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Correr es una actividad que está de moda. Cada día más gente practica este deporte. Si bien es cierto que posee muchos beneficios, también hay que destacar que es uno de los que más lesiones producen debido a su exigencia y su alto impacto.

Todo el mundo puede ponerse unas zapatillas y salir a correr, pero correr es algo más, pues los profesionales que nos dedicamos a trabajar con los deportistas sabemos que no es tan sencillo como parece; requiere de una preparación adecuada y seguir unos consejos básicos para poder alcanzar nuestros objetivos y minimizar el riesgo de lesión.

Lo primero que habría que hacer sería preparar un programa de entrenamiento en función de nuestro objetivo, con el que ir progresando poco a poco para que nuestro cuerpo sea capaz de irse adaptando a los estímulos que generamos sobre él.

En este período es importante que nos asesoren sobre la técnica de carrera adecuada, ya que es imprescindible conocer la biomecánica a nivel básico para que nuestro sistema músculo-esquelético trabaje de la forma correcta y nuestros músculos y articulaciones no generen más esfuerzo del necesario. Además, es fundamental conocer el tipo de calzado adecuado en función de nuestra pisada, la duración de la carrera, e incluso el terreno sobre el cual vamos a correr.

Algunos de los errores que más frecuentemente se producen suelen ser:

  • A nivel del pie: pisar fuerte con el medio y retropié, no dejando que el cuerpo disperse la fuerza, lo cual puede provocar problemas en los meniscos y en los discos intervertebrales, e irritación o inflamación en la planta del pie.
  • A nivel de hombros y brazos: generar un braceo excesivo que sólo es necesario para carreras de explosividad y de corta distancia, elevando los hombros y separando los brazos del cuerpo. Además de no resultar eficaz, provoca contracturas y sobrecarga especialmente el cuello y los trapecios.
  • A nivel postural: inclinar el cuerpo demasiado hacia adelante o hacia atrás es conveniente sólo en  momentos de desnivel y de forma moderada, puesto que esta postura desplaza nuestro centro de gravedad perjudicando nuestra dinámica, generando hiperlordosis o rectificaciones a nivel de columna, y provocando que el impacto se absorba mal y en mayor medida en las zonas hacia las cuales desplazamos el peso.

Antes de una carrera, para que nuestro organismo salga invicto es fundamental realizar un correcto calentamiento articular, seguido de unos estiramientos dinámicos y un trote suave, acabando con unas series donde vigilemos la técnica de carrera, cada vez acelerando con más intensidad, subiendo el ritmo y disminuyendo nuestra cadencia.

Antes de someter al cuerpo a un esfuerzo, hay que activarlo con ejercicios que lubriquen las articulaciones, preparen la musculatura y aumenten la frecuencia cardiaca y respiratoria.

También hay que tener una correcta alimentación e hidratación, que en función de la duración debe ser programada incluso con días de antelación para adquirir reservas de glucógeno y agua que nos permitan que nuestra “gasolina” no se agote, sobre todo en las carreras de larga distancia y ultras.

Después de correr, el impacto generado en las articulaciones y todo el sistema motor generan en el cuerpo inflamaciones, roturas fibrilares y sobrecarga. Hay que entender que el impacto según la persona y el tipo de terreno puede multiplicar entre 3 y 5 veces el peso corporal en cada zancada. Por ello, suele ser conveniente aplicar crioterapia en forma de hielo, con crema o bien sencillamente con agua en la ducha, así como estirar para intentar devolver elasticidad y tono normal al músculo fatigado; aunque si los estiramientos son realizados muy próximos a la actividad, éstos deberán hacerse de forma muy suave y relajante para no provocar mayor rotura que la ya existente y evitar lesionarnos.

Por estos y otros motivos, la Osteopatía es muy beneficiosa para los corredores, ya que no sólo puede aportar conocimientos de gran ayuda para el deportista, sino que es ideal tanto antes y después de correr, a modo preventivo y también para tratar y corregir algunas de las lesiones más típicas de esta práctica: sobrecargas musculares, tendinitis rotuliana y aquilea, cintilla iliotibial, periostitis tibial, fascitis plantar, esguinces de tobillo y rodilla, etc.

La Osteopatía es experta en el área del movimiento, analizando y trabajando los problemas que puedan ocasionar lesiones derivadas de una mala postura, como una mala alineación de rodillas (varo o valgo), diferencia de longitud en las piernas, mala pisada, escoliosis y, en definitiva, cualquier desequilibrio corporal que pueda hacer que nos lesionemos por no correr de la forma correcta. Posee una gran cantidad de técnicas tanto de diagnóstico osteopático como de tratamiento osteopático a nivel articular, muscular y ligamentoso.

A partir de este análisis tan exhaustivo e individualizado, se ha de ejercer una labor didáctica para ayudar a la persona a adquirir unos hábitos beneficiosos para su salud, enseñando la forma y modo de realizar estiramientos, sobre todo en aquellas zonas especialmente tonificadas; así como también a realizar potenciación muscular selectiva (PMS) en las zonas más débiles para que su cuerpo adquiera un mayor control motor y equilibrio, lo cual resulta básico para realizar una actividad tan bonita pero a la vez tan exigente como el running.

Gaby Díaz

Osteópata y socio de COFENAT

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