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El cuerpo humano contiene hasta 7 gramos de silicio, una cantidad superior al hierro; sin embargo, las determinaciones analíticas de silicio en distintos órganos y tejidos muestran concentraciones muy distintas, con altos contenidos en la piel y sus faneras, aorta, tráquea, tendones, en general tejido conjuntivo, elementos que requieren resistencia mecánica, así como en la epífisis de la cabeza de fémur. Es importante tener en cuenta que el silicio, es un elemento transistórico, capaz de movilizar fácilmente electrones; por ello, se utilizan en los chips de electrónica. Hoy está claro que el silicio está implicado profundamente en la formación del hueso y composición del cartílago, en el completo desarrollo del tejido conjuntivo y del tejido articular, impidiendo su degeneración y contribuyendo a conservarlos en personas de todas las edades.

El silicio y el tejido conjuntivo
Loeper, Carlisle, Nielsen y Schwarz han estudiado el papel del silicio en el tejido conjuntivo. Han hallado concentraciones importantes de silicio en los huesos, cartílagos, ligamentos y tendones, aponeurosis, tejido ocular, etc. La función del silicio sobre el tejido conjuntivo hace que tenga alcances muy amplios, dada la predominancia de dichos tejidos en nuestro cuerpo. El silicio aparece como parte importante de sus estructuras como son el colágeno, la elastina, los proteoglicanos y glicoproteínas estructurantes. El silicio por sus características determina la integridad del tejido conjuntivo, actuando en varios niveles: proporciona estructura y asegura la mineralización de los tejidos.

En cuanto al colágeno, que es la proteína más importante del cuerpo y que es usada para formar todas las estructuras de sostén, el silicio juega un papel importante en su estructura espacial. El silicio actúa como elemento activador de la prolilhidroxilasa, enzima que sintetiza colágeno.

En cuanto a la elastina, una proteína estructurante básica que da elasticidad a los tejidos, donde el silicio interviene estructuralmente. Se ha demostrado que un descenso de la tasa de silicio en los tejidos se acompaña por un descenso de su tasa de elastina, lo cual produce esclerosis y endurecimiento. A su vez un aumento de la tasa de silicio, produce un aumento de la tasa de elastina.

Silicio y tejido óseo
Otra función poco conocida del silicio es su relación con la osteogénesis, tanto en la calcificación como en la formación del hueso. El silicio acelera la mineralización del hueso y se halla en alta concentración en las zonas de neoformación de hueso.

Los estudios han confirmado que las zonas de calcificación (neoformación de hueso y zonas fracturadas) presentan un elevado contenido en silicio, donde efectúa una función de fijación del calcio, del azufre y del fósforo, determinantes para el desarrollo óseo. Al inicio de la descalcificación el nivel de silicio cae bruscamente (hasta el 50%) en contraste con minerales como el calcio o el azufre, que sólo caen de un 5 a un 8% (Desmonty, 1988). Los descubrimientos acumulados han demostrado que el silicio resulta determinante para el desarrollo.

Artritis degenerativa o artrosis
La acción reforzante del silicio sobre el tejido conjuntivo se puede evidenciar por sus efectos sobre artritis degenerativa o artrosis, cuando, como es frecuente, comporta una degeneración e incluso desaparición del tejido conjuntivo periarticular. En general la respuesta es rápida en artritis y artrosis; con dosis de sólo 30 mg diarios de silicio, en una gran mayoría de casos, en grado menor o mayor, hay una respuesta positiva que va desde la mitigación de dolores hasta una mejora en la movilidad articular (ángulo de movimiento). Ello indicaría una carencia de silicio en estas personas, que se corrige recuperando un nivel normal con una suplementación adecuada, que no se considera terapéutica, puesto que debería formar parte de una dieta equilibrada.

El silicio se encuentra principalmente en las partes fibrosas, que hoy en día se consumen en pequeña cantidad. De aquí arrancan otros problemas como la constipación, diverticulosis, hernias e incluso cáncer de colon, que un correcto aporte de fibra dietética corregiría o prevendría. Además, la poca fibra que se toma tiene menos silicio que la de siglos pasados.

Loïc Le Ribault (1947-2007)
Loïc Le Ribault, doctor en ciencias, realizó estudios sobre el silicio durante más de 30 años. Consiguió en 1994 en colaboración con Norbert Duffaut, un silicio orgánico bebible, perfectamente soluble cuya característica principal es su total asimilación y biodisponibilidad. En problema del silicio hasta entonces siempre había sido su pobre asimilación por el organismo.

En dos artículos publicados en 1972 en la Academia de las Ciencias, Le Ribault demuestra que ciertos cristales de cuarzo contienen en su superficie una película de silicio amorfo soluble en el agua. Después de estudiar miles de muestras, prueba la presencia frecuente de microorganismos, tales como bacterias y diatomeas en la superficie de ciertos granos de arena. Más tarde demuestra que la amorfización superficial de los cuarzos detríticos es debida a la acción conjugada de estos microorganismos, por medio de ácidos orgánicos que secretan, características del medio sedimentario en el cual evolucionan. A fin de estudiar el papel de estos microorganismos en el ciclo biológico del silicio, Le Ribault pone a punto en 1975 un procedimiento que permite recoger los depósitos de silicio debidos a su acción. Posteriormente será demostrado que estas soluciones así obtenidas contienen un porcentaje importante de silicio orgánico. Es en el curso de estos experimentos que descubre fortuitamente la eficacia del silicio orgánico. En esta época, Le Ribault sufre de una psoriasis que afecta sus dos manos y uñas. Cuando estaba removiendo con las manos unas arenas muy ricas en silicio orgánico, para estudiarlas al microscopio electrónico, al cabo de dos días constató con sorpresa que su psoriasis había desparecido de su mano derecha. Intrigado e intentando buscar una relación de causa-efecto, realizó la misma operación con su mano izquierda en una solución igual, con la obtención de un resultado idéntico.

Le Ribault se empieza a interesar en el papel del silicio orgánico en el tratamiento de afecciones cutáneas y, en colaboración con médicos, efectúa con éxito cientos de pruebas hasta 1982. En este periodo, perfecciona su método de extracción de silicios orgánicos naturales, a partir de ciertos tipos de arenas silíceas detríticas y suministra a los profesionales soluciones de uso terapéutico que, históricamente, puede calificarse como G3 (tercera generación). Con sorpresa, los médicos constatan rápidamente que los pacientes tratados se declaran aliviados de sus dolores articulares, sienten un mayor bienestar. Dicho de otra manera, el silicio orgánico parecía actuar positivamente en una multitud de problemas. Hasta el final de sus días, el doctor Le Ribault continuó mejorando sus formulaciones, dichos trabajos le condujeron a ser un personaje muy conocido, a pesar de haber trabajado en otros campos y habiendo sido un científico pluridisciplinar.

Juan Carlos Hierro, director técnico de Silicium España
info@siliciumlab.com

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