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Es nuestro escudo protector y cumple funciones esenciales para nuestra salud. Además de ser el órgano más grande del cuerpo y el que más expuesto se encuentra a los agentes externos (frío, calor, aire o bacterias), ejerce un papel relevante en el sistema inmunitario.

Beber dos litros diarios de agua y apostar por productos que tengan pocos componentes químicos son dos de las premisas que tiene que seguir todo aquel que quiera tener una dermis saludable, así lo subrayan los expertos en dermatología de la Fundación Piel Sana.

La piel es la responsable de mantener los fluidos corporales dentro del cuerpo, evitando la deshidratación, protege contra bacterias y virus que pueden provocar infecciones, regula la temperatura del cuerpo y elabora vitamina D cuando recibe el sol, entre otras funciones.

Tiene propiedades melanogénicas, detergentes, inmunológicas, metabólicas y enzimáticas, termorreguladoras y sensoriales, por eso, el uso de jabones, lociones y aceites de calidad son esenciales para preservar nuestro bienestar.

Según apunta la Clínica Mayo, el sol, fumar, las cuchillas para el afeitado, una dieta poco saludable o el estrés son algunos de los factores de riesgo que pueden promover el envejecimiento de la piel.

Sin embargo, también es importante tener en cuenta que cada parte del cuerpo requiere de cuidados específicos, ya que las necesidades son distintas. Ruth Lucas, formadora de Weleda, señala que debemos utilizar cremas especializadas dependiendo de la zona del cuerpo, ya que “la estructura y las necesidades del rostro son diferentes a las del resto del cuerpo, por ejemplo”.

Por eso, la experta de Weleda, destaca la importancia del cuidado cosmético, concretamente en el rostro, y recuerda que “un cuidado adecuado y a medida nos va a proporcionar la hidratación, nutrición, elasticidad y protección necesarias para poder desarrollar correctamente todas sus funciones”.

De esta manera, podremos evitar o prevenir algunos de los trastornos más comunes de la piel como el acné, urticaria, rosácea, dermatitis, eczema, psoriasis, celulitis, o melanoma, entre otras muchas. Pero no solo eso, sino que evitaremos la sequedad, fomentaremos la luminosidad y elasticidad y evitaremos los signos cutáneos de la edad como arrugas o líneas de expresión.

¿Cómo elegir correctamente?

Independientemente del tipo de crema que utilicemos, existen unos ingredientes mínimos que tienen que tener los productos que utilicemos. En este sentido, Ruth Lucas asegura que “todas las lociones faciales deben aportar vitaminas, minerales y antioxidantes”. Sin embargo, recalca la importancia de elegir una u otra en función del rango de edad, ya que la firmeza, elasticidad, arrugas, luminosidad, manchas, grasa o sequedad varían.

En el caso de las cremas corporales, la formadora insiste en que, a pesar de que hay partes del cuerpo que se encuentran menos expuestas (dependiendo de la época del año), también requieren un cuidado específico: “Al estar más sometidas al roce de las prendas, especialmente las sintéticas, en épocas más frías y de la exposición a la climatología (en verano), y al tener menos glándulas sebáceas, la piel se reseca más”, apunta, por lo que debemos cuidar de la misma forma la piel corporal.

Por su parte, la responsable del área de marketing de Armonía Cosmética Natural, María Gómez, cree que es importante que, a la hora de adquirir una crema, tengamos en cuenta dos aspectos esenciales: Primero, cuál es la necesidad o el objetivo, es decir, “tener claro qué estamos buscando para mejorar la calidad de nuestra piel: hidratación, protección solar, manchas, arrugas, luminosidad, etc.”. Y, segundo, debemos conocer el estado de nuestra piel en cada momento, “ya que este puede variar considerablemente según los diversos factores internos y externos a los que es sometida diariamente”, apunta.

Sin embargo, María Gómez asegura que “mantener la piel hidratada y protegida siguen siendo los principales objetivos, y a veces los únicos, lo cual buscamos en nuestra crema facial diaria”. Porque, en sus palabras, “un rostro deshidratado propicia una piel apagada y, debido a la falta de elasticidad, la deshidratación será una de las principales consecuencias de la aparición de líneas de expresión e imperfecciones más marcadas”.

Pero, entonces, ¿cuál sería el tratamiento óptimo para nuestra piel facial? María Gómez asegura que el que trabaje “la hidratación, la protección solar, la elasticidad y la luminosidad de la piel”. En la misma línea que Ruth Lucas, la experta de Armonía Cosmética Natural, señala que en la formulación de los productos que utilicemos, no deben faltar algunos ingredientes clave “como la vitamina C, los activos antiaging como el bakuchiol, y regeneradores como el ácido glicólico y la niacinamida para mejorar el aspecto de nuestra piel”.

Para evitar la acumulación de células muertas en la capa más externa de la piel, Lucas recomienda realizar una exfoliación periódica, ya que así conseguiremos “texturizar, unificar el tono y asegurar que el producto que utilicemos sea eficaz”.

Una crema para cada tipo de piel

En general, hay cuatro tipos de piel: normal, seca, grasa y mixta. Aunque es cierto que existen personas que tienen piel con tendencia acneica, sensible o madura que necesitarán cremas más específicas.

La principal causa de la piel seca es la deshidratación, además, apunta María Gómez, “carece de los lípidos necesarios, por lo que requiere una crema que le proporcione humedad y le ayude a formar un escudo protector”. Por tanto, este tipo de lociones deben tener como propósito principal influir en el aumento del flujo de agua y la absorción de nutrientes.

En cuanto a las pieles mixtas, “es muy común que se observen poros dilatados y brillos en la zona frontal del rostro (en la zona de la frente y la nariz), asimismo la piel suele presentarse como tirante”. Por ello, debemos prevenir también la aparición de sequedad. Y, en este caso, aconseja el uso de “productos no comedogénicos y de textura ligera” que aporten un extra de hidratación.

Por último, las pieles grasas se caracterizan por el exceso de sebo (grasa sólida) en el rostro, que “muchas veces desencadena en acné”. Para ello, la experta de Cosmética Armonía subraya que “la limpieza diaria es vital”. Y añade que lo ideal es elegir “cremas no comedogénicas, ya que son las mejores para evitar la obstrucción de los poros y conseguir el nivel de hidratación deseado”.

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