Un nuevo estudio científico alerta sobre los riesgos hormonales del exceso de cosméticos entre muchas niñas y adolescentes
Los expertos subrayan los riesgos del creciente fenómeno de la cosmeticorexia, que puede exponer a las menores a un cóctel de químicos justo cuando están atravesando una etapa clave de cambios hormonales.
Un estudio científico[i] recientemente publicado en la revista The Journal of Pediatric Pharmacology and Therapeutics, disponible en PubMed, advierte que el marketing en las redes sociales está favoreciendo el incremento[ii] del uso de cosméticos para mujeres adultas por parte de niñas preadolescentes y adolescentes[iii]. El estudio especifica que esto puede exponerlas a sustancias tóxicas como disruptores endocrinos, alérgenos y posibles carcinógenos que podrían estar presentes en algunos de esos productos. Los autores alertan sobre las posibles consecuencias de la exposición temprana y prolongada de las menores a sustancias de este tipo, ya que su organismo es especialmente vulnerable en esas etapas críticas del desarrollo, y piden que se incremente la concienciación sobre este problema y que se establezca una regulación más estricta.[iv]
Carlos de Prada, responsable de la iniciativa Hogar sin tóxicos, que colabora con la European Environmental Bureau (EEB) en la difusión de estos asuntos en España, denuncia que “ni en Estados Unidos, donde se ha publicado el estudio, ni en la UE existe una regulación que proteja adecuadamente a las menores frente a esos posibles riesgos. De hecho, la Unión Europea ha decidido recientemente no solo no mejorar la normativa general de cosméticos, sino incluso debilitarla. Se ha negado, entre otras cosas, a restringir adecuadamente en estos productos, de forma general, la presencia de cualquier sustancia que sea disruptora endocrina y no solo de unas cuantas muy concretas como hasta ahora sucede. Todo ello, a pesar de que los disruptores endocrinos son, precisamente, una de las principales preocupaciones sanitarias en este tema, especialmente en el caso de las niñas”.
Tal y como apuntan los autores del estudio, las niñas y las adolescentes tienen una piel más delgada y permeable, “lo que permite una mayor absorción de sustancias nocivas”, como los disruptores endocrinos, que pueden alterar su equilibrio hormonal, modificando su desarrollo y su salud reproductiva futura[v]. Por otro lado, algunas fragancias y conservantes pueden generar reacciones alérgicas o irritantes y derivar en dermatitis de contacto y exacerbación del acné[vi]. También se señala que la exposición acumulada a lo largo de años a algunos compuestos químicos podría aumentar el riesgo de daños celulares o cáncer.
Daño psicológico para las menores
El estudio también alude expresa y repetidamente al daño psicológico que puede acarrear para las adolescentes esta nueva obsesión por la belleza y los cosméticos[vii]. Con frecuencia se puede estar explotando precisamente la inseguridad de las adolescentes respecto a su imagen para promover el uso de cosméticos que, supuestamente, corregirían “defectos”. Como afirma Carlos de Prada, “a la contaminación mental que supone para muchas niñas y adolescentes estar enganchadas a las redes sociales, viene a sumarse la contaminación química innecesaria a la que pueden exponerse por ello”.
Por otro lado, en el estudio se citan otras investigaciones que también advierten sobre el papel que pueden tener las redes sociales en la posible exposición de las niñas a sustancias perjudiciales a través de la promoción de cosméticos no adecuados para ellas[viii]. Según se denuncia, es frecuente encontrar en Tiktok vídeos protagonizados por niñas influencers recomendando rutinas de cuidado facial no aptas para esas edades. Muchas menores, incluso con menos de 10 años, pueden acabar usando varios productos cosméticos a diario[ix]. Los investigadores advierten que “el uso generalizado de productos originalmente diseñados para la piel adulta puede introducir riesgos como alteraciones hormonales, reacciones alérgicas y exposición prolongada a sustancias químicas nocivas como parabenos, ftalatos, sulfatos y formaldehído[x]”.
Se ha acuñado incluso el concepto de cosmeticorexia para definir la obsesión de muchas niñas por la cosmética. Una obsesión que, para algunas empresas, se está convirtiendo en un floreciente negocio. En un editorial de la revista Dermatologic Therapy, el especialista Giovanni Damiani[xi] daba la voz de alarma sobre este fenómeno hace unos meses[xii]. Una cosmeticorexia que, en alguna medida, apunta Carlos de Prada, “puede ser una cosmeticorexia tóxica[xiii]”.
Más allá de lo que suceda en la adolescencia propiamente dicha, “el que las personas comiencen a usar cosméticos y maquillaje a edades más tempranas aumenta la duración del uso y la exposición acumulada a estas sustancias químicas nocivas, lo que puede incrementar el riesgo de problemas de salud a largo plazo[xiv]”, advierten los científicos.
La UE busca debilitar la regulación de cosméticos
Lamentablemente, a pesar de lo frecuente que es el uso de cosméticos en las adolescentes, e incluso en niñas, la legislación actual no las protege debidamente. Ni en los Estados Unidos, cuya normativa es muy laxa, como denuncian los autores del estudio publicado en Journal of Pediatric Pharmacology and Therapeutics[xv], ni en la UE. Hogar sin tóxicos señala que a pesar de las advertencias científicas está previsto que en octubre[xvi] se apruebe definitivamente el texto del paquete ómnibus[xvii] que ha debilitado algunos aspectos de la regulación de cosméticos europea. Algo que no solo puede ser negativo en el caso de los más jóvenes, sino también, de modo más amplio, para otros sectores de población. Gracias a la iniciativa de algunos eurodiputados se estuvo cerca de que se introdujese una prohibición general de la presencia de sustancias tan preocupantes como las alteradoras hormonales y PFAS[xviii] en los cosméticos[xix]. Pero lamentablemente, la iniciativa fracasó[xx].
Otro aspecto negativo del texto del paquete ómnibus acordado es que, una vez se decide prohibir una sustancia por sus riesgos para la salud, se van a ampliar los periodos de gracia, de modo que dicha sustancia podrá seguir estando presente durante más tiempo en los cosméticos[xxi].También se han introducido requerimientos que podrían dificultar la sustitución de sustancias cancerígenas, mutagénicas o tóxicas para la reproducción por alternativas más seguras[xxii].
Los científicos instan a que, además de mejorar la legislación y el control de lo que se publica en las redes sociales, se pongan en marcha programas educativos dirigidos a padres, médicos y adolescentes para reducir el uso de cosméticos en edades tempranas[xxiii] y, en el caso de que se use alguno, que sean productos realmente más seguros[xxiv].
Concluyen que “los productos actuales se prueban y desarrollan principalmente para adultos, sin tener en cuenta la exposición acumulativa tras una década de uso en la adolescencia. Actualizar la normativa, garantizar un etiquetado adecuado de los riesgos y exigir estudios de seguridad pediátrica contribuiría a prevenir que los jóvenes consumidores se expongan sin saberlo a sustancias tóxicas presentes en productos de belleza y cuidado personal. Proteger la salud de los adolescentes no es opcional, sino un deber ético. La verdadera belleza no reside en el empaque ni en el marketing, sino en asegurar que lo que ofrecemos a las jóvenes no las perjudique”.
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