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Los factores biopsicosociales propios de cada persona, incluyendo el espacio laboral y cultural en el que se ha desarrollado, influyen de manera decisiva en encontrarse atrapado por el estrés. Esta situación puede ser temporal, la cual llamaríamos aguda y duraría menos de tres meses; o crónica, que duraría más de tres meses y es más difícil de vencer.

El estrés es un estado de sobreesfuerzo, generalmente psíquico, al que está sometido el organismo en todos sus planos y que puede llevarnos a la pérdida, parcial o total, de la salud. Asimismo, entendemos que la salud es un estado de bienestar físico, psíquico y social; lo que llamamos biopsicosocial. Por lo tanto, diremos que la salud no es sólo la ausencia de enfermedad, sino el equilibrio de bienestar antes descrito. Pero el estar en estado de estrés no siempre es perder la salud. De hecho existen dos tipos de estrés:

Evestrés: Es un estadio positivo. Lo que llamamos, en una competición, un desafío, pero siempre en el marco de la diversión, hacia la capacidad de reacción.

Disestrés: Estaríamos hablando de lo contrario. Una situación negativa en la vida, laboral, familiar, escolar, social, etc.

Ambas situaciones se reflejan en nuestras vidas de forma equilibrada. El estrés es necesario en nuestra actividad diaria, siempre que tengamos herramientas, recursos, para poder salir de él. No todas las personas tienen los mismos recursos o herramientas. Por eso, dentro de un grupo homogéneo, en una misma empresa y con los mismos problemas laborales, unos tienen herramientas para que no influya ni tan siquiera en ellos las presiones que pueda haber y, en cambio, para otros compañeros, la misma situación les lleva a una actitud de pérdida de salud.

A nuestra capacidad de adaptación frente a la acción-reacción de nuestro día a día, en los diferentes contextos de nuestras vidas, le debemos el mérito en buena parte de nuestra salud. Pero es muy difícil tener recursos o herramientas, como también me gusta llamarle, para hacer frente a todos los contextos que nos rodean. Siempre hay un área que nos resulta más difícil de vencer.

¿Qué pasaría si, justamente en esa área, tuviéramos unas fuertes presiones durante un período de tiempo "x"? Obviamente, si tenemos una cinta elástica y estiramos con fuerza por los dos extremos, durante largo tiempo, al final se rompería. Algo similar pasa con nosotros. Todos sabemos que no hay que perder la calma pero, ¿y si hay un factor estresante al que somos sensibles durante un largo período de tiempo?

Hoy en día, sabemos que el ser humano es energía y ésta es la suma de la energía física, psíquica y emocional, principalmente. Esto quiere decir que, en un organismo sano, existe un adecuado flujo de energías, manteniendo sus fuerzas energéticas en un equilibrio razonable. Cuando la actividad de alguna de estas energías se sale de nuestro control, debido a uno o más factores estresantes, se produce una  interrupción del flujo de nuestra energía, manifestándose diferentes estados de pérdida de salud, que pueden devengar en enfermedad. Sufrimientos como alteraciones alérgicas, cardiovasculares, fatiga crónica, fibromialgia, insomnio, problemas metabólicos, neuromusculares, neuropsíquicos, de piel y respiratorios, son los más comunes.

Se habla de diferentes maneras para solucionar el problema del estrés: "Vivamos aislados, relajados, sin problemas, pasando de todo". Pero eso no siempre es posible, por lo que tenemos que buscar una solución que se aleje de los efectos secundarios y las contraindicaciones propias de ciertos tratamientos pero que, al mismo tiempo, sea eficaz, tanto en casos de prevención de riesgos (vivir durante un largo período de tiempo en estado de estrés negativo), como cuando ya está instaurado y afectando a nivel psíquico, orgánico y/o mental.

En nuestras consultas, trabajamos con gran éxito desde hace más de doce años con técnicas de Biorresonancia-Biofeedback, para prediagnóstico y terapia, funcionando bajo los principios de la Física Cuántica y la Medicina Energética, consiguiendo mejorar la calidad de vida y la salud del paciente.

Durante dicho tratamiento el paciente pasa por tres fases:

> Una revisión global, a nivel físico, psíquico y emocional. Función que llamaremos bioescáner.
> Una evaluación. La información del paciente está cargada en diferentes pantallas en un ordenador para que el médico/terapeuta pueda valorar el estado del mismo.
> Terapia. Una vez detectadas las alteraciones a nivel integral, permite la posibilidad de corregir las mismas, hasta su estabilización con respecto a la constitución de cada persona.

Estos procesos se realizan de forma natural y sin efectos secundarios, restituyendo la vitalidad del organismo mediante las microfrecuencias eléctricas, que generan las células del propio paciente.

Dory Martínez
Profesora de Biorresonancia
e-mail: doryasbe@biorresonancia.com

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