Sección: Entrevista
Publicación: Revista nº 69
Yolanda González, presidenta de Aprodyhem
“La desregulación del sector cercena la libertad de elección del paciente”
Afirma Yolanda, presidenta de la Asociación Profesional de Dietética y Herbolarios de Madrid. A pesar del auge de los remedios naturales en España, los profesionales que apuestan por este tipo de productos mantienen su particular batalla con el ámbito sanitario en defensa de su credibilidad. Ante los recortes del Gobierno en materia de medicamentos subvencionados, la herbodietética afronta una oportunidad única para afianzarse y conseguir el reconocimiento de las instituciones. El respaldo social ya lo tiene ganado.
¿Qué
ha cambiado en el sector herbolario
desde que empezaste tu andadura?
Sobre
todo el grado de información que tienen nuestros clientes sobre los productos.
Por desgracia, hoy día la información que está al alcance de todos no siempre
es rigurosa, y en ocasiones su interés es puramente comercial; por tanto, a
menudo nos vemos obligados a contradecir publicaciones en medios de
comunicación tradicionales y en Internet sobre las acciones de los distintos
productos.
También
ha cambiado la formación de las personas que están al frente de un herbolario:
no paramos de formarnos, la industria de nuestro sector está constantemente
innovando en combinaciones, formulaciones, etc. para buscar productos más
eficaces, y esto nos obliga a estar en un constante proceso de formación.
¿Cuáles
han sido los baches más importantes que ha tenido que sortear la herbodietética
en España?
Al
igual que el resto de actividades económicas, nuestro sector ha pasado de una
época de bonanza a una fase de grandes dificultades. En general, hemos tenido
que adaptarnos a las nuevas circunstancias a la hora de gestionar nuestros
negocios. Hablo sobre todo de los autónomos o las pequeñas tiendas, que han
visto cómo la rotación de los productos bajaba y las “reglas” de nuestro sector
cambiaban de manera brusca: la competencia de las grandes superficies, la venta
directa de los fabricantes a los clientes, la venta online, los precios
abusivos en algunas tiendas que perjudican a todo el sector, los terapeutas que
venden productos...
Aun
así, nuestro sector no ha sido tan maltratado por la crisis actual. Es cierto
que algunas tiendas han cerrado, pero la persona que quiere tratarse con
productos naturales lo seguirá haciendo.
¿La
crisis afecta menos al mundo “bio”?
Yo
creo que sí, porque resulta difícil de ignorar, una vez adquirida, la
conciencia de consumir productos más saludables, productos que además protegen
al planeta.
¿A
qué se debe el auge de alimentos ecológicos en España?
Yo
diría que algunas personas entraron en el consumo de productos ecológicos por
necesidad; y es que cada vez hay más intolerancias alimentarias tanto a
nutrientes como a conservantes, excipientes, colorantes, etc. Otro grupo de
consumidores entiende que una base importante de la salud la constituyen la
alimentación y los productos de higiene y cuidado personal.
¿Por
qué debemos consumir productos ecológicos?
No
es probable que el planeta vaya a resistir durante mucho más tiempo el ritmo de
sobreexplotación al que le hemos sometido. Podríamos reflexionar sobre qué
estamos comiendo cuando ingerimos determinados productos tratados con
pesticidas, abonos químicos, o modificados genéticamente. ¿Nos alimentamos
correctamente cuando lo que ingerimos viene “enriquecido” con todos estos
compuestos químicos? Además, debemos ser conscientes de los niveles de
contaminación excesiva que generamos en la producción y elaboración de dichos
productos, tanto en el suelo como en el agua y en el aire).
¿Cómo
ves la competencia que ha surgido con los hipermercados que venden dietéticos?
Esa
competencia surge de la falta de reconocimiento legal a la que el Estado nos
tiene sometidos. La idea que subyace de esta permisibilidad para vender
dietéticos en cualquier lado es que somos un comercio al por menor, sin ningún
aspecto distintivo. Yo creo que sí tenemos un aspecto que nos diferencia, y ése
es nuestra labor en el fomento y la promoción de la gestión de la salud de una
manera natural. Los ciudadanos somos libres de gestionar nuestra salud y
tratarnos nuestra enfermedad de la manera que creamos más conveniente. La labor
social que realizamos no está reconocida, pero ello no significa que no exista.
Opino
que la persona que quiera tratarse con terapias, técnicas y/o productos
naturales terminará buscando un herbolario que lo asesore, acabará encontrando
su profesional de referencia. Y ahí es donde creo que está el valor añadido de
un herbolario en contraste con la venta en los hipermercados.
¿Qué
diferencia hay en los principios activos de productos vendidos en
supermercados, en relación con los productos vendidos en herbolarios y
establecimientos especializados?
Los
productos de herbolario pasan todos los registros sanitarios, cumplen con la
normativa en etiquetado, y la base de su fabricación es que sean productos que
reúnan los principios activos necesarios para el fin para el que se han
desarrollado. Me quedo con eso. Sinceramente, desconozco lo que hacen con los
productos que se venden en supermercados, pero analizando los precios parece
complicado confiar en que contengan los suficientes principios activos.
Hay
que ser conscientes de que los dietéticos basan su acción en la concentración
de principios activos, por lo que el consumidor tendría que tener acceso a la
información, por ejemplo, sobre la cantidad de principio activo que contiene un
comprimido, y no sólo su peso. Eso sí, reconozco que la política de fabricar
productos con precio muy bajo y con escaso principio activo también la
desarrollan algunos fabricantes de nuestro sector.
¿Qué
le dirías a alguien que hoy quiere abrir un herbolario? ¿Cualquiera puede
abrirlo? ¿Hay diferencias en los perfiles de las personas que ponen negocios
similares hoy y quienes ponían herbolarios hace 20 o 30 años? ¿Existe una mayor
profesionalización del negocio?
Yo
animo a la gente a que primero se forme de la forma que mejor considere. Creo
que abrir un herbolario conlleva una responsabilidad respecto al estado de
bienestar de los futuros clientes. Es cierto que cada vez existen más personas
provenientes del sector sanitario (farmacéuticos, químicos, biólogos…) que
están abriendo herbolarios desde el conocimiento de la corriente alópata. Y esto
es un síntoma muy positivo de que nuestros productos funcionan y presentan
menos efectos adversos que los químicos. Muchos facultativos derivan incluso a
sus pacientes a nuestros centros.
Ofrecéis
cursos de formación para personas que quieren trabajar en tiendas de
herbodietética o crear su propio negocio. Cuéntanos en qué consisten, cómo
nació la idea de organizarlos.
Esta
idea surgió de la propia demanda de nuestros asociados y de las personas que
nos solicitan información sobre la asociación. Nosotros no somos un centro de
formación con una gran oferta de cursos. No es nuestra labor, pero sí hemos
querido ofrecer una formación específica y orientada a los actuales y futuros
profesionales del sector. Las formaciones en naturopatía están orientadas al desarrollo
de consultas, y obviamente nuestra misión es otra.
Creemos
que esta formación específica y con orientación de actividad profesional en
herbolario no existía hasta ahora. Por ello hemos iniciado una formación anual
que garantice el conocimiento de la mayoría de los productos de venta en
herbolario (fitoterapia, oligoelementos, nutrición, flores de Bach, sales de
Schüsler, ortomolecular, aromaterapia…) sobre la base de que no somos
naturópatas, pero sí profesionales formados.
Este
curso se imparte en dos modalidades: la presencial de octubre a junio (4 horas
semanales), y la semipresencial de enero a diciembre (1 ó 2 sábados al mes).
También
realizáis monográficos sobre diferentes materias para los profesionales del
sector...
Sí,
dentro de ese curso anual los alumnos pueden asistir al bloque formativo que
les interese. También ofrecemos formación de manera más puntual, o bien damos a
conocer los monográficos que los fabricantes desarrollan.
¿Qué
le falta a España para que el consumo de productos biológicos sea como en
Alemania o Francia?
Por
un lado tenemos una información sanitaria sobre las consecuencias de los
productos no biológicos en nuestro organismo (toxicidad, intolerancias,
dificultades metabólicas, erupciones en la piel...); por otra parte, una
información medioambiental sobre el modo en el que la industria alimentaria
contribuye actualmente al deterioro del planeta; y, por último, una información
sobre el coste final de los productos “bio”.
En
este último aspecto, creo que existe una idea generalizada de que los productos
biológicos se mueven en precios desorbitados, y en muchos casos esto no es así.
Es posible que la adquisición de todos los productos “bio” en una cesta de la
compra suponga un coste muy elevado, pero en determinados casos y en productos
que podamos permitirnos se trata claramente de una inversión en nuestra salud.
¿Por
qué los medios de información convencionales no informan más sobre las
verdaderas alternativas o soluciones a las diferentes enfermedades que hoy
padecemos?
El
sector de los productos naturales y terapias alternativas constituye un pequeño
David frente a otro tipo de corriente masiva en la manera de tratar la
enfermedad. Resulta cuando menos curioso que en este país uno pueda elegir el
tipo de educación que quiere para sus hijos, el partido político al que dar su
confianza, la confesión religiosa que más le convenza…., y en todos estos
ámbitos el respeto a la elección de cada uno se dé por hecho. Sin embargo, a
nuestro sector le ocurre todo lo contrario. Cualquiera que se salga del redil
es señalado y no respetado por el sector alópata, en ocasiones ni siquiera por
los más allegados.
Las
noticias relacionadas con nuestro sector que salen en los medios de
comunicación siempre se vinculan a retiradas de productos, intromisiones
profesionales y personas que utilizan métodos de curación no convencionales
puestos en entredicho por los periodistas, no por los pacientes que confían en
ellos. No es extraño que en nuestros herbolarios algunos clientes nos confiesen
que toman nuestros productos a escondidas de sus médicos, incluso de sus
familias.
¿Cómo
ves el futuro para el sector en general?
Veo
una perspectiva positiva porque, a pesar de las campañas negativas dirigidas
hacia nuestro sector y las ventas en otros puntos de distribución, nuestra
clientela sigue confiando en nosotros y en nuestra labor. Tenemos la suerte de
dedicarnos y ganarnos la vida haciendo lo que nos gusta, y eso genera un
beneficio añadido al económico. Por no hablar de la satisfacción de poder
desarrollar nuestra profesión intentando ayudar al otro. ¡Qué más se puede
pedir!
La
ministra de Sanidad Ana Mato ha defendido recientemente el uso de remedios
naturales como sustitutivos de medicamentos que han dejado de ser financiados
por el Estado. ¿Le sorprende?
Me
sorprende que lo anuncie así, y que no tenga reparos en reconocer que los
medicamentos han sido la base de la sanidad en España mientras producían
pingües ingresos para las arcas públicas. Ahora no, ahora parece que es mejor
lo natural. ¿Por qué no se ha hecho esto antes? ¿Por qué se nos ha excluido?
¿Por qué no se ha acudido antes a lo natural evitando los efectos adversos de
muchos medicamentos?
¿Cómo
valora la situación actual de la regulación de la medicina natural en España?
¿Qué pasos deben darse en el futuro?
Es
una situación de ciencia ficción. Quieren hacer ver que no existimos y apenas
dejan regularnos, pero ¡claro que existimos! No sólo eso, sino que generamos
riqueza económica y social. Por desgracia, somos un sector al que se oponen
grandes intereses, y por eso no quieren que nos “legalicemos”. Es alarmante,
incluso, que la legalidad nos impida expresar opiniones sobre la salud que no
se apoyen en una visión alópata, y tengamos que extremar el cuidado a la hora
de expresarnos.
Es
necesario, por tanto, abordar un cambio de visión tanto por parte del sector
alópata como por la nuestra. No tiene sentido que nos enfrentemos, ya que en el
fondo las dos visiones sobre la salud pretenden una única cosa: dar la mejor
opción al paciente o cliente. Pero debe ser él quien pueda elegir libremente
ejerciendo su derecho a conocer todas las opciones existentes en el mercado. Y
una vez adoptada esa decisión por parte del enfermo, ambas visiones tendremos
que ser respetuosas con la misma. Ya basta de tratar a los enfermos con un
exceso de paternalismo.
Imagine
que los derechos de los profesionales naturópatas se equiparan a los de los
profesionales médicos. ¿Quién pierde?
Nadie
pierde. Los naturópatas ganan, los pacientes ganan. ¿Quién pierde? La
existencia de ciertos privilegios para un grupo de profesionales o comercios en
base al no reconocimiento de otros profesionales y comercios genera una
sociedad menos justa y equitativa que no hace ganar a nadie.