Los últimos datos de Eurostat contradicen la reducción del uso de pesticidas declarada por la Comisión Europea
Bruselas sostiene que el uso y riesgo de los pesticidas en la UE cayó un 61% hasta 2023, mientras que según los datos de Eurostat las ventas medias conjuntas en España, Francia y Alemania, los países más consumidores, son similares desde hace más de una década.
Eurostat acaba de publicar los últimos datos oficiales disponibles sobre las ventas de pesticidas en la UE, correspondientes a 2024, que sugieren que no se ha producido la reducción del 61% en el uso y riesgo de los pesticidas hasta 2023 que proclama la Comisión Europea. De hecho, las cifras de Eurostat muestran que no se apreció reducción alguna en las ventas medias conjuntas de los tres países con un mayor uso de pesticidas (España, Francia y Alemania) entre el periodo de referencia 2011-2013 y el de 2020-2024. En cuanto a la totalidad de la UE, en los 27 países solo se habría producido un ligero descenso de en torno a un 5% que, además, no se debería a medidas específicas sino, sobre todo, a la coyuntura económica derivada de la guerra en Ucrania.
Esta incongruencia en las cifras pone en evidencia la escasa fiabilidad del indicador oficial HRI1 (Indicador de Riesgo Armonizado 1), basado en un método de cálculo cuestionado por científicos, agencias ambientales e incluso el Tribunal de Cuentas Europeo. La organización PAN Europe encabezó una denuncia colectiva ante el Defensor del Pueblo europeo por la manipulación de datos asociada a este indicador. Como criticaba su director ejecutivo, Martin Dermine, los datos disponibles muestran que no se ha producido una reducción sustancial en el uso de plaguicidas tóxicos.
Según Carlos de Prada, responsable de la iniciativa Hogar sin tóxicos, que colabora con PAN Europe en la difusión de estas problemáticas desde España, “en lugar de tomar medidas reales para reducir el uso de pesticidas, la Comisión Europea prefiere engañar a la ciudadanía con datos falseados, fingiendo que se está resolviendo un problema que, en realidad, empeora, contaminando cada vez más nuestros alimentos y los ecosistemas. Esto puede ser especialmente grave en el caso de España, el país de la UE que más ha usado estos venenos en 9 de los 14 años del periodo 2011-2024 y donde más falta hace una reducción real de estas sustancias, no cifras maquilladas”.
Ocultar el incumplimiento de compromisos
De Prada apunta también que la Comisión Europea “lleva tiempo saboteando los objetivos de reducción del uso de estas sustancias peligrosas en la agricultura, violando así sus propios compromisos. La manipulación de los datos sirve para ocultarlo, favoreciendo los intereses de algunas industrias químicas que no quieren una reducción real del uso de los venenos que venden porque eso disminuirá sus beneficios”.
En 2020, la Comisión Europea, ante la evidencia científica de la seria amenaza que representaba el uso masivo de estas sustancias tóxicas en la agricultura, se comprometió con el objetivo de reducir en un 50% el uso y el riesgo de los plaguicidas para el año 2030, dentro de la Estrategia de la Granja a la Mesa del Pacto Verde europeo. También estableció el objetivo de conseguir que, en el mismo periodo, un 25% del total de la superficie agraria de la UE fuese ecológica (un modo de agricultura que excluye el uso de pesticidas sintéticos).
En este contexto, se hacía necesario contar con un instrumento, un indicador que, con la toma y análisis de datos, permitiese verificar que realmente se estaba cumpliendo el objetivo de reducir el uso de pesticidas. Lamentablemente, explica De Prada, “tras la invasión de Ucrania, el lobby químico consiguió modificar la postura de la Comisión y en lugar de utilizar un indicador fiable, optó por el Indicador de Riesgo Armonizado 1 (HRI1), un controvertido sistema que fue alabado por las empresas que comercializan pesticidas, ahora agrupadas en Croplife Europe”.
Organismos críticos con el HRI1
El método, que permite obtener datos engañosos, ha sido criticado por científicos y diversas entidades como, por ejemplo, el Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente de Francia (INRAE), el Tribunal de Cuentas Europeo o la Agencia de Medio Ambiente de Alemania, que denunció con contundencia que el HRI1 no es científico y “calcula una reducción del uso de pesticidas donde en realidad no se produce”, lo que pone en grave riesgo que se cumpla el objetivo de reducción del uso de estos venenos en la UE. Porque se puede aparentar, subraya este organismo, “cumplir sobre el papel” tales objetivos en poco tiempo sin que disminuya realmente el uso de plaguicidas.
La agencia alemana, al igual que PAN Europe, denuncia que el HRI1 exagera la supuesta reducción del riesgo de los pesticidas sintéticos con trucos como inflar artificialmente el nivel de riesgo que se asigna a algunos pesticidas que pierden su autorización, de modo que cuando se retiran, se aparenta falsamente que ha desaparecido una gran cantidad de riesgo, sin tener en cuenta que, además, esos pesticidas pueden ser reemplazados por otros con un nivel de riesgo similar o superior. Se han realizado estimaciones, empleando otros indicadores más fiables que el HRI1, que muestran que el riesgo de los pesticidas tanto para los seres humanos como para los ecosistemas se ha incrementado y no reducido en la UE.
Para Carlos de Prada, “eso no es todo. La situación creada por el empleo de este sistema trucado es aún más grave. Es un sistema doblemente perverso, porque no solo quita importancia al grave problema de contaminación por pesticidas sintéticos, sino que, de forma aún más maliciosa, agrede directamente a la imagen de la agricultura ecológica que es, precisamente, la práctica agrícola que mejor garantiza que se cumplan los objetivos de reducción en el uso de esos venenos, presentando como un supuesto problema lo que resulta ser la solución, ya que la agricultura ecológica no depende del uso de los pesticidas sintéticos”. Contra toda lógica y respeto por los hechos objetivos, “el indicador crea la falsa apariencia de que algunas sustancias naturales de baja o nula toxicidad que a veces se emplean en la agricultura ecológica representan un problema mayor que los venenos de la máxima potencia que se emplean en la agricultura industrial convencional”, zanja De Prada.
Cálculo de riesgos por volumen y no por toxicidad
Y esto ocurre porque el HRI1 usa un sistema de cálculo que se basa ante todo en el volumen de sustancia empleada y no tanto en su toxicidad y que adjudica caprichosamente un mismo nivel de riesgo a sustancias sintéticas altamente tóxicas que a otras naturales que o bien tienen muy baja toxicidad o incluso son inocuas, a pesar de que resulta evidente que unos pocos gramos de un pesticida sintético pueden tener unos efectos tóxicos tremendos, mientras muchos kilos de una sustancia inocua pueden no tener consecuencias.
Aplicando ese sistema trucado, se puede atribuir un riesgo similar a un kilo de insecticida sintético altamente tóxico, como la deltametrina, que a la misma cantidad de arena de cuarzo, inocua, que se emplea en agricultura ecológica. De forma parecida, se atribuye falsamente un riesgo varias veces superior al azufre que al peligroso fungicida penconazol, o al inocuo bicarbonato de potasio que al difeconazol. Algo similar sucede, en general, con la mayoría de las sustancias más naturales empleadas en la agricultura ecológica.
Pero no se trata solo de que la aplicación del HRI1 subestime la toxicidad de los pesticidas sintéticos en general, como los neurotóxicos neonicotinoides, organofosforados o piretroides, y que además cargue las tintas contra las sustancias más inocuas usadas en la agricultura ecológica. Es que también, dentro de los pesticidas sintéticos de la agricultura convencional, favorece precisamente la imagen de los más tóxicos de entre los tóxicos, dado que se fija más en la cantidad de veneno que se aplica por hectárea que en los efectos que causen esos venenos cuando, obviamente, una cantidad menor de un veneno muy poderoso puede causar más daño que una cantidad mayor de otro veneno menos potente, de modo que insecticidas más altamente tóxicos se ven favorecidos.
Como añade finalmente Carlos de Prada, “el indicador HR1 es digno del Ministerio de la Verdad de Orwell, en el que la verdad era mentira y la mentira verdad. Una cortina de humo que oculta lo que sucede realmente, con graves consecuencias para la salud de los ecosistemas y de las personas, que no verán reducirse la presencia de residuos de pesticidas tóxicos en sus alimentos cotidianos. Las mentiras, al fin y al cabo, son tóxicas. Las autoridades europeas deberían proporcionar información fiable, no deberían ser títeres, abonando bulos interesados que favorecen a empresas contaminadoras”.