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  Noticia del: 21-03-2021

El papel de la microbiota digestiva y pulmonar y la utilidad potencial de la suplementación con probióticos en la COVID-19 no están completamente establecidos, aunque los resultados de estudios sobre otras enfermedades infecciosas parecen sugerir un efecto beneficioso

Los probióticos han demostrado eficacia en la prevención de infecciones de repetición de vías respiratorias, gastroenteritis infecciosas y sepsis, habiéndose asociado también con una menor incidencia de neumonías asociadas a ventilación mecánica en pacientes hospitalizados en unidades de cuidados intensivos.

En la COVID-19, los probióticos podrían tener un efecto terapéutico a través de diferentes mecanismos moleculares, capaces de influir tanto en la transmisibilidad del SARS-CoV-2 como en la respuesta inmunológica del huésped.

Como el virus SARS-CoV-2 se transmite también a través de las heces, especialmente en niños, la administración de probióticos podría interferir con este mecanismo reforzando la barrera epitelial intestinal y compitiendo directamente con la proliferación del SARS-CoV-2. Además, los probióticos específicos también son capaces de potenciar la respuesta inmune local y sistémica, implicando también al sistema respiratorio a través de una compleja red de interacciones con el sistema inmunológico y el microbioma respiratorio, creando un “eje intestino-pulmón” que finalmente favorecería el aclaramiento del agente infeccioso. De hecho, influir en el microbioma intestinal puede conducir a una mayor producción local y sistémica de diferentes citoquinas proinflamatorias con actividad antiviral, como los interferones tipo 1.

Además, los probióticos pueden mejorar la actividad del sistema inmunológico innato y adaptativo con diferentes mecanismos moleculares, entre los que se incluye el aumento de la expresión de los receptores tipo toll (TLR) y de la actividad de las células presentadoras de antígenos.

Aparte de los mecanismos moleculares, que sugieren una utilidad potencial de la suplementación con probióticos en la COVID-19, también se tienen datos interesantes de pacientes con otras viriasis como la infección por influenza.

En estos pacientes, la administración de probióticos se asocia con una mejoría clínica, con un aumento de la respuesta inmune adaptativa humoral y celular contra el virus y también con una mejor respuesta inmune humoral después de la vacunación.

Finalmente, el microbioma tiene un papel en la modulación de las respuestas inmunes e inflamatorias. Influye en el equilibrio entre los linfocitos T helper 17 (con actividad proinflamatoria) y linfocitos T reguladores (antiinflamatorio), evitando así la sobreactivación del sistema inmunológico. Por lo tanto, en la COVID-19 los probióticos podrían reducir los niveles sistémicos de citoquinas proinflamatorias, asociadas con la “tormenta de citoquinas”, y causar una elevación de las citoquinas antiinflamatorias séricas, como la IL-10.

Aunque representa una terapia adyuvante prometedora, se necesitan más estudios para definir la población que podría beneficiarse de la administración de probióticos. Además, es necesario definir mejor la cepa de probióticos (o una mezcla de cepas) que se utilizará, la posología y la duración de los tratamientos. En este sentido, es importante destacar que la mayoría de los estudios sobre la prevención de infecciones respiratorias pediátricas se realizan utilizando cepas de Lactobacillus, Bifidobacterium, o mezclas de ambas, con una duración variable, que suele oscilar entre 3 y 12 meses.

Fuente: Tu médico te informa, Dr. Joaquín Outón Ruiz.

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