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Los antioxidantes se perfilan como un gran aliado en nuestra lucha contra el envejecimiento cutáneo, en la protección de nuestro sistema inmunitario y en la prevención de distintos tipos de cáncer.

El sol es fuente de vida. Después de los meses fríos de invierno siempre apetece mucho tomar el sol cuando llega el buen tiempo y suben las temperaturas, pero debemos concienciarnos de la necesidad de no abusar de él, para evitar repercusiones en nuestra salud, que pueden llegar a ser graves. No olvidemos que nuestra piel está más desprotegida después de varios meses tapada. Aunque el periodo más crítico para el bronceado se da durante los primeros días de exposición al sol, cuando la piel se enfrenta a los rayos solares después de muchos meses protegida, esta precaución se debe extender a todo el año, es decir, no sólo afecta al verano.

La Organización Meteorológica Mundial de las Naciones Unidas ha advertido de que la destrucción de la capa de ozono ya ha alcanzado un nivel “sin precedentes” en el Ártico, de alrededor del 40%. “Es la mayor pérdida de ozono en el hemisferio norte desde que se tienen registros”, explicó Markus Rex, investigador de la atmósfera del instituto alemán Alfred Wegener. Si a ello sumamos el dato de que el pasado mes de abril fue el más cálido registrado en España en los últimos 60 años, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología, ya tenemos dibujado un escenario en el que se hace evidente la necesidad de tomar medidas y proteger nuestra piel.

El ozono tiene un papel esencial en la filtración de los rayos ultravioleta, que pueden causar cáncer de piel, cataratas y están también vinculados al debilitamiento del sistema inmunitario. Si vamos a realizar actividades al aire libre o si somos muy aficionados a tomar el sol, debemos tener en cuenta que la radiación solar se acumula en nuestra piel. Si no gestionamos este fenómeno con cuidado, podemos sufrir problemas de salud a largo plazo, más allá de las quemaduras y reacciones cutáneas puntuales, por no hablar del envejecimiento prematuro.

Es importante que tomemos medidas preventivas frente a los UV. Todos conocemos que entre las 11 y las 16 horas es cuando los rayos solares inciden de forma más directa, el agua además aumenta este fenómeno porque refleja más del 80% de esa radiación. Las cremas solares y otros protectores deben aplicarse obligatoriamente al menos 30 minutos antes de la exposición y tenemos que proteger nuestros ojos con gafas de sol que sean de muy buena calidad.

Radicales libres y oxidación
El oxígeno resulta esencial en la vida de nuestro organismo. La respiración celular produce la liberación de la energía que necesitamos para realizar nuestras funciones vitales. Sin embargo, una consecuencia de este proceso es la producción de unas moléculas llamadas radicales libres, cuya acumulación provoca efectos negativos para la salud por su capacidad de alterar el ADN, las proteínas y los lípidos o grasas.

En nuestro cuerpo hay células que se renuevan continuamente, como las de la piel, y otras que no. Cuando nuestro organismo acumula muchos radicales libres, los antioxidantes que producimos de forma natural no son capaces de neutralizarlos y, con los años, esos radicales libres pueden dar lugar a alteraciones genéticas en las células cutáneas, aumentando así el riesgo de padecer cáncer, y reducir la funcionalidad de las células que no se renuevan, lo que es característico del envejecimiento.

Entre las actividades habituales que realizamos, la sobreexposición a las radiaciones solares aumenta la producción de radicales libres. Para contrarrestarlo, es necesario aumentar la ingesta de alimentos que contengan antioxidantes: un grupo de vitaminas, minerales, colorantes naturales y otros compuestos de vegetales y enzimas (sustancias propias de nuestro organismo que intervienen en múltiples procesos metabólicos). La mayoría de los antioxidantes se encuentra en alimentos vegetales, lo que explica que incluir frutas, legumbres, verduras y hortalizas o cereales integrales en nuestra dieta sea tan beneficioso.

Beneficios de los antioxidantes
Estos últimos años se ha investigado científicamente el papel que juegan los antioxidantes en las enfermedades cardiovasculares, en numerosos tipos de cáncer, e incluso en otras patologías directamente asociadas con el proceso de envejecimiento, como las cataratas o las alteraciones del sistema nervioso. Los estudios se centran principalmente en la vitamina C, vitamina E, betacarotenos, flavonoides, selenio y zinc.

La relación entre estos antioxidantes y las enfermedades cardiovasculares está hoy suficientemente demostrada, y probablemente también exista un vínculo con las cerebrovasculares. Se sabe que la modificación del colesterol malo (LDL-c) desempeña un papel fundamental, tanto en el inicio como en el desarrollo de la arteriosclerosis (engrosamiento y dureza anormal de las cubiertas internas de los vasos sanguíneos debido a un depósito de material graso, que impide o dificulta el paso de la sangre). Los antioxidantes pueden bloquear los radicales libres que modifican el colesterol malo, reduciendo así el riesgo cardiovascular.

Los nutrientes y sustancias no nutritivas que actúan como antioxidantes son:

Vitaminas
>Vitamina C: En frutas y verduras, frescas y crudas, como guayaba, kiwi, mango, piña, caqui, cítricos, melón, fresas, bayas, pimientos, tomate, brasicáceas (verduras de la familia de la col), frutas y hortalizas en general.
>Vitamina E (tocoferol): Germen de trigo, aceite de soja, germen de cereales o cereales de grano entero, aceite de oliva, vegetales de hoja verde y frutos secos.
>Betacaroteno: Pertenece a la familia de los carotenoides. El organismo es capaz de transformarlo en vitamina A. Recientemente se ha demostrado el papel del betacaroteno en la prevención de las cataratas y su efecto beneficioso en procesos inflamatorios y en los relacionados con el envejecimiento. Alimentos ricos en betacaroteno: verduras de color verde, rojo, naranja o amarillo (zanahoria, tomate, calabaza, etc.), otras verduras y hortalizas (espinacas, berros, espárragos, brécol) y ciertas frutas (albaricoques, cerezas, melón y melocotón).

Minerales
>Selenio: Relacionado con un menor riesgo de tumores de piel, hígado, colon y mama. Asimismo, vinculado al funcionamiento de la glutation peroxidasa (enzima antioxidante de nuestro organismo). En carnes, pescados, marisco, cereales, huevos, frutas y verduras.
>Zinc: Favorece la formación de nuevas proteínas (renovación celular), participa en la lucha contra los radicales libres y en la síntesis de enzimas, interviene en el sistema inmunitario y en la gestión de nuestras defensas, y favorece el buen estado de piel y mucosas (tonicidad y elasticidad de la piel). Constituyen buena fuente de zinc las carnes y vísceras, los pescados, los huevos, los cereales completos y las legumbres.
>Cobre: Potencia el sistema inmunitario, participa en la formación de enzimas, proteínas y neuro-transmisores cerebrales (renovación celular y estimulante del sistema nervioso) y es un agente antiinflamatorio y antiinfeccioso. Facilita la síntesis de colágeno y elastina (necesarios para el buen estado de los vasos sanguíneos, del cartílago, de los pulmones y de la piel), actúa como antioxidante protegiendo las células de los efectos tóxicos de los radicales libres y potencia la fijación del calcio y el fósforo. Alimentos ricos en cobre: hígado, pescado, marisco, cereales completos y vegetales verdes.

A pesar de que la ingesta de alimentos ricos en antioxidantes disminuye el riesgo de ciertas patologías, éstos no modifican el deterioro normal que conlleva la vejez, ni permiten que vivamos más años. También en ocasiones, como en una sobreexposición solar, no es suficiente el aporte que de ellos realizamos a través de la dieta y es necesaria una suplementación. En este caso, siempre es recomendable consultar con un especialista.

Mercedes Martín
Licenciada en Farmacia
Gerente de producto de Equisalud

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