"La reducción en las horas de luz puede afectar al organismo y al estado de ánimo"
“A pesar de que los cambios en la exposición solar afectan a todas las personas, hay grupos más sensibles que otros”, explica Juan Carlos Tomás del Río, profesor de Psicología y coordinador del Servicio de Intervención Psicológica Especializada del I-SHAPE de la Universidad Europea.
Con la llegada del otoño algunas personas comienzan a experimentar el llamado “otoño melancólico”, es decir, una sensación de tristeza o decaimiento asociada a dicha estación. Sin embargo, en algunos casos, esa sensación puede intensificarse y convertirse en un trastorno afectivo estacional. “La principal diferencia entre los dos se encuentra en la intensidad de los síntomas experimentados y su duración. Si los síntomas interfieren en la vida diaria y se repiten anualmente, es recomendable realizar una consulta con profesionales de la salud para explorar su gravedad y su origen”, afirma Juan Carlos Tomás del Río, profesor de Psicología y coordinador del Servicio de Intervención Psicológica Especializada del I-SHAPE de la Universidad Europea.
La luz solar y nuestra exposición a ella son factores que inciden directamente tanto en la salud física como en la salud psicológica. Diversos estudios demuestran que una exposición diaria al sol durante las primeras horas de la mañana ayuda al cuerpo a ajustar los ritmos biológicos. Sin embargo, con la llegada del otoño, las horas de luz se reducen, lo que afecta al organismo. “La falta de luz solar altera los ritmos circadianos, el sistema interno que regula el sueño, la alimentación y los niveles de energía”, explica Tomás del Río.
Esta falta de exposición al sol puede generar múltiples problemas y la aparición de un trastorno afectivo estacional. “Se caracteriza por la aparición de síntomas depresivos asociados al cambio de estación. Los síntomas más habituales pueden ser tristeza persistente, apatía, sensación de cansancio intensa y pérdida de interés generalizada”, asegura el profesor de psicología de la Universidad Europea. Los principales grupos afectados por estas afecciones son los adolescentes, las personas mayores o los que teletrabajan o tienen horarios irregulares ya que estos grupos son más sensibles debido a la edad y a que sus ritmos circadianos suelen estar alterados.
Por otro lado, la luz artificial también influye en nuestros biorritmos. “Por la mañana puede facilitar el inicio de la actividad diaria, ya que algunos estudios sugieren que la luz azul activa el sistema de alerta, sin embargo, por la noche, puede dificultar la conciliación del sueño, ya que retrasa la producción de melatonina y mantiene la alerta”, explica el docente. Para evitar las interferencias de la luz artificial se deben evitar pantallas grandes al menos una hora antes de dormir, activar el modo nocturno desde las 19:00–20:00 h o tener una iluminación cálida por la noche.
“Lo más importante es mantener de forma estable los hábitos y actividades que realizamos normalmente, haciendo ajustes en relación con horarios y horas de luz”, expone el experto de la Universidad Europea. Algunos ejemplos serían desayunar cerca de una ventana, establecer momentos de relajación en el día a día o tener unos horarios fijos de descanso.