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  Noticia del: 02-06-2020

COVID-19 nos ha hecho ver de que el deterioro ambiental no se reduce a la contaminación, o la pérdida de biodiversidad, puede incluso, desencadenar el surgimiento de nuevas pandemias.

De todos es sabido el compromiso creciente de la sociedad con la lucha contra la emergencia climática, prueba de ello es el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, Acuerdo de París – Acción por el Clima, el Pacto Verde Europeo o las Cumbres del Clima.  Pero este compromiso creciente con la lucha contra el cambio climático no ha sido suficiente, no ha llegado a tiempo.

El cambio climático está afectando a procesos esenciales de muchos organismos pudiendo llegar a comprometer la viabilidad de algunas poblaciones de animales. El calentamiento global y la disminución de las precipitaciones crean el caldo de cultivo ideal para los incendios, y éstos para la desforestación. Si se sigue aumentando la temperatura media, en el año 2090 la península Ibérica será como el Sahara, según la revista Science. La tropicalización de los océanos provoca un mayor índice de evaporación y, con ello, un aumento de la nubosidad, lo que facilita la formación de fuertes tormentas. Los inviernos más húmedos y un mar más caliente aumentarán el riesgo de inundaciones súbitas en el Mediterráneo.

La pérdida de biodiversidad actúa como catalizador para la expansión de virus y enfermedades infecciosas. Muchas especies actúan como huéspedes de virus que todavía no conocemos. Si disminuimos esta diversidad y destruimos ecosistemas, liberamos los virus de su huésped original y facilitamos que los virus salten al ser humano. La diversidad de animales y plantas funciona como un escudo protector.

Nos hemos traído un animal estresado, de un bosque alterado, de un sitio en el que las probabilidades de que surgieran patógenos por mutación eran altas, hemos maltratado a los animales, los hemos tenido en condiciones poco salubles, los hemos tenido con un estrés muy alto y esto hace que el animal tenga una carga vírica elevada. Todo esto suma y entonces las probabilidades de que salte a un humano son enormes.” Fernando Valladares, biólogo del CSIC

Cuando salta al ser humano, el virus se encuentra con un organismo también estresado, intoxicado, con un sistema inmunitario débil y no desarrollado en la infancia por ausencia de exposición a bacterias, virus y alérgenos.

Para evitar nuevas pandemias:

  • Debemos cuidar la naturaleza. Debemos conseguir unas políticas ambientales que garanticen el desarrollo sostenible, la protección de la biodiversidad y el fomento de ecosistema sostenibles. Y cada uno de nosotros ya sabemos que debemos hacer: elegir productos locales y de temporada, reducir las compras de cosas innecesarias, reciclar…
  • Debemos cuidar nuestro cuerpo. El arma más potente que tiene el ser humano es su propio sistema inmunitario y para ello, debe recibir los nutrientes necesarios, y dejar desarrollarlo en la infancia, evitando la hiperhigiene en la infancia, y tomando antibióticos únicamente cuando realmente son necesarios. 

Al igual que ocurre con los ecosistemas, para que el sistema inmunitario funcione debe estar en un organismo que funcione y que esté libre de tóxicos. Las Terapias Naturales junto a hábitos de vida saludables ayudan a conseguirlo.

Fuente: Fundación Terapias Naturales

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