Sección: Expertos
Publicación: Revista nº 145
Lucía Redondo Cuevas: "La digestión debería ocurrir sin que nos enteráramos"
Esta profesional de la nutrición es experta en trastornos digestivos y en sus consultas, no sólo tiene en cuenta la parte física de la dolencia de cada paciente, sino también la parte emocional.
La salud digestiva es un pilar fundamental del bienestar general, pero muchas veces ignoramos los signos tempranos de desequilibrio. Lucía Redondo Cuevas es experta en nutrición y salud digestiva y estudia a las personas de una forma integral para identificar esos signos y tratarles de manera holística. Para ello, se centra en el bienestar físico, pero, también, en el emocional.
Su afán de conocimiento la llevó a estudiar otro Máster, esta vez sobre los Condicionantes Genéticos, Nutricionales y Ambientales del Crecimiento y Desarrollo en la Universidad Rovira i Virgili. Después de una intensa investigación en el ámbito de los aceites y especias, recibió el Doctorado en Ciencias por la Universidad Católica de Valencia, donde reside actualmente y dirige a un equipo de profesionales en su clínica online www.redondocuevas.com.
¿Cuáles son los signos más comunes cuando el aparato digestivo no funciona correctamente, incluso antes de que notes una enfermedad diagnosticada?
Muchas veces el cuerpo nos da señales mucho antes de que se manifieste una patología concreta o llegue un diagnóstico médico. Algunos de los signos de alerta más frecuentes son las digestiones pesadas, la hinchazón abdominal recurrente, la excesiva formación de gases, la alteración del ritmo intestinal (como estreñimiento o diarrea), el reflujo, el mal aliento e incluso ansiedad por la comida.
Lo cierto es que el proceso digestivo debería transcurrir sin que apenas lo notemos. Sin embargo, muchas personas han llegado a normalizar ciertas señales que no deberían ser normales. Por eso es clave aprender a identificarlas a tiempo, escucharlas y abordarlas de forma adecuada antes de que evolucionen hacia algo más serio.
¿Cómo influye la permeabilidad intestinal en las enfermedades autoinmunes y qué hábitos alimenticios pueden fortalecer la barrera intestinal para reducir la inflamación de manera natural?
La relación entre el intestino y las enfermedades autoinmunes es cada vez más evidente. De hecho, alrededor del 80% del sistema inmunitario reside en el intestino, lo que nos da una idea clara de la importancia de su cuidado.
Cuando la barrera intestinal se ve alterada —lo que conocemos como "aumento de la permeabilidad intestinal"— pueden pasar al torrente sanguíneo sustancias que normalmente deberían quedar confinadas en el intestino. Esto puede desencadenar respuestas inflamatorias e inmunitarias anómalas, favoreciendo el desarrollo o el empeoramiento de enfermedades autoinmunes. Por eso, proteger la microbiota y restaurar la integridad de la mucosa intestinal resulta clave tanto en la prevención como en el tratamiento.
A nivel nutricional, no se trata solo de alimentar nuestras propias células, sino también de nutrir a nuestras células microbianas. Es fundamental incluir en la alimentación alimentos ricos en antioxidantes, como especias y frutos rojos, así como alimentos fermentados naturales como la kombucha, el kéfir o el chucrut. También es importante consumir fibras fermentables (si se toleran bien), como boniato y patata cocinados y enfriados, zanahorias, manzanas, puerros y espárragos, que contribuyen al equilibrio del ecosistema intestinal.
Existe mucha confusión en torno al SIBO. ¿Podrías definirlo y explicar el error más frecuente que cometen los pacientes y los profesionales de la salud?
El SIBO, por sus siglas en inglés (Small Intestinal Bacterial Overgrowth), hace referencia a un sobrecrecimiento de bacterias en el intestino delgado, donde normalmente debería haber una baja densidad bacteriana. Ahora sabemos que, si hay SIBO, existe una disbiosis subyacente: es decir, un desequilibrio en el ecosistema microbiano intestinal y saberlo, es fundamental para abordar el tratamiento de forma efectiva y duradera.
El error más común es centrarse únicamente en eliminar bacterias con antibióticos, sin atender las causas que permitieron que esta disbiosis se desarrollara.
En muchos casos, el uso exclusivo de antibióticos puede incluso empeorar la ecología intestinal a largo plazo.
Por eso, en nuestra práctica clínica, apostamos por un enfoque integrativo y respetuoso con la microbiota, que combina herramientas como herbáceos (plantas medicinales), probióticos, glutamina para recuperar el equilibrio intestinal y estrategias nutricionales individualizadas para restaurar el equilibrio intestinal.
La histaminosis es un problema poco conocido, pero muchas personas la padecen sin saberlo. ¿Cómo se puede abordar?
La histaminosis se produce cuando se acumula histamina de forma excesiva en el organismo, lo que provoca síntomas diversos como migrañas, picores en la piel, taquicardias, molestias digestivas, insomnio y cambios en el estado de ánimo. Esta gran variedad de síntomas y el hecho de que no siempre se presenten de forma inmediata tras consumir alimentos ricos en histamina, hace que sea una condición difícil de identificar y, a menudo, infradiagnosticada.
Muchas personas con trastornos digestivos crónicos pueden tener histaminosis y la clave está en encontrar su causa, ya que no se trata sólo de hacer una dieta baja en histamina, sino de abordar el origen del problema, que puede estar en la acumulación de metales pesados, exposición a mohos, candidiasis intestinal o parásitos.
En el caso de enfermedades inflamatorias intestinales como Crohn o colitis ulcerosa, ¿cómo puede ayudar la alimentación a evitar los brotes?
La alimentación desempeña un papel fundamental en el manejo de las enfermedades inflamatorias intestinales, pero debe ir acompañada de otros pilares clave como el ejercicio, la exposición al sol y el descanso.
Los productos ultraprocesados, los aditivos sintéticos, los azúcares añadidos y los aceites refinados son algunos de los principales agresores del intestino inflamado. También suele ser recomendable evitar el trigo y los lácteos, ya que estas personas suelen ser especialmente sensibles a estos alimentos.
Durante los brotes activos, estrategias como la dieta baja en FODMAP (diseñada específicamente para reducir la carga fermentativa) o los compuestos azufrados, pueden ser de gran ayuda para aliviar síntomas. Además, el timing de las comidas cobra especial relevancia.
Espaciar las ingestas, reducirlas a dos o tres al día, y alargar el tiempo entre la cena y el desayuno (idealmente unas 12 horas) puede favorecer el descanso digestivo, la recuperación de la mucosa intestinal y el equilibrio de la microbiota.
Otro tema de actualidad en digestivo es la candidiasis intestinal. ¿Cómo se puede sospechar que se tiene y cuál es su tratamiento?
La candidiasis intestinal es una condición infradiagnosticada y genera síntomas muy similares al SIBO como hinchazón, alteración del tránsito intestinal, etc. Sin embargo, hay ciertas pistas que pueden hacer sospechar que el origen no es bacteriano, sino fúngico.
Una de las señales más características es la intolerancia a los hidratos de carbono: muchas personas con candidiasis experimentan fatiga extrema, niebla mental e incluso una especie de "borrachera ligera" tras consumir azúcares o almidones. Esto se debe a que la Candida albicans en su forma patógena puede fermentar los carbohidratos y transformarlos en alcohol dentro del intestino. Otra clave es la presencia de síntomas extradigestivos como cefaleas, cambios de humor, dificultad para concentrarse, picores, alteraciones menstruales o síntomas similares a los de la histaminosis, lo que a menudo genera confusión diagnóstica.
El diagnóstico es más complejo, de hecho, muchas personas diagnosticadas con SIBO en realidad presentan un sobrecrecimiento fúngico intestinal (SIFO), y si se tratan exclusivamente con antibióticos pueden empeorar su situación, al eliminar bacterias protectoras y dejar el terreno aún más favorable para la cándida.
¿Cómo influye el estrés en la salud digestiva y qué recomiendas para mitigar su impacto?
El estrés crónico tiene un efecto profundo sobre la salud digestiva. Puede alterar el tránsito intestinal, reducir la producción de jugos digestivos, desequilibrar la microbiota y aumentar la permeabilidad intestinal. De hecho, en muchas patologías digestivas crónicas el estrés no es solo un agravante, sino una causa subyacente que pasa desapercibida. La relación es bidireccional.
El estrés emocional es el que más impacto tiene en el sistema digestivo. Para reducirlo, es importante reflexionar sobre nuestro bienestar, tomar decisiones alineadas con nuestros valores y estimular el sistema nervioso parasimpático (el de la calma). Prácticas como el ejercicio, la respiración profunda y la meditación pueden ayudar mucho en este proceso.
En tu consulta ¿qué cambios de alimentación generan un mayor impacto positivo en la calidad de vida de los pacientes con problemas digestivos?
Si tuviera que destacar un único cambio con una influencia profunda en estos pacientes, sería la organización de los horarios de comida: espaciar las ingestas y reducir su número a dos o tres al día, respetando al menos 12 horas entre la cena y el desayuno, y procurando cenar temprano, dejando un margen mínimo de dos horas antes de acostarse. Este patrón alimentario tiene un efecto directo en la regulación digestiva, la función de la microbiota y la reparación de la mucosa intestinal.