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En la actualidad, el aumento de la esperanza de vida y la baja natalidad están originando un gran crecimiento en el porcentaje de personas mayores, que conlleva un envejecimiento de la población. Sin embargo, este envejecimiento no se produce siempre de forma saludable debido a una dieta pobre en nutrientes y una actividad física inapropiada. En este contexto de envejecimiento se da un notable aumento de las Enfermedades Crónicas no Transmisibles, también conocidas como enfermedades crónicas o, dicho de otra manera, las enfermedades que “en época de nuestros padres” se conocían como “males de la buena vida”.

Los problemas articulares se engloban dentro de este grupo de enfermedades, siendo una de las causas más importantes de discapacidad. Se estima que afecta a casi cinco millones de españoles, siendo las artritis más prevalentes las de rodillas y manos. Como en el engranaje de una maquinaria, las articulaciones necesitan mantenimiento. Es frecuente que, con el ejercicio intenso o mal realizado, los malos hábitos posturales o esfuerzos mal compensados, y sobre todo la edad, nuestras articulaciones se resientan y aparezca entonces la inflamación y, por ende, el dolor.

Igual que los automóviles pasan por inspecciones y mantenimientos, nuestro esqueleto y su engranaje, las articulaciones, necesitan también de cuidados y vigilancia. Conocer de antemano los problemas que pueden causarnos ciertos hábitos y actitudes inapropiadas, nos ayudarán a prevenir el dolor que generan. Cuidando nuestra alimentación, incorporando determinados complementos alimenticios y haciendo ejercicio suave, haremos un trabajo de prevención importante. Y seguro llegaremos mejor cuando la edad empiece a pasar su particular factura.

¿Qué son las articulaciones?

Las articulaciones forman el engranaje de nuestro cuerpo, constituyen la estructura anatómica en la que dos o más huesos se ponen en contacto. Su propio nombre, “articulación”, denota movimiento, apoyo y mecanismo. Las articulaciones tienen dos funciones primordiales: por un lado, constituir puntos de unión en el esqueleto; y por otro, generar movimientos mecánicos que doten a nuestro cuerpo de elasticidad. Es por ello que una salud óptima de las articulaciones es vital para tener una buena calidad de vida.

¿Por qué sufrimos de dolores articulares?

Las causas que producen dolor y malestar articular son muchas y variadas, ya que están directamente emparentadas con nuestros hábitos de vida:

  • Uso y desgaste normal de las articulaciones con el paso del tiempo.
  • Lesiones, inflamación o infecciones por caídas, golpes o heridas.
  • Alimentación inadecuada que provoque desequilibrios en nuestro organismo, desembocando en una acidificación y rigidez articular: carnes procesadas, alimentos fritos, grasas hidrogenadas, harinas refinadas, bollería industrial y platos precocinados.
  • Práctica excesiva de deporte que llegue a provocar desgaste y desmineralización.
  • Sentarnos mal durante un tiempo prolongado pueden fomentar trastornos en nuestras articulaciones.
  • El tabaco aumenta el riesgo de sufrir dolores de espalda y articulares.

Las claves para cuidar las articulaciones

Para mantener unas articulaciones en forma deberemos prestar atención a nuestros hábitos de vida: comer más sano, controlar nuestro peso y practicar ejercicio de forma moderada para fomentar la reactivación de nuestra maquinaria articular. Una ayuda extra y natural para cuidar nuestras articulaciones son los complementos alimenticios de alta calidad. Os presentamos algunos de ellos:

  • Ácidos grasos omega-3

Estos ácidos grasos los encontramos en alimentos como las nueces y el pescado azul, pero la mejor opción para aportar al cuerpo la dosis necesaria de este ácido graso esencial son los complementos de aceite de krill, en concreto los extraídos en frío y asociados a fosfolípidos. Los omega-3 en forma de fosfolípidos

  • La Cúrcuma

Los polifenoles de la cúrcuma (Curcuma longa L.), conocidos como curcuminoides, tienen propiedades antiinflamatorias y antioxidantes. Ayudan a modular la inflamación, controlando el dolor y la rigidez arterial, y a mejorar las funciones físicas en personas con osteoartritis. Los extractos de cúrcuma no se absorben bien en el tracto intestinal y por eso tienen baja biodisponibilidad y eficacia, por ello se aconseja utilizar extractos que mejoren su absorción como los constituidos por complejos de cúrcuma con fosfolípidos (fitosoma de cúrcuma). En estos complejos los fosfolípidos hacen de transportador de la curcumina y mejoran significativamente la absorción y eficacia de esta magnífica planta.

  • La Boswellia

La Boswellia (Boswellia serrata Roxb. Ex Colebr.) es un árbol de origen indio que contiene unos compuestos, los ácidos boswélicos, que ayudan a reducir el dolor y la inflamación, y a mejorar el riego sanguíneo de las articulaciones dañadas, ayudando a mejorar la capacidad de regeneración. Los extractos de Boswellia tienen la misma limitación en cuanto a su absorción y biodisponibilidad que la cúrcuma, por lo que es aconsejable también utilizar un extracto asociado a fosfolípidos, de manera que actúen como transportador y permitan mejorar la absorción y biodisponibilidad de estos principios activos.

  • Colágeno tipo II no desnaturalizado

El colágeno es una proteína, un componente fundamental de los tejidos conjuntivos, como los tendones y el hueso, donde realiza una función estructural dando soporte y resistencia a las articulaciones, previniendo su rigidez. Además, su suplementación promueve la reparación del cartílago y ayuda a reducir la inflamación. En nuestro organismo tenemos distintos tipos de colágeno, el que está presente en las articulaciones es el colágeno de tipo II. El colágeno tipo II que ha demostrado clínicamente mayor eficacia en el mantenimiento de la salud articular es el colágeno de tipo II no desnaturalizado, es decir, un colágeno que mantiene intacta la triple hélice de esta proteína. A diferencia con los colágenos hidrolizados en polvo, el colágeno no desnaturalizado tiene un mecanismo de acción diferente y único conocido como tolerancia oral, en el que participa el sistema inmune que permite que, con una dosis pequeña (apenas 40 mg/día, a diferencia de los colágenos en polvo que necesitamos entre 5-10 g/día), se consigan los resultados deseados. Este tipo de colágeno, además, es difícil de destruir por los ácidos y las proteasas del estómago.

  • Minerales orgánicos

Una alimentación poco equilibrada en el pasado puede que haya acidificado en exceso nuestro organismo, una de las causas de la inflamación y el dolor articular. Complementos a base de un completo espectro de minerales de origen orgánico, como el polvo de coral marino fósil, pueden ayudarnos a equilibrar nuestro pH y, por tanto, a reducir la inflamación de las articulaciones.

La prevención, nuestro mejor aliado

Nuestras articulaciones necesitan mantenerse vigiladas y bien cuidadas. Conociendo de antemano los problemas que pueden causarnos hábitos y actitudes inapropiadas, nos ayudarán a prevenir el dolor que nos pueden generar, como decíamos anteriormente. Cuidando nuestra alimentación, haciendo ejercicio moderado e incorporando aquellos complementos alimenticios que nos aporten un extra a nuestra salud, conseguiremos un correcto mantenimiento de nuestro sistema articular y, seguro, llegaremos mejor cuando la edad empiece a pasarnos factura.

Paula Saiz de Cos

Dpto. Técnico, Formación y Documentación de 100% Natural

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