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Hasta el momento, no existe un tratamiento que cure el SFC y, por este motivo, se aborda este problema de diversas formas entre las que destacan, además de los tratamientos sintomáticos, las terapias cognitivo-conductuales, el ejercicio físico gradual, el control de la nutrición o las terapias complementarias.

El Síndrome de la Fatiga Crónica (SFC) es una enfermedad con multitud de síntomas que tienen un gran impacto en la vida diaria de los afectados. La característica más destacable es la presencia de un cansancio persistente y extremo. Por eso, y siguiendo la hipótesis de la falta de energía celular en los enfermos de SFC, desde 1999 se estudia la molécula NADH como una posible terapia complementaria para esta enfermedad.

El NADH es una molécula natural presente en todas las células de nuestro organismo. Interviene en muchas reacciones metabólicas, pero una de las más importantes es la producción de energía celular. Desde que a mediados de los 80 se desarrollara la primera forma de NADH estable, digerible y absorbible en forma oral, se planteó la posibilidad de su uso para diversas alteraciones de la salud.

Tanto el primer estudio llevado a cabo con NADH en pacientes de SFC en 1999, como el posterior en 2004, han concluido que la administración de esta sustancia en los enfermos tiene una respuesta favorable en los síntomas de la enfermedad. El estudio del Hospital de la Vall d´Hebron pretendía confirmar y profundizar en estos posibles efectos. Este estudio ha sido un ensayo clínico en fase II en el que han participado 77 pacientes. Aunque al finalizar el ensayo no se ha visto una mejora en la intensidad de la fatiga, ni del estado funcional del paciente, sí se ha observado una disminución de los niveles de ansiedad de los pacientes y una tendencia a un menor impacto global de la fatiga. Además, y como dato destacable, se ha observado una mejora considerable en la función cardíaca.

Qué síntomas hay en el SFC.
Síntomas cardíacos
El SFC afecta a muchos sistemas del cuerpo humano, en particular al nervioso y al inmunológico. El grado de afectación varía mucho en cada paciente y, a excepción de la fatiga duradera e intensa, el resto de síntomas puede ser distinto entre un enfermo y otro.

A nivel cardiaco el SFC provoca un aumento de la frecuencia cardíaca. Esto ocasiona un menor flujo sanguíneo cerebral. Así, hay una menor captación de oxígeno por parte de todos los tejidos. Esto provoca tanto la fatiga, como las alteraciones cognitivas o respiratorias típicas del SFC.

A quién afecta el SFC
El Síndrome de Fatiga Crónica puede afectar a cualquiera, incluidos los niños y es independiente tanto del entorno social como del étnico. No obstante, es mucho más frecuente en mujeres de entre 20 y 40 años. En el 2007, según los datos del CDC (Centre for Disease Control) de Atlanta, la prevalencia del SFC era del 2,54%.

También se ha observado que, en ocasiones, afecta a más de un miembro de la familia. Por este motivo, se baraja la posibilidad de que, tanto factores genéticos, como ambientales puedan ser desencadenantes de la enfermedad.

La descripción de cuadros clínicos compatibles con Síndrome de Fatiga Crónica data ya de la época de Hipócrates. También después de guerras, como la primera o la segunda mundiales, se describieron cuadros similares en combatientes. Posteriormente, y tras la Guerra del Golfo, se acuñó el término "Síndrome del Golfo" para referirse a cuadros de fatiga crónica, tras un fuerte agotamiento físico y estrés psicológico.

Así, y bautizados de formas diferentes, se ha hecho referencia históricamente a la fatiga crónica antes de que en 1982 se estableciera el término Síndrome de  Fatiga Crónica por el CDC de Atlanta.

Desde entonces se han consensuado los criterios de diagnóstico de la enfermedad y las causas. Actualmente se sabe que hay varios factores que pueden provocar SFC. La mayoría de los casos son desencadenados por una infección viral como la mononucleosis, la hepatitis o las gripes recurrentes. También por infecciones bacterianas o por hongos.

No obstante, hay un porcentaje de casos en los que el desencadenante es otro. Las toxinas ambientales o los pesticidas pueden ser causantes de SFC. De hecho, tanto el "síndrome del edificio enfermo", como la "hipersensibilidad química múltiple" están relacionados con el SFC. También traumas físicos, como accidentes y operaciones, pueden ser detonantes de este síndrome.

Tratamientos actuales
No existe un tratamiento único del SFC. El dolor y los trastornos del sueño se tratan con analgésicos y relajantes musculares. La prescripción de antidepresivos es habitual en estos enfermos ya que, por un lado ayudan a controlar el dolor y, por otro ayudan a equilibrar el estado de ánimo que, normalmente presenta una tendencia clara a la depresión. Una de las terapias específicas más utilizadas actualmente es la Terapia Cognitivo Conductual. Con ella se ayuda a los pacientes a identificar, comprender y modificar tanto percepciones, como comportamientos que tienen un impacto en su enfermedad. En el caso del SFC esta terapia es positiva para ayudar a gestionar la energía y la actividad, para establecer rutinas de sueño, para marcarse objetivos y para alcanzar un mejor funcionamiento físico.

Encontrar el equilibrio entre la actividad y el descanso es también uno de los objetivos de las terapias para el SFC. Los niveles de energía en los pacientes de SFC varían mucho de un día a otro. Por eso, hay una tendencia a querer hacer demasiado en los días buenos, pudiendo ocasionar una recaída al día siguiente.

Aprender a gestionar la energía planificando los periodos de actividad y descanso es denominado por los expertos como "acompasamiento". Para ello es fundamental elegir bien el tipo de actividad a seguir y encontrar el umbral propio de actividad. Esto suele conseguirse con un programa de actividad y ejercicio gradual supervisado por un experto.

Las recaídas
En el SFC es frecuente la aparición de los llamados "episodios crash". Son periodos temporales de inmovilización física unida a fatiga cognitiva. Pueden ser recaídas de severidad variable. La causa principal de estos episodios es intentar hacer demasiado, en las etapas en las que el paciente se siente con más energía.

La importancia de la nutrición
En los enfermos de SFC es frecuente la pérdida de apetito y la intolerancia a algunos alimentos. Esto puede dificultarles el seguimiento de una dieta sana y equilibrada, retrasando así la recuperación.

Sara Rico Dueso
Licenciada en Biología y Bioquímica
vitae@vitae.es

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