Los ecoactivos ganan adeptos, los ecorresignados los pierden
En 2030 más de la mitad (53 %) de la población mundial será ecoactiva, es decir, serán «consumidores verdes» que ejercerán acciones sostenibles con el planeta en su día a día. Y es que, tal y como muestra el estudio «Who Cares, who does 2021», el porcentaje de hogares ecoactivos suma adeptos año tras año: desde 2019 hasta hoy ha crecido 6 puntos, hasta el 22 %
Justo en el otro extremo, los ecorresignados, individuos que no ejercen acciones a favor del medioambiente, bajan un 9 %, pasando de ser casi la mitad, un 49 % en 2019, al 38 % en 2021. «La pandemia y el confinamiento han ayudado a reforzar estos hábitos sostenibles, la gente ha entendido que la necesidad de cuidar el planeta es obligada e inminente», afirma Neus Soler, profesora colaboradora de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC.
De hecho, el 49 % de los encuestados afirma estar mucho más o más preocupado por la sostenibilidad después de la crisis de la COVID-19. «La pandemia nos ha hecho socialmente más 'sensibles': en tiempos de crisis o dificultades económicas y sociales los ciudadanos se vuelven más solidarios y están dispuestos a hacer más sacrificios por el bien común», añade Juan Carlos Gázquez-Abad, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC.
Niños y niñas: los influencers más verdes y que más presión ejercen
Este cambio también se explica, en parte, por la influencia que los más pequeños de la casa ejercen en la familia: según el informe, los niños son los influenciadores más importantes para cambiar nuestros hábitos (un 36 % de los encuestados así lo determina). «Los jóvenes son el segmento llamado a liderar ese proceso de transformación medioambiental» de la sociedad, han crecido en un entorno y una sociedad donde los conceptos de responsabilidad medioambiental y social son algo habitual», afirma Gázquez-Abad. Nuevos hábitos que van de una cultura medioambiental que se trabaja en la escuela, a casa, y que presiona a cambiar de prácticas. «Esa conciencia medioambiental la trasladan a los adultos de la familia, influyendo en la adopción de hábitos medioambientales más responsables», añade Soler.
Esto, según los expertos, puede empujar a lo que se conoce como el «efecto Greta» en el consumo: pagar más por un producto porque es más sostenible. «Si el producto ofrece un valor añadido real, como el hecho de que sea ecológico o de que se haya producido de una forma sostenible, y forma parte de las preferencias del consumidor/familia, estarán dispuestos a pagar más», explica Soler.
A mayor PIB, más verdes somos
Otra de las conclusiones es que la conciencia medioambiental depende también del PIB de nuestro hogar; así, la mayoría de los países desarrollados tienen una mayor proporción de activos ecológicos (30 %) y aquellos con más dificultades económico-sociales tienen menos ecoactivos (16 % de media). Alemania, Bélgica y Hungría son los tres países europeos más verdes; al otro lado, América Latina (exceptuando Chile), Arabia Saudí y China son los que menos. «Un PIB alto se corresponde con países económicamente más poderosos y, posiblemente, con una población más desarrollada y con mayor formación y capacidad para desarrollar mejores puestos de trabajo. La educación y la concienciación medioambiental es algo que está muy correlacionado», afirma Gázquez-Abad, que añade que «es evidente que los países más pobres –y, por tanto, con PIB más bajo– van a tener otras preocupaciones más relevantes que el comportamiento medioambiental (p. ej., encontrar trabajo o mejorar su nivel de remuneración)».