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La fibromialgia es una enfermedad de etiología desconocida, como ocurre con el casi 70% de las enfermedades actuales, cuya principal característica es el "dolor crónico", que se localiza habitualmente en las zonas musculares, tendones,  articulaciones y vísceras. Es la causa de dolor generalizado más frecuente. Se caracteriza por la presencia de dolor difuso en la cabeza, hombros, cuello, espalda, brazos, caderas o rodillas, acompañado de rigidez, hormigueos y alteraciones del sueño. Es una enfermedad que afecta a cerca de un 8% de la población, siendo más frecuentes en las mujeres, sin ser elemento diferenciador la edad, es más frecuente padecerla entre los 30 y los 60 años.

Diversos estudios clínicos lanzan apuntes sobre la etiología de la fibromialgia, lo que acerca la idea de un origen como consecuencia de la suma de diversos factores de riesgo (trastornos psicológicos, neurovegetativos, hipersensibilidades, factores inmunológicos, endocrinos, traumatismos, etc). Por lo que esta enfermedad muestra tratamientos de mayor acierto con acciones multifactoriales: regulación del dolor, del sueño, psicoterapia, ejercicios, quiropráctica, acupuntura, ozonoterapia, etc.

El sistema nervioso autónomo es una intrincada red nerviosa. Está encargada de mantener el equilibrio funcional de nuestro organismo sin que nos percatemos de ello. Mantiene la presión arterial, la frecuencia del pulso y de la respiración así como el funcionamiento normal de todos los órganos internos. Es el verdadero ying-yang de nuestro cuerpo. El sistema nervioso autónomo está también encargado de responder al estrés (entiéndase como estrés a cualquier estímulo ya sea físico o emocional que intente alterar el equilibrio de nuestro organismo). Trabaja en relación estrecha con el sistema endocrino, encargado de la producción de hormonas. Hasta hace pocos años el funcionamiento del sistema nervioso autónomo era difícil de medir, la situación ha cambiado radicalmente con el advenimiento del análisis cibernético de la variabilidad de la frecuencia cardíaca.

Es muy importante para poder realizar un tratamiento y seguimiento adecuado de la enfermedad un diagnóstico correcto de la misma. Hay gran número de enfermedades que se parecen en sintomatología a la fibromialgia, como pueden ser la fatiga crónica, la encefalomielitis miálgica, polimialgia reumática, artritis reumatoide, hipotiroidismo, endocarditis bacteriana, estrés postraumático.

En el diagnóstico de la fibromialgia no se detectan alteraciones físicas, lo que es esclarecedor es el examen físico en el que se detectan puntos sensibles y dolorosos, y es la localización de estos puntos lo que caracteriza la enfermedad y facilita su diagnóstico.

Tras realizar el historial del paciente, y si refiere dolor generalizado en ambos lados del cuerpo y sobre todo en la zona axial del esqueleto (desde la zona lumbar a la cervical), se pasa a la exploración clínica. Hay descritos 18 puntos hipersensibles (tender points) repartidos por el cuerpo del paciente, y para clasificar la patología como fibromialgia debe haber dolor en 11 de los 18 puntos.

En los pacientes que padecen fibromialgia se ve una clara deficiencia de  serotonina, provocando trastornos del sueño, hipersensibilidad al dolor y alteraciones intestinales, por lo que es prioritario mantener un correcto equilibrio de serotonina en estos pacientes. Así mismo estos pacientes pueden tener carencias de otras sustancias como magnesio (forma parte de la estructura del ATP, unidad de energía de nuestras células, cuya carencia se ve reflejada con la falta de vitalidad), vitaminas (B6 y B3) y minerales (hierro) que actúan en muchas reacciones como coenzimas.

La gamma-mangostina, xantona tetraoxigendad aislada en el mangostino, ha demostrado una potente actividad inhibitoria de la prostaglandina E2. Las prostaglandinas participan en numerosos procesos inflamatorios, por lo que si se consigue una disminución de éstas, limitamos el daño tisular.

El tratamiento de la fibromialgia debe ser múltiple a fin de poder limitar los síntomas lo máximo posible:

Es importante seguir una dieta adecuada que permita mantener niveles adecuados de serotonina, vitaminas y minerales, sobre todo del magnesio.

Limitar la síntesis de ácido araquidónico y prostaglandinas.

Mejorar los estados psicológicos evitando miedos y depresiones.

La falta de oxígeno es la responsable de la ausencia de un neuropéptido, sustancia P, que en ausencia de serotonina provoca dolor de intensidad más grave.

Los tratamientos convencionales no tienen grandes resultados con esta  patología, por lo que numerosas técnicas alternativas están obteniendo mejoras con la enfermedad: este es el caso de la fitoterapia (mangostino, astrágalo), los suplementos dietéticos (CoQ10, triptófano, vitamina B3 y B6, magnesio), terapias manuales (quiropráctica, acupuntura), terapias de autoconocimiento (yoga, relajación) y técnicas como la ozonoterapia.

Es importante pensar que cada paciente con fibromialgia debe tener un diagnóstico, tratamiento y seguimiento personalizado e individualizado. Los tratamientos convencionales se realizan a dosis muy bajas con seguimientos para controlar, lo máximo posible, la situación del paciente.

Casi siempre el dolor, síntoma que incapacita al paciente y lo sume en gran depresión, no se trata de forma directa, se debe controlar, no sólo para aliviarle sino también para mejorar su calidad de vida. Hay gran cantidad de sustancias analgésicas que pueden favorecer en cada paciente la mejoría y resistencia al dolor, este es el caso del sauce, harpagofito, matricaria y cayena.

Es importante tratar los trastornos que agraven el cansancio o la fatiga, como el insomnio, las somatizaciones, estados de alerta, estrés, apatías, etc. Estos trastornos se deben personalizar según el paciente, así encontramos sustancias que presentan grandes efectos, como es el caso del 5 hidroxitriptófano que interviene en la síntesis de la serotonina, neurotrasmisor que actúa regulando los ciclos del sueño, situaciones de alerta, estados anímicos, etc.

También hay plantas que pueden aportar al paciente un extra de energía como es el caso del ginseng y el eleuterococo que en algunos pacientes podrán favorecer el incremento de su resistencia f ísica y actividad.

En el caso de los pacientes que sufran trastornos posturales o de desequilibrio se pueden obtener mejorías importantes, utilizando sustancias como el jengibre y la cepa homeopática Cocculus indicus, en distintas tomas diarias.

Es muy importante no sólo apoyar al paciente en cuanto a su situación física, sino también apoyarle a nivel psicológico, y es recomendable potenciar su actividad intelectual. Es muy importante que el enfermo acepte la nueva situación y su repercusión en los niveles de calidad de su vida.

Marco A. Peralta Arjonilla
Director Técnico Farmacéutico
Naturlíder S.L.

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