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El cerebro tiene la capacidad de mantener un pensamiento y generar otros muchos, en distintas áreas del cerebro. A la vez que hablamos u olemos un perfume, somos capaces de prestar atención a lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, como escuchar música, sentir el tacto de nuestra piel. ¿No os parece esto una multitarea?

El cerebro humano tiene una particularidad, de la que pocas especies disponen, la memoria. Al fin y al cabo, somos lo que recordamos. Somos la especie animal con mayor capacidad de memoria, junto con los delfines y los elefantes, pero estos están muy por debajo de nuestro niveles cognitivos.

¿Se han preguntado alguna vez dónde se almacenan los recuerdos?, ¿en qué lado de nuestra masa gris están?, y ¿por qué algunos recuerdos resultan inamovibles con el paso de los años y otros se difuminan en el mismo día? La memoria, cuando está unida a las emociones, es verdaderamente profunda, como un surco en la arena. ¿A que todos recordamos lo que hacíamos el día 11 septiembre, durante aquel atentado a las torres gemelas, el día que nacieron nuestros hijos o cuando discutimos con nuestro mejor amigo? Pero seguro que no recordamos lo que cenamos la semana pasada. Esto se debe a que es una acción rutinaria. Nuestro cerebro no le da importancia y la memoria implícita no queda verdaderamente grabada.

En un estudio, se sometió a un paciente de 27 años a una operación quirúrgica muy arriesgada, dado que tenía muchos ataques epilépticos. En esta operación se le extirpó, de forma quirúrgica, la región del cerebro donde los doctores creían que se encontraba el foco epiléptico, una parte del lóbulo temporal que incluía el hipocampo. Los resultados fueron sorprendentes. Tras la intervención, el cerebro del paciente perdía toda capacidad de formar la memoria. Esto ocurrió en 1957. Este paciente, los siguientes años, gozó de buena salud, pero era incapaz de recordar nada ocurrido después de la intervención, ni a las enfermeras que le trataban de un día para otro, ni médicos, ni nada de lo que ocurría a diario. Así estuvo hasta el día de su muerte, que ocurrió en 2008. Esto nos viene a decir que la memoria se encuentra en el hipocampo. Pero, ¿qué es la memoria?, ¿de qué están hechos los recuerdos? Se podría definir la memoria como la capacidad del sistema nervioso de retener información acerca de las experiencias pasadas, de forma que puedan resultar condicionadas las conductas futuras.

Es famoso el término somos lo que comemos. En relación a este artículo, yo diría que somos lo que recordamos y nuestros alimentos son determinantes en la formación de conexiones neuronales, que son directamente proporcionales a nuestra capacidad de memorizar situaciones. La fosfatidilserina, el mejor amigo de tu memoria, es una grasa inteligente que ayuda a formar la mielina (revestimiento de todos los nervios), favoreciendo de esta manera que las señales lleguen, de forma correcta, a través del sistema nervioso. Estas grasas no sólo mejoran el humor, refuerzan la mente y su rendimiento intelectual, y protegen frente al declive neuronal y a patologías degenerativas, como el Alzheimer. El cuerpo puede fabricar estos fosfolípidos, pero en cantidades muy pequeñas. Por eso, aconsejamos la ingesta diaria de 100 mg. de fosfatidilserina. Un nutriente importantísimo para la memoria son los ácidos grasos omegas 3, 6 y 9. De todos ellos, podemos decir que el más importante es el omega 3, en concreto, el DHA (docosaexanoico). Curiosamente, en la era en la que vivimos, una persona consume seis veces menos omega 3 que quienes vivían en 1850. Por eso, el declive a nivel cognitivo que sufrimos en estos días, se debe a la elección de los alimentos pero, sobre todo, al procesamiento de los mismos. El DHA, mayoritariamente, se encuentra en los pescados pequeños azules. Los omega 6 están en los aceites vegetales, en los frutos secos y en los cereales.

Los fosfolípidos mejoran las trasmisiones del cerebro, al mantener los receptores neuronales en perfecta forma. Los aminoácidos, los ladrillos con los que se construyen las proteínas, mejoran la capacidad de comunicación interna. El cerebro utiliza para enviar mensajes de una neurona a otra, los neurotransmisores. Una deficiencia en aminoácidos es, sin lugar a dudas, un caldo de cultivo para futuras depresiones, problemas cognitivos, incapacidad para relajarse y la tan temida ansiedad. El triptófano es el rey de los aminoácidos, precursor de la serotonina (felicidad) y, finalmente, de la melatonina. Fenilalanina es precursora de la tiroxina y ésta a su vez, precursa la dopamina, la noradrenalina y la adrenalina (catecolaminas que nos preparan para la huida o la lucha).

Por último, debemos recordar que el cerebro necesita glucosa, pero no necesita azúcar. Cuanto más dulce se tome, serán más difíciles de mantener unos niveles equilibrados de azúcar en sangre. Estos desequilibrios glucémicos, lo único que hacen es irritar de forma alarmante el sistema nervioso central, produciendo irritabilidad, falta de concentración, problemas digestivos y en ultimo estadio, depresión.

La glucosa en sí no es tóxica, siempre que se consigan mantener estables sus niveles en sangre. Pero cuando estos niveles sobrepasan el umbral máximo, se da la llamada diabetes. La glucosa se vuelve tóxica para el cerebro. Ésta es la razón por la que los diabéticos sufren daños en los nervios, en los ojos, y en el cerebro. Nuestra recomendación es que se consuman hidratos de carbono complejos, ya que éstos son de asimilación lenta, produciendo niveles de glucosa óptima para el cerebro.

El cerebro es una máquina muy bien diseñada para encontrar alarmas. Éstas pueden ser en forma de león que nos va a comer o el tráfico de la gran ciudad, pero no diferencia lo uno de lo otro, sigue respondiendo desde hace miles de años de la misma forma. Uno de los mayores problemas de la memoria es el estrés crónico. Cuando esto ocurre, nuestro sistema hormonal empieza a producir cortisol (hormona del estrés), que daña directamente los procesos cognitivos cuando esto se cronifica. Una vida plácida, lenta y disfrutando de las cosas sencillas de la vida, junto a una relación amorosa con sus semejantes, es la mejor garantía de mantener el cerebro en condiciones inmejorables para durar muchos años. Porque recuerde que esta máquina, hasta el día de su muerte, estará generando conexiones neuronales nuevas y, si su vida es monótona, aburrida y triste, pocas conexiones nuevas tendrá. Por el contrario, si hace cosas diferentes, con actitud positiva y contacto con sus semejantes, todo esto generará nuevas redes neuronales. La ciencia lo llama neuroplasticidad.

Si siempre hace lo mismo, obtendrá lo que siempre ha tenido. Si quiere cambiar su vida, cambie sus pensamientos, porque ellos son los responsables. Cuide sus pensamientos porque se volverán palabras, cuide sus palabras porque se volverán actos. Cuide sus actos porque se harán costumbre. Cuide sus costumbres porque forjarán su carácter. Y cuide su carácter porque formará su destino.

Tendrá el doble de aquello que desee a los otros. Le invito a recapacitar que la felicidad no es cuestión del destino, es cuestión de elección.

Juan José Mariño Benito
director técnico de Suplementos Zeus

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