Sección: Expertos
Publicación: Revista nº 152
Dr. Carlos Cabrera, oncólogo: “Cada vez combinaremos más datos biológicos, inteligencia artificial y experiencia clínica”
Oncólogo médico y fundador de UOMi Cancer Center en la Clínica Mi Tres Torres de Barcelona, el Dr. Carlos Cabrera explica cómo la ciencia está transformando los tratamientos y la calidad de vida de los pacientes.
La oncología vive uno de los mayores cambios de su historia. La inmunoterapia, la medicina personalizada y la investigación molecular están cambiando la manera de entender y tratar el cáncer. En este contexto, el Dr. Carlos Cabrera, especialista en Oncología Médica con experiencia clínica e investigadora en centros como el Hospital Clínic de Barcelona o el Instituto Oncológico Dr. Rosell, reflexiona en esta entrevista sobre el presente y el futuro de la enfermedad: desde los ensayos clínicos y el papel del sistema inmune hasta los límites actuales de la medicina y el impacto de la desinformación en salud.
Su trayectoria aúna asistencia, investigación y docencia. ¿Qué le llevó a especializarse en Oncología Médica y en qué momento sintió que la investigación debía ocupar un papel central en su carrera?
La oncología tiene algo muy particular: combina ciencia muy avanzada con una relación humana extremadamente intensa. Desde el inicio me atrajo esa mezcla. Es una especialidad donde uno puede marcar diferencias reales en momentos muy delicados de la vida de una persona.
Además, la oncología cambia constantemente: muchas veces, lo que hoy puede ser un tratamiento estándar, hace cinco años ni existía. Eso hace que sea una especialidad intelectualmente muy estimulante.
En mi caso, el interés por la investigación nació bastante pronto, sobre todo al ver que muchos de los tratamientos que utilizamos hoy vienen directamente de pacientes que participaron en ensayos clínicos hace años. Ahí entendí que investigar no es algo separado de la asistencia: también es una forma de cuidar pacientes, pero pensando no solo en el paciente que tienes delante, sino en los que vendrán después.
En su experiencia, ¿cómo ha evolucionado el abordaje del cáncer desde un punto de vista clínico?
El cambio de abordaje es constante y dinámico. Hace no tantos años clasificábamos muchos tumores únicamente por el órgano donde se origina; hoy sabemos que dos pacientes con "el mismo cáncer" pueden tener enfermedades completamente distintas a nivel molecular. Eso cambia por completo la manera de tratarlos. Hemos pasado de aplicar tratamientos no personalizados a buscar terapias dirigidas, inmunoterapia y estrategias mucho más precisas.
Asimismo, ha cambiado la forma de acompañar al paciente. Antes, el objetivo solía ser únicamente prolongar supervivencia; ahora también hablamos de calidad de vida, toxicidades, secuelas, preservación funcional y bienestar emocional. El paciente está empoderado y participa mucho más en la toma de decisiones.
Y algo muy importante: hoy trabajamos de forma muchísimo más multidisciplinar. La oncología moderna no se entiende sin patólogos, radiólogos, cirujanos, biólogos moleculares, enfermería oncológica o cuidados paliativos trabajando juntos.
Ha participado en diversos ensayos clínicos. ¿Cómo se traslada todo este avance científico en oncología a la vida real de los pacientes? ¿Tienen todos acceso real a los avances más innovadores?
Los ensayos clínicos son probablemente el motor principal del avance en oncología. Muchas veces los pacientes que participan en ellos acceden años antes a tratamientos que luego terminan convirtiéndose en estándar.
El problema principal sigue siendo el desigual acceso a los ensayos clínicos, que depende de factores como el país, el sistema sanitario, el centro hospitalario o el perfil molecular del tumor.
Hay tratamientos extraordinariamente innovadores que tardan en llegar o que no están disponibles en todos los hospitales. Por eso los ensayos clínicos también son una herramienta de equidad: permiten ofrecer opciones terapéuticas avanzadas a pacientes que de otra manera quizá no podrían acceder a ellas.
Cada vez se habla más de medicina personalizada. ¿Hasta qué punto el tratamiento del cáncer es realmente individualizado hoy en día?
Lo es mucho más que hace una década, aunque todavía no tanto como nos gustaría. Hoy en muchos tumores tomamos decisiones basadas en alteraciones moleculares concretas, biomarcadores inmunológicos o incluso características muy específicas del paciente. En algunos cánceres de pulmón, por ejemplo, el tratamiento depende más de la biología molecular que del aspecto del tumor al microscopio.
Creo que estamos entrando en una etapa donde cada vez combinaremos más datos biológicos, inteligencia artificial y experiencia clínica para adaptar tratamientos de forma mucho más fina.
En los últimos años, ha crecido el interés por la llamada medicina integrativa. ¿Cómo valora este enfoque dentro del abordaje del paciente con cáncer?
Creo que hay que diferenciar muy bien medicina integrativa de la pseudociencia. Todo aquello que ayude al paciente y tenga evidencia razonable (por ejemplo: nutrición equilibrada, ejercicio físico, apoyo psicológico, manejo del sueño, mindfulness) me parece muy recomendable para todos los pacientes oncológicos. Muchas veces estas intervenciones mejoran síntomas, ansiedad o calidad de vida y cambia muchísimo la experiencia del paciente durante el tratamiento.
El problema aparece cuando se presentan terapias sin evidencia como alternativas "milagrosas" a tratamientos oncológicos eficaces. Ahí hay que ser muy claros y muy rigurosos, porque la desinformación puede hacer mucho daño.
Sus principales líneas de investigación incluyen los exosomas y el microambiente tumoral. Para entenderlo de forma sencilla, ¿qué papel juegan estos elementos en el desarrollo del cáncer?
Durante mucho tiempo pensamos en el cáncer como un grupo de células que crecían sin control. Hoy sabemos que es mucho más complejo. El tumor se comunica constantemente con el entorno que lo rodea: células inmunológicas, vasos sanguíneos… A eso lo llamamos microambiente tumoral. Muchas veces ese entorno ayuda al tumor a crecer, esconderse del sistema inmune o generar resistencia a tratamientos.
Los exosomas son pequeñas vesículas que las células liberan, como "mensajes biológicos". Las células tumorales las utilizan para comunicarse con otras células y modificar el entorno a su favor. Es fascinante porque, en cierto modo, el tumor no actúa solo: convence a otras células para colaborar con él.
¿Qué impacto real podrían tener en el futuro del diagnóstico o tratamiento del cáncer?
Podrían tener muchísimo impacto. Por ejemplo, los exosomas podrían ayudarnos a detectar cáncer de forma más precoz mediante análisis de sangre y a monitorizar la resistencia a tratamientos casi en tiempo real.
Asimismo, desde el punto de vista terapéutico, entender el microambiente tumoral puede permitirnos "desactivar" mecanismos que protegen al tumor frente al sistema inmune o frente a determinados fármacos.
Creo que una parte importante de los próximos avances no vendrá solo de atacar la célula tumoral, sino de modificar el ecosistema que la rodea. Pero aún no contamos con técnicas estandarizadas para usar los exosomas de manera rutinaria.
¿Qué papel está jugando la inmunología en el cambio de paradigma del tratamiento oncológico?
Es uno de los mayores cambios que ha vivido la oncología moderna. La inmunoterapia ha demostrado que en algunos pacientes el sistema inmune puede controlar tumores avanzados durante años, algo que antes era muy difícil de imaginar. Además, cambió nuestra manera de pensar el cáncer. Ya no vemos únicamente un problema de proliferación celular, sino también una interacción continua entre tumor y sistema inmunológico.
Todavía queda mucho por entender: por qué algunos pacientes responden espectacularmente y otros no, cómo vencer resistencias o cómo reducir toxicidades, cómo combinar tratamientos para obtener mejores supervivencias y mejor calidad de vida, etc. Pero el impacto ya es enorme y probablemente seguirá creciendo.
¿Cuáles son hoy los principales límites que aún tiene la oncología a pesar de todos los avances de los últimos años?
Hemos avanzado muchísimo, pero todavía queda mucho camino. El principal límite sigue siendo la complejidad biológica del cáncer. Los tumores evolucionan, generan resistencias y son tremendamente heterogéneos.
También seguimos teniendo dificultades para diagnosticar algunos cánceres en fases precoces por ausencia de protocolos establecidos para cribado en todos los tumores. Y otro reto importante es el acceso: la innovación avanza muy rápido, pero no llega igual a todos los pacientes.
Además, a veces desde fuera se percibe que estamos cerca de "curar el cáncer" como una sola enfermedad, cuando en realidad hablamos de cientos de enfermedades distintas. Para mí, el cáncer es un universo con muchas galaxias. Cada una de ellas representa un tipo de tumor, pero todas son distintas entre ellas.
En un entorno donde conviven avances científicos con abundante desinformación en salud, ¿qué responsabilidad tienen los profesionales en la divulgación rigurosa?
Tenemos una responsabilidad enorme. Hoy la información circula rapidísimo y los pacientes llegan a consulta habiendo leído tanto información acertada como mitos. Nuestra misión es explicar la medicina de forma clara, honesta y comprensible. No basta con saber mucho; también hay que saber comunicar.
Algo importante: hay que reconocer incertidumbres. La medicina no es infalible y la gente percibe muy rápido cuándo alguien promete más de lo que realmente sabe. La confianza se construye precisamente siendo rigurosos y transparentes.
Desde su perspectiva, ¿hacia dónde se dirige la oncología en los próximos 10 o 15 años?
Creo que veremos una oncología mucho más precisa, menos tóxica y mucho más apoyada en tecnología. La inteligencia artificial probablemente ayudará en el diagnóstico, la interpretación molecular y la selección de tratamientos. Las biopsias líquidas tendrán cada vez más peso. Seguramente veremos terapias celulares e inmunológicas mucho más sofisticadas. Probablemente, el gran cambio será que muchos cánceres se detectarán antes y se monitorizarán de forma mucho más dinámica.
En ese escenario, ¿cree que hablaremos cada vez más del cáncer como una enfermedad crónica en determinados casos?
Sí, de hecho ya ocurre en algunos contextos. Hay un porcentaje nada despreciable de pacientes con determinados tumores metastásicos que hoy viven muchos años con buena calidad de vida gracias a tratamientos dirigidos o inmunoterapia.
En algunos casos, el cáncer se parece más a una enfermedad crónica controlada que a la idea clásica que teníamos hace décadas. Eso no significa banalizar la enfermedad, porque sigue siendo un diagnóstico muy duro y todavía hay muchos tumores con mal pronóstico. Pero sí creo que el concepto de cronicidad irá ganando espacio en oncología.
Eso obliga a replantear muchas cosas: seguimiento a largo plazo, secuelas, salud mental, reincorporación laboral y calidad de vida. Porque cuando los pacientes viven más, nuestra responsabilidad cambia.