Miguel Jara cuestiona los cimientos del sistema sanitario en ‘La otra salud. La epidemia silenciada de la mala medicina’
En un momento en el que se están poniendo de manifiesto las carencias de nuestro sistema sanitario en situaciones de mucha presión como el que estamos viviendo por la covid-19, el escritor y periodista Miguel Jara se atreve a dar un paso más y ahondar no en la escasez de medios, sino en su planteamiento mismo.
Lo hace en su libro ‘La otra salud. La epidemia silenciada de la mala medicina’ (Ediciones i), unos capítulos que descubren la debilidad de un sistema que se basa casi única y exclusivamente en la medicalización del paciente, y que se apoya en los parches tecnológicos como única vía de mejora, en lugar de hacer cambios estructurales.
Con un formato epistolar, Jara usa la voz de un abuelo con mucho vivido a sus espaldas, que va previniendo a su nieta sobre los males que aquejan al actual sistema sanitario, y también social, y que tiene de fondo la deshumanización; el no tener a la persona, en toda su dimensión, en el centro. En las diferentes cartas va tratando temas centrales como la red de intereses del complejo médico industrial y la medicalización de todo lo que le pasa a la persona, sea o no patológico. Hace un repaso a los casos más sonados de iatrogenia, y aporta testimonios reales de personas que han sufrido graves efectos secundarios por fármacos.
“Evidentemente los fármacos son muy útiles y necesarios en determinadas circunstancias, yo no estoy diciendo lo contrario; el problema es cuando todo, absolutamente todo, se medicaliza, sin tener en cuenta que podemos entrar en una espiral que no tiene fin”, asegura el autor.
Y pone un ejemplo que le contó una doctora: si yo estoy tomando estatinas porque tengo el colesterol alto y lo hago durante años, puedo desarrollar una miopatía (enfermedad muscular), pero, además, aumenta mi riesgo de generar una diabetes o una demencia tipo Alzheimer. Entonces, ahora tengo hipercolesterolemia y diabetes, y además Alzheimer. “¿Qué estamos haciendo? Hay que detenerse y replantearse cosas, no podemos no ser críticos”, reflexiona.
En ese sentido, recuerda la evolución que ha tenido el tratamiento del cáncer de mama: “Las primeras mastectomías, las de Halsted, eran una carnicería. Se extirpaba la mama, los ganglios y algunas costillas, hasta que un médico hizo un ensayo y llegó a la conclusión de que a pesar de las graves mutilaciones, no estaba aumentando la supervivencia. Ahora la cirugía de mama es mucho menos agresiva, pero para ello fue necesario que alguien dijera: “paremos, reflexionemos si esto que estamos haciendo es lo mejor para nuestros pacientes”.
Este planteamiento se apoya en el “solucionismo”, el querer resolver el problema de manera rápida, lo que implica poner un parche, generalmente tirando de tecnología. Este mar de fondo está presente no solo en la sanidad, sino en todos los sectores, advierte Jara. Y pone como ejemplo los transgénicos, que se han erigido como la clave para paliar el hambre en el mundo en lugar de hacer un mejor reparto de los recursos; o la inyección estratosférica de aerosoles como vía para enfriar el planeta en lugar de hacer un cambio de estilo de vida para frenar el cambio climático.
En el caso de la sanidad, Miguel Jara lamenta que el futuro pase por el desarrollo del Big Data y de la tecnología 5G, que permitirá incluso hacer operaciones a distancia, dejando abiertas las grandes heridas: falta de personal sanitario, estructuras obsoletas y déficit de formación. “¿De qué sirve tener un montón de datos si el médico tiene dificultades para transmitir a su paciente que tiene una enfermedad grave? Continuamos por el camino de la deshumanización”, denuncia.
La religión de la ciencia
La deshumanización, la falta de empatía, de poder mirar a cada persona como única, también está detrás de lo que Jara llama “la religión de la ciencia: el cientifismo”, una corriente con una notable fuerza, cuya manifestación más radical lleva al reduccionismo de la concepción del ser humano, y en última instancia, al robo de su libertad. El cientifismo es la creencia en que la ciencia es la única posibilidad de conocimiento, y la única fuente de esperanza. El cientifismo, por ejemplo, ve la depresión únicamente como un desequilibrio de transmisores que hay que regular, sin tener en cuenta nada más.
“Los cientifistas anteponen la ciencia a todo lo demás, incluso a los intereses de las personas, ignorando que hay áreas de conocimiento que exceden del ámbito científico. Por eso son sectarios”, subraya. El autor reconoce el enorme valor que ha tenido y tiene la ciencia, pero apela al espíritu crítico y a la apertura para integrar otras terapias. “Hay que dejar de etiquetar la medicina. La Medicina es una”, sostiene.
Y se hace eco de las recomendaciones de una doctora: “Si el paciente está tomando antibiótico, es conveniente darle además un pre y probiótico para recuperar la flora intestinal tras el tratamiento, corregir la dieta durante ese período y aumentar las defensas para que cuando termine no diga: estoy cansado, debilitado y con las heces sueltas”.
“Hay mucho trabajo por hacer por la integración de diferentes disciplinas y saberes médicos y ello puede ser especialmente útil con las enfermedades crónicas, y en la prevención para no enfermar”, concluye.