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El Ártico está desapareciendo y las consecuencias que se derivan de esta desaparición son nefastas para todos los ciudadanos del mundo, sin excepciones. Pero, ¿qué es el Ártico y qué supone? ¿cuáles son esas consecuencias? ¿qué podemos hacer? Os lo contamos.

El Ártico es una región inmensa (ocupa una sexta parte de la superficie terrestre), hablamos de una superficie de más de 30 millones de kilómetros cuadrados en veinticuatro husos horarios. Gran parte de esta región está cubierta por agua de océano (que alcanza los cuatro kilómetros de profundidad), aunque también cuenta con tierra firme y con montañas que pueden alcanzar hasta los 4.897 metros. Como podéis comprobar, hablamos de proporciones astronómicas.

“Existen unos cuatro millones de habitantes, entre los que hay más de 30 pueblos indígenas. Y cuenta con ocho estados (Canadá, Dinamarca, Groenlandia, Finlandia, Islandia, Noruega, la Federación Rusa, Suecia y Estados Unidos) que poseen territorios en la región ártica”, explican desde la Agencia Europea de Medio Ambiente, de las que forman parte cinco de estos estados y de éstos, tres son estados miembros de la Unión Europea.

¿Qué está pasando en el Ártico?

Con esta pregunta nos ayuda una experta. Pilar Marcos, bióloga marina y responsable de biodiversidad en Greenpeace.

El hielo del Ártico ejerce de refrigerador global, reflejando el calor solar hacia el espacio y manteniendo fresco el planeta. Pese a que lo que sucede en el Ártico repercute en toda la Tierra, este espacio es uno de los más desprotegidos y está abierto a múltiples amenazas. Tres cuartas partes de la capa de hielo flotante del Ártico han desaparecido en los últimos 30 años. La destrucción de su hielo hace del océano Ártico un lugar mucho más navegable y lo expone a la pesca masiva y la extracción de petróleo, gas y minerales”, afirma la experta.

Y asegura que la principal amenaza del Ártico, el cambio climático, “está provocando la rápida desaparición de su capa de hielo. A su vez, esta desaparición del hielo milenario provoca, por ejemplo, la liberación de gases de efecto invernadero que contribuyen a agravar los efectos del cambio climático. El derretimiento de la nieve y el hielo continental, añade nuevos volúmenes de agua al océano contribuyendo a una subida del nivel del mar a nivel global”, afirma la bióloga marina.

Y denuncia la injerencia de la industria petrolera: “Mientras unas cuantas compañías de prospección en tierras vírgenes han comenzado operaciones de exploración en lugares como Groenlandia, los principales actores de la industria están siguiendo el ejemplo y planificando sus propios programas de perforación”, alerta.

¿Por qué debe importarnos?

Muchas personas caen en el error de pensar que la lejanía del Ártico hace que su deshielo no pueda influir de forma directa en nuestro día a día. Pero, como hemos dicho anteriormente, esta región tiene un rol fundamental en la regulación de la temperatura del planeta.

“Todavía no se percibe cuáles son las graves implicaciones que la pérdida de la cubierta boreal helada del globo tiene sobre nuestras vidas. El principal peligro que percibimos del derretimiento es sólo su consecuencia más directa: el deterioro de los ecosistemas del Ártico y los riesgos a los que se enfrenta su fauna como los osos polares, morsas y aves, pero más allá de esto, los polos actúan como un refrigerador natural del planeta y su pérdida incrementa por tanto los efectos del cambio climático, lo que implica a su vez el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos”, explica Marcos.

En palabras de la experta, el Ártico es un ecosistema dinámico que está cambiando rápidamente “ya que se calienta más del doble de rápido que el resto del mundo. Este mayor calentamiento se denomina “amplificación ártica” y puede originar en las zonas templadas unos patrones climáticos persistentes que provoquen una mayor frecuencia de climas extremos. La influencia del Ártico en el resto del mundo se extiende más allá de su contribución al crecimiento del nivel del mar”.

La pérdida del hielo, junto con la escorrentía hacia el océano “por la descongelación del permafrost y la fusión de pequeños glaciares, contribuyen a cambios en la circulación global de los océanos, con consecuencias potencialmente importantes para los procesos meteorológicos mundiales”.

Y añade la bióloga marina que “existen evidencias crecientes de que el rápido calentamiento del Ártico puede ya ser responsable de un cambio en los patrones del clima y los cambios en la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos en las latitudes más bajas”.

¿Qué podemos hacer?

La sociedad puede sumarse a la revolución energética, es el camino a la solución que pueden recorrer los particulares. Con las energías renovables se conseguiría paliar los efectos del cambio climático y lograr una eficiencia energética que generase puestos de trabajo y redujera los costes de electricidad. “Necesitamos prescindir de los combustibles contaminantes y de la energía nuclear y aumentar la participación de la ciudadanía para que se beneficie de la transición renovable”, añade Marcos.

La quema de combustibles fósiles es el principal causante del cambio climático, por lo que la solución, según la responsable de biodiversidad en Greenpeace, pasa por “acabar con la dependencia del petróleo y demás combustibles fósiles”. A pesar de la urgencia del problema, Marcos asegura que “hay pocos Gobiernos con la ambición o el interés suficiente para cumplir con su deber ante la mayor amenaza a la que se enfrenta nuestro planeta”.

Por otro lado, se necesita proteger el Ártico. Esto se puede hacer con la prohibición de prospecciones, la libre navegación comercial, las acciones militares y la pesca industrial en su territorio. Con ese objetivo, Greenpeace propone la creación de un gran santuario marino que salvaguarde el Ártico de cualquier acción intrusiva. “Así podremos crear espacios de amortiguación de los impactos del cambio climático en esta zona, donde la fauna marina pueda recuperarse y donde se limite la actividad industrial”, explica la experta de Greenpeace.

Y concluye explicando la iniciativa de los gobiernos de todo el mundo, que están trabajando en un Tratado Global de los Océanos. En relación a esta propuesta, Greenpeace tiene una campaña activa en su web llamada “Los océanos están en peligro” con la que quieren animar a los gobiernos para que salga adelante el tratado y así crear esta red de santuarios marinos. “Si lo hacen bien, abrirán la puerta a una gran red de santuarios marinos que podrían proteger una tercera parte de los mares del planeta”, asegura la experta.

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Sección: Salud
Publicación: Revista nº 115

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