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  Noticia del: 09-11-2020

En medio de una enorme incertidumbre por la evolución de la pandemia de la covid-19, y mientras se investigan tratamientos o vacunas que nos permitan recuperar nuestro día a día, los científicos nos avisan: “No podemos volver a la misma normalidad que teníamos porque es la que nos ha traído hasta aquí. Y el futuro puede ser aún mucho peor”.

Este está siendo el mensaje central del Congreso Una sola salud, un solo bienestar, humano, animal y medioambiental que está celebrando on line el Observatorio de Salud y Medicina Integrativa (OSMI) desde el 2 al 6 de noviembre. El encuentro, de inscripción gratuita y que cuenta con la participación de expertos de primer nivel en el ámbito de la medicina, la veterinaria y el medio ambiente, quiere concienciar a la población de que la salud humana depende directamente de la salud de los animales y la del medio ambiente, que no somos una especie aislada, y que debemos replantearnos el futuro sin olvidarnos de esta realidad.

A este objetivo, ya inaplazable, se han unido Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO, que abrió el encuentro, y Domingo Jiménez, ex director ejecutivo de la Agencia Europea de Medio Ambiente. Ambos apelan a la implicación individual para forzar un cambio de modelo, que hasta el momento está dominado por los intereses puramente económicos y por un tibio compromiso ciudadano. “Sabemos lo que tenemos que hacer; la pregunta ahora es si estamos dispuestos”, interpela abiertamente Domingo Jiménez.

No hay tiempo que perder

La propia OMS ha puesto en marcha un programa que ha llamado Una sola salud y le ha dado prioridad dentro de sus actividades. En este programa de la OMS, se apuesta por la unión de distintas esferas (salud humana, veterinaria, agrícola, ambiental…), para conseguir una mejor salud pública. En esa estela se desarrolla este congreso. “Si hasta el momento podemos haber sido más o menos pasivos con el aumento de la temperatura global, el incremento del nivel del mar o la descongelación del Ártico, esta pandemia viene a avisarnos de que no podemos seguir impasibles. Incluso quedándonos en una postura egoísta, mirando únicamente por el ser humano, tenemos que actuar. Ya no hay tiempo que perder”, urge el doctor Tomás Álvaro, coordinador del Congreso y director del Observatorio de Salud y Medicina Integrativa.

Asegura que el riesgo de zoonosis no puede ser subestimado a la luz de los conocimientos actuales. Hoy día un 60% de las enfermedades humanas infecciosas son zoonóticas, más del 75% de agentes infecciosos emergentes son de origen animal. Y el 80% de los agentes patógenos que pueden utilizarse con fines de bioterrorismo son zoonóticos. “Son datos de la Organización Internacional de Sanidad Animal (OIE), que ponen claramente de relieve hasta qué punto los animales terrestres, acuáticos y el hombre, se encuentran interrelacionados en su estado de estrés y salud”, explica el doctor Álvaro.

Barrera de contención rota

El catedrático de la Facultad de Veterinaria de la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia, Santiago Vega, no vacila al advertir que, si no hacemos algo por evitarlo, podemos tener otras muchas pandemias similares o peores. Si, como parece claro, el origen de la covid-19 ha sido un murciélago, hay que reflexionar sobre cómo el hombre ha alterado los hábitats donde generalmente se encuentra este animal, aislado en colonias de miles de ejemplares, facilitando que se acerque a los entornos donde vivimos los humanos. “Con las deforestaciones masivas hemos roto la barrera de contención”, subraya Vega.

Además, hay que sumar el aumento de la temperatura global, que permite que los virus, alojados en los mosquitos, viajen más y vivan más tiempo; y la contaminación, que termina de enriquecer un caldo de cultivo para las enfermedades, especialmente las respiratorias. Santiago Vega lanza una idea para la reflexión: los virus llevan en nuestro planeta 300 millones de años, el Homo sapiens existe desde hace 100.000 años y, sin embargo, la mayoría de las pandemias han tenido lugar en los últimos 150 años. “Es indudable que algo hemos hecho para provocarlas”, dice. Y advierte: solo conocemos un 1% de los virus que están contenidos en la naturaleza; el 90% restante está oculto. Sobre la mesa, un dato: cada año surgen cinco enfermedades humanas nuevas, de las que tres son de origen animal.

En la transmisión de los virus juegan un papel esencial hospedadores (portadores asintomáticos del virus) como el murciélago, los roedores, primates, dromedarios y algunas aves. Vega tiene claras las claves para que no se rompa el equilibrio y favorecer que las especies se mantengan en su hábitat natural: evitar la deforestación, frenar el cambio climático, reducir la contaminación y perseguir el comercio ilegal de animales. Sin ánimo de ser catastrofista, recuerda que la ONU ha avisado que, si en 2030 no hemos conseguido frenar el cambio climático, las consecuencias serán irreversibles.

A pesar de que la tarea es complicada, termina con una nota esperanzadora: si en cuatro meses de confinamiento conseguimos una reducción drástica de la emisión de gases de efecto invernadero, lo que podemos alcanzar en diez años es mucho. “El margen de mejora es enorme, pero hay que empezar ya”.

Seguir avanzando

En ese sentido, Federico Velázquez de Castro, presidente de la Asociación Española de Educación Ambiental (AEEA), cree que la ciudadanía ya está bastante concienciada de lo básico: reciclaje, no malgastar luz y agua ... y ahora es necesario dar un paso más, subir un escalón ese nivel de conciencia y extenderlo a nuestros hábitos de consumo, de transporte, de alimentación, e incluso a cómo nos planteamos las vacaciones.

Explica que no podemos seguir con un consumo desenfrenado porque esquilma los recursos del planeta. Además, hay que hacer un esfuerzo y utilizar mucho menos el coche privado y evitar coger un avión cada vez que tenemos unos días de vacaciones. En cuanto a la alimentación, es importante reducir el consumo de carne porque no solo es perjudicial para la salud sino también para el medio ambiente. Se estima que hay una cabaña ganadera de 26.000 millones de animales en el mundo, a cuya alimentación se destinan tierras que podrían ser dedicadas a otros cultivos. Además, esta ingente cantidad de animales necesita muchísima agua, y emiten metano, que es 23 veces más contaminante que el CO2. Se estima que 20% de los gases de efecto invernadero están originados por el transporte, y el 17%, por la ganadería.

A pesar de que las soluciones están lejos de los hábitos de la mayoría de la población, el presidente de la AEEA se muestra optimista y cree que una masa crítica minoritaria puede generar un cambio, igual que ha pasado con otros hábitos como el reciclaje que ahora se hace de manera mayoritaria. “Si uno ve que su vecino está satisfecho con una vida más sencilla, le animará a seguir su ejemplo”, asegura.

El coordinador del encuentro, Tomás Álvaro, invita a formar parte de esa masa crítica, de ser motor de cambio, de estar orgulloso de estar movido por otros valores, y concluye reflexionando: “Un ser humano consciente y sensible del siglo XXI tiene que integrar todos estos datos y ser consecuente con ellos. Las pandemias se originan sobre el terreno de la degradación ambiental, la crisis climática y sobre todo de la inconsciencia humana, que, persiguiendo un espejismo de bienestar y enriquecimiento ficticios, se ve abocada a pagar las consecuencias de su propio desatino. Evitemos más pandemias. Estamos a tiempo”.

 

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