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  Noticia del: 15-02-2021

Cada vez con más frecuencia los especialistas recomiendan el consumo de probióticos y prebióticos, tanto a través de la dieta como en forma de suplementos, para contribuir al bienestar del organismo

Están en boca de todos desde que se conoce cada vez más su ‘gran secreto’: son un gran potencial para preservar la salud de los seres humanos. Hablamos de los probióticos que, junto con los prebióticos, conforman dos de los elementos más estudiados de la microbiota intestinal. Esta última se la considera ya como el ‘superórgano’ de nuestro cuerpo. Se trata del conjunto de bacterias, virus, hongos y protozoos que habitan dentro y sobre la superficie de nuestro cuerpo y cuyo rol es clave para el saludable desarrollo de nuestra vida. También se la conoce como flora intestinal y alberga hasta 100.000 millones de microbios. La ciencia establece que tiene el potencial de determinar la salud y la enfermedad de cada individuo, sobre todo en el campo de la inmunología. Pesa entre 1,5 y 2 kilos y representa el 99% de todos los microorganismos que residen en el cuerpo humano. Todos ellos incluyen como mínimo 1.000 especies diferentes de bacterias que comprenden más de 3 millones de genes (150 veces más que en el genoma humano). Se sabe que tanto lo probióticos como los prebióticos comparten efectos beneficiosos para la microbiota, pero ambos son distintos.

Según el doctor Guillermo Álvarez Calatayud, presidente de la Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos (SEPyP), “en 2001, una comisión de expertos internacionales convocados de forma conjunta por la FAO y la OMS definió a los probióticos como ‘microorganismos vivos que cuando se administran en cantidades adecuadas confieren un beneficio a la salud del hospedador’. Los prebióticos son ingredientes alimentarios que producen una estimulación selectiva del crecimiento y/o actividad de uno o de un limitado número de géneros/especies de microorganismos en la microbiota intestinal, confiriendo beneficios para la salud del hospedador”.

Así, los primeros son las bacterias intestinales promotoras de la salud y se encuentran en productos alimenticios fermentados como yogur, chucrut, kimchi y kombucha, y muchos tipos de probióticos son similares a las bacterias que residen naturalmente en nuestro interior. Su misión es evitar que las bacterias dañinas dominen su sistema y generen problemas como inflamación, infección o síntomas gastrointestinales relacionados con la diarrea y el síndrome del intestino irritable. Los prebióticos, a diferencia de los probióticos, no son organismos vivos. Son fibras solubles y fermentables que no se pueden digerir en el estómago, lo que les permite progresar en el intestino donde son absorbidos por los probióticos y fermentados en ácidos grasos de cadena corta. Son estos ácidos grasos los que nos brindan todos los beneficios que nos mantienen saludables, mucho después de que hayamos comido nuestra última cucharada de yogur griego, por citar un ejemplo.

Sabemos, ahora, como aclara el doctor Guillermo Álvarez, que “la modulación de la microbiota para mejorar la salud se ha efectuado empíricamente desde tiempos ancestrales. Existen noticias de su uso, por ejemplo, en alimentos fermentados para el tratamiento de infecciones gastrointestinales desde el año 76 a.C. Sin embargo, no fue hasta 1910 cuando Elie Metchnikoff observó que los habitantes de las aldeas de los Balcanes alcanzaban edades muy avanzadas. Relacionó este hecho con el consumo habitual de una leche fermentada y postuló que las bacterias implicadas en dicha fermentación serían las responsables de su longevidad. Este hecho se olvidó durante casi todo el siglo XX y sólo desde hace unos pocos años se han empezado a emplear preparados con probióticos para prevenir y curar diversas enfermedades”. De hecho, como insiste el experto, “sabemos que una adecuada microbiota contribuirá a un sistema inmunitario eficiente para defendernos frente a los microorganismos perjudiciales, pero que también sea tolerante con las sustancias extrañas (antígenos) inocuas, lo que evita así las alergias en general, además de las alimentarias en particular. También esa microbiota eubiótica permitirá un sistema nervioso saludable y apropiadas respuestas conductuales a lo largo de la vida”.

De la misma opinión se muestra el equipo del Instituto de Obesidad (IOB) de Madrid, dirigido por el doctor Adelardo Caballero: “Tanto los probióticos como los prebióticos juegan un papel importante en la salud puesto que conllevan numerosos beneficios. Entre ellos la prevención y tratamiento de diarreas infecciosas producidas por virus y la prevención de gastroenteritis asociada al uso de antibióticos. Asimismo, tienen una acción beneficiosa sobre la intolerancia a la lactosa, efectos en el tracto digestivo, tanto en el síndrome del intestino irritable como en la enfermedad inflamatoria intestinal. Se añaden los posibles efectos beneficiosos en las afecciones por Helicobacter pylori, así como en el tratamiento de las alergias”. Otros efectos a tener en cuenta, según el IOB, son “los extradigestivos: prevención y mejora de candidiasis, así como en el eczema atópico y en la posible absorción del colesterol. Sin embargo, no hay evidencias definitivas de que la ingestión de probióticos pueda tener efectos en prevención del cáncer de colon o de vejiga”.

Actualmente, existe en el mercado una amplia gama de probióticos con presentaciones completas y eficaces que ayudan a restablecer el importante equilibrio de la microflora intestinal, reforzando el sistema inmunitario y combatiendo los síntomas asociados a sus posibles desequilibrios. Conviene, en todo caso, buscar aquéllos con cápsula de cobertura entérica que protegen a los probióticos del ácido del estómago, permitiendo así que lleguen íntegramente al intestino y garanticen una eficacia máxima hasta 100 veces mayor que las cápsulas vegetales convencionales.

En este sentido, el presidente de la SEPyP, reconoce: “Hay una serie de características esenciales que deben presentar aquellos microorganismos para ser catalogados como probióticos y que tienen que permanecer inalteradas en los preparados comerciales que pueden administrarse como parte de un alimento, como medicamentos y como suplementos dietéticos”:

·         Ser seguros. No ser patógenos y sin efectos adversos.

·         Estar vivos pero, además, permanecer vivos y resistir las secreciones gástricas, biliares y pancreáticas.

·         Permanecer estables durante la vida útil del producto.

·         Contener la cantidad adecuada de microorganismos viables para lograr el efecto beneficioso.

·         Contar con estudios científicos controlados de eficacia en humanos que les respalden y demuestren el beneficio específico que presenta la cepa o mezcla de cepas.

Definitivamente, los probióticos y prebióticos son unos grandes aliados de nuestro organismo. Lo importante es estar bien informado de las distintas gamas de productos, asesorarse por especialistas y no dudar en consultar con su prescriptor o dispensador.

 

 

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