tres meses con un producto alimenticio que contenía ácidos grasos omega 3 y omega 6. Los omega 3 presentes eran DHA y EPA, siendo la cantidad de EPA cuatro veces superior a la de DHA (proporción más efectiva según los especialistas). Tras el periodo de tres meses se observaron mejoras considerables en las habilidades de lectura y deletreo, así como en el comportamiento de los niños afectados. Estos resultados confirman que la suplementación dietética con ácidos grasos es una posible alternativa para el tratamiento de estas alteraciones.

Sara Rico Dueso, Licenciada en Biología y Bioquímica vitae@vitae.es

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