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Un estudio, efectuado por el Colegio de Psicología de Adelaida (Australia) concluye que la suplementación dietética con ácidos grasos poliinsaturados, en niños diagnosticados de trastorno de hiperactividad y déficit de atención (TDAH), puede ayudar a mejorar algunos de sus problemas de conducta. Otro estudio, el de Durham, es un precedente de la asociación entre algunos problemas durante el desarrollo neurológico y los ácidos grasos omega 3. Además, abre una nueva vía de investigación y de posibles tratamientos para este tipo de trastornos.

El estudio llevado a cabo en la ciudad australiana de Adelaida se realizó con 104 niños y niñas diagnosticados de TDAH. Se probó la eficacia de suplementos dietéticos que contenían ácidos grasos poliinsaturados omega 3, ácido eicosapentanoico (EPA) y ácido docosahexanoico (DHA) y el ácido graso omega 6, ácido gamma-linolénico (GLA). Una vez concluido el ensayo, se comprobó que alteraciones como la hiperactividad, la impulsividad o la falta de atención mejoraban en aquellos niños que habían recibido el complemento dietético con ácidos grasos.

Qué es el TDA H
El TDAH es uno de los desórdenes de desarrollo más frecuente en la infancia. Se calcula que un 7% de los niños lo padece, siendo más frecuente en varones. Se caracteriza por un bajo control de los impulsos, hiperactividad y dificultad para mantener la concentración. Esto provoca que el niño tenga un bajo rendimiento escolar ya que presenta déficit cognitivo y problemas de aprendizaje, sobre todo en las áreas de lectura, deletreo y matemáticas. Además, conlleva problemas familiares y sociales en general.

Los psicólogos infantiles calculan que, al menos unas dos terceras partes de los niños acarrearán los problemas del TDAH en su vida adulta. Algunas de esas consecuencias son la falta de autodisciplina y autoestima. También puede dar lugar al desarrollo de problemas psiquiátricos como ansiedad, desórdenes de humor o trastornos de conducta.

Ácidos grasos
Cada vez hay evidencias más sólidas que confirman que, al igual que trastornos como la dispraxia, la dislexia o el autismo, el TDAH está asociado a una carencia en ácidos grasos omega 3.

Los ácidos grasos omega 3 y omega 6 son ácidos grasos poliinsaturados. Entre ellos, hay algunos esenciales, porque nuestro organismo no puede sintetizarlos. Es por este motivo que algunos deben provenir de la dieta. El problema actual es que, en las sociedades occidentales, se tiende a seguir dietas bajas en grasas poliinsaturadas con lo cual es habitual ingerir cantidades insuficientes de este tipo de ácidos grasos. Por otro lado, se sabe que hay personas con dificultades genéticas para metabolizar los ácidos grasos de cadena larga, de modo que sus necesidades nutricionales aumentan.

El cerebro, y en general todo el sistema nervioso, es el órgano que mayor concentración de estos ácidos grasos acumula en sus membranas. El más abundante es el ácido docosahexanoico (DHA) que está implicado en la transmisión del impulso nervioso. El ácido eicosapentanoico (EPA) también es importante, porque es precursor del DHA. Es esencial para la regulación de las funciones cerebrales.

Por tanto, es comprensible que una deficiencia en alguno de estos dos ácidos grasos comprometa las funciones del sistema nervioso. Ya en 1981 se especuló sobre la relación entre la carencia de ácidos grasos poliinsaturados y la hiperactividad, pero no fue hasta 2005, con el estudio conocido como Oxford-Durham, cuando se constató esta asociación y se corroboró el efecto positivo de la suplementación dietética.

En 2005 se llevó a cabo un estudio con niños y niñas diagnosticados del trastorno de desarrollo de coordinación (TDC), otro problema de desarrollo. Igual que con el TDAH, este trastorno afecta a un 5% de niños en edad escolar. Ocasiona alteraciones en la función motora y está asociado a dificultades en el aprendizaje, en el comportamiento y en la adaptación psicosocial que pueden persistir en la etapa adulta.

La hipótesis de que una deficiencia parcial en determinados ácidos grasos poliinsaturados puede estar relacionada con trastornos de desarrollo, llevó a la realización de un estudio para determinar la eficiencia de suplementos de ácidos grasos como posible tratamiento.

El estudio concluyó que esta suplementación podía ofrecer una opción segura y eficaz para los niños con este tipo de trastornos.

El ácido graso más abundante en el cerebro es el DHA. No obstante, se ha comprobado que, en lo que refiere a suplementación dietética, la proporción adecuada entre el EPA y el DHA es 4:1 (EPA:DHA). Esta relación es la que asegura una función cerebral equilibrada y un buen mantenimiento del estado anímico.

El hecho de que el EPA pueda transformarse en DHA hace que los niveles de este último estén asegurados. Ambos compiten por ser absorbidos de manera que, si la cantidad de DHA fuera mayor que la de EPA, éste último no se absorbería en las cantidades necesarias.

Suplementación con EPA y DHA
Actualmente, la mayor parte de los enfermos de TDAH se trata con fármacos psicoestimulantes. Entre sus acciones principales destacan la mejora de la atención, el tiempo de reacción ante estímulos externos, la memoria a corto plazo o la impulsividad. No obstante, la cantidad de problemas secundarios que presentan es uno de sus principales problemas.

Los investigadores del estudio de Adelaida apuestan por un tratamiento combinado entre la suplementación con ácidos grasos poliinsaturados y la terapia psicológica. Abogan por esta opción que podría suponer una alternativa segura y sana, sobre todo para aquéllos que no toleran bien los tratamientos convencionales.

Sara Rico Dueso
Licenciada en Biología y Bioquímica
vitae@vitae.es

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