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En la actualidad se están llevando a cabo importantes estudios sobre el papel beneficioso que tienen los probióticos en la salud humana. Los tipos más comunes de microbios utilizados como probióticos son las bacterias productoras de ácido láctico aisladas del tracto gastrointestinal humano, el material vegetal o los alimentos, pero también se pueden utilizar ciertas levaduras y bacilos. Estas bacterias, a menudo, se usan en productos lácteos fermentados o en complementos alimenticios diseñados para apoyar la función eficiente de nuestro sistema digestivo y de nuestro sistema inmune.

El origen de los probióticos

A principios del siglo XX, el científico ruso y premio Nobel Ilja Mechnikov descubrió el papel positivo desempeñado por las bacterias probióticas en nuestra salud. Mechnikov observó que ciertas poblaciones rurales de Europa que se alimentaban principalmente de leche fermentada por bacterias ácido lácticas, por ejemplo, en Bulgaria y las estepas rusas, vivieron vidas excepcionalmente largas. Introdujo el concepto de que el proceso de envejecimiento es el resultado de la actividad de microbios putrefactivos, que producen sustancias tóxicas en el intestino grueso. Según Mechnikov, estos compuestos fueron responsables de la llamada “au- to intoxicación intestinal”, que causa los cambios físicos asociados con la vejez. Él sugirió que debería ser posible modificar la flora intestinal y reemplazar los microbios dañinos por otros útiles.

Con base en estas observaciones, Mechnikov propuso que el consumo de leche fermentada "siembra" el intestino con el tipo correcto de bacterias, disminuyendo el pH intestinal y suprimiendo el crecimiento de bacterias proteolíticas. Mechnikov es, por lo tanto, conocido como el "padre de los probióticos".

El microbioma humano

El cuerpo humano está habitado por billones de microorganismos, repartidos por los diferentes órganos, que constituyen lo que se llama el microbioma humano. Para hacernos una idea, solo en nuestro tracto digestivo, tenemos entre 1-2 kg de bacterias, que son 100 billones de microorganismos o 10 veces más que la cantidad de células en el cuerpo humano. Estos microorganismos pueden estar compuestos de entre 300 y 1.000 especies diferentes, aunque la mayoría (99%) probablemente provengan de solo 30-40 especies.

La microbiota intestinal es la más estudiada, y se sabe que sus principales funciones son la recuperación de la energía y los nutrientes de los alimentos, el desarrollo digestivo y que otras bacterias no adecuadas colonicen este espacio, causando daños a nuestra salud.

A medida que aumentan los estudios clínicos con la administración de probióticos, la comunidad médica se va concienciando más sobre su importancia, y hoy en día pocos profesionales de la salud dejan de recomendarlos para mejorar diversos estados de salud. Los probióticos son comúnmente de los géneros Lactobacillus y Bifidobacterium, pero también incluyen especies de Enterococcus y Streptococcus, que son todas bacterias de ácido-lácticas, y Saccharomyces boulardii, que es una especie de levadura. Las bacterias ácido-lácticas (BAL) forman el grupo más grande de probióticos, tal vez debido a su largo uso histórico como cultivos de productos lácteos. La descripción general de estas bacterias (cocos y bacilos) es que son bacterias gram-positivas, no formadoras de esporas, anaerobias y que producen ácido láctico como el principal producto final durante la fermentación de carbohidratos.

 Funciones de los probióticos

En la actualidad se están llevando a cabo importantes estudios sobre el papel beneficioso que tienen los probióticos en la salud humana. Ayudan a mantener un sistema digestivo saludable mediante numerosas acciones, entre las cuales destacamos:

• Al colonizar y ocupar los sitios de adhesión en el revestimiento intestinal, los probióticos evitan la unión de bacterias y virus que puedan dañar el intestino. Inhiben la migración de organismos nocivos del lumen al torrente sanguíneo, que son los que causan infecciones.

• Producen sustancias que ayudan a matar o inactivar bacterias patógenas, y también disminuyen el pH intestinal que ayuda a inhibir el crecimiento de estas bacterias indeseables.

• Ayudan a la producción de vitaminas del cuerpo, como B1, B3, B6, B12 y vitamina K.

• Producen diversas enzimas, como las carbohidrasas que descomponen los carbohidratos y facilitan la liberación y absorción de la energía de estos nutrientes.

• Ayudan a la regulación de la respuesta inmune intestinal, ya que se sabe que el tracto gastrointestinal es el órgano más rico en células inmunitarias que constituyen la defensa de nuestro organismo (El 70-80% de nuestro sistema inmune se encuentra en el tracto digestivo).

• Ayudan a fermentar fibras indigeribles, liberando ácidos grasos que ayudan a eliminar el exceso de colesterol en sangre.

¿En qué pueden ayudarnos?

Los probióticos han demostrado científica y clínicamente su eficacia en el control de la diarrea aguda, diarrea asociada al consumo de antibióticos y diarrea del viajero, tanto en bebés, como en niños y en población adulta. Muchas cepas de lactobacilos y bifidobacterias pueden tener efectos beneficiosos sobre la diarrea aguda, ya que todas ellas producen un ambiente propicio para el crecimiento de bacterias beneficiosas y antagónicas a las bacterias patógenas.

También se ha demostrado que los probióticos son útiles para ayudar a algunos pacientes con estreñimiento, especialmente cuando se debe a alguna enfermedad inflamatoria intestinal. Una combinación de lactobacilos y bifidobacterias ayuda a mejorar el tiempo de tránsito y, en combinación con fibras solubles, se ha encontrado que restablece rápidamente el equilibrio en el intestino.

La amplia investigación que se ha realizado en los últimos años sobre la microbiota, ha demostrado que una buena o mala microbiota puede influir en la fertilidad y también en el desarrollo de un buen embarazo. Por otra parte, las bacterias beneficiosas se transfieren desde la madre al niño y una buena o mala microbiota de la madre puede tener implicaciones sobre la salud del niño (y del adulto en que se convertirá) desde la gestación, durante la lactancia y en las primeras etapas de la vida.

Cómo elegir un buen probiótico

Para elegir un complemento alimenticio de alta calidad a base de probióticos, tiene que tener las siguientes características:

Los probióticos ayudan a fermentar fibras indigeribles, liberando ácidos grasos que ayudan a eliminar el exceso de colesterol en sangre

1. Los probióticos deben ser de origen humano. Dependiendo de para qué grupo de población esté formulado el producto, se utilizan cepas de bebés sanos o cepas de adultos sanos.

2. Tiene que estar formulado con cepas concretas de probióticos. Algo importante a considerar es que no todos los probióticos provocan el mismo tipo de efecto ni con la misma intensidad. La cepa se indica con unos números detrás de la especie de bacteria, por ejemplo: Lactobacillus rhamno- sus 19070-2.

3. Es importante que tengan estudios clínicos propios. Es una apuesta ganadora si elegimos productos que tengan cepas concretas de probióticos, cuya función está corroborada con resultados clínicos.

4. Compatibilidad intestinal: elegir probióticos que sean resistentes a la humedad, al oxígeno, a la temperatura y a los ácidos estomacales y las sales biliares.

5. Tecnologías extras de protección: además de la compatibilidad intestinal, nos aseguramos la calidad del producto si se utilizan otras tecnologías de protección que minimicen el daño celular y optimicen la integridad de las bacterias en la manipulación, almacenamiento, ingesta y viabilidad.

Paula Saiz de Cos, Dpto. Técnico, Documentación y Formación de 100% Natural

 

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