Sección: Ecologia Publicación: Revista nº 152
Los químicos eternos: así se han infiltrado los PFAS en la vida cotidiana
Persistentes, invisibles y difíciles de eliminar, los PFAS se han convertido en uno de los grandes desafíos de contaminación química. ¿Dónde están, qué riesgos plantean y qué se está haciendo para frenarlos?
Están en el agua, en envases alimentarios, en textiles y hasta en los fluidos humanos. Lo PFAS (Sustancias Perfluoroalquiladas y Polifluoroalquiladas) son una familia de más de 4.500 compuestos químicos fabricados por el hombre desde los años 50. Dada su capacidad para repeler agua y grasa, y resistir altas temperaturas, son altamente utilizados en la industria. Se encuentran en multitud de objetos de uso cotidiano, pero son peligrosos por dos razones: su extrema persistencia y su bioacumulación.
Conocidos como “los químicos eternos”, los PFAS permanecen durante décadas e incluso siglos en el medio ambiente. Son muy difíciles de degradar, se quedan en el agua, el suelo y el aire, y se acumulan en el cuerpo humano y en el de los animales. Estas sustancias químicas son altamente contaminantes para el medio ambiente y perjudiciales para la salud de los seres vivos. Por eso, organizaciones como Greenpeace e iniciativas como Hogar sin Tóxicos luchan a diario por que se regulen o prohíban.
¿Dónde se encuentran?
“Es posible encontrar PFAS en el medioambiente de prácticamente cualquier país del mundo y también podemos detectarlos en nuestra sangre”, se recoge en un documento del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). Están tan bien valorados en la industria, que se encuentran ya en todas partes.
En este sentido, según explica a la revista mi herbolario Carlos de Prada, director de Hogar sin Tóxicos, divulgador ambiental y Premio Nacional de Medio Ambiente, el alto nivel de uso de estas sustancias en determinadas actividades industriales ha llevado a una extensa contaminación del medio ambiente que ha generado, incluso, que estos compuestos persistentes terminen en la cadena alimentaria. “Determinados alimentos, así como el agua potable, son considerados por la ciencia importantes vías de exposición humana. Al margen de ello, también pueden liberarse desde algunos materiales que se ponen en contacto con la comida”, asegura.
En sus palabras, uno de los ejemplos clásicos es el de determinadas sartenes antiadherentes. No obstante, afirma que ciertos informes muestran que pueden encontrarse también en algunos envases de alimentos de papel y cartón por sus cualidades hidrófugas y antigrasa. Como ejemplo, el divulgador ambiental enumera algunos envases de comida rápida o para llevar, bolsas de palomitas de maíz para el microondas, cajas de pizza y envoltorios para hornear magdalenas o pasteles preparados.
¿Cómo llegan los PFAS al medio ambiente?
Tanto estos productos, como muchos otros que también están elaborados con PFAS, desprenden parte de ellos al medio ambiente. Además, hay otras vías por las que estos químicos eternos también pueden llegar a la naturaleza, como los procesos de producción en las fábricas.
Entre los productos o artículos en cuya producción se emplean, o pueden formarse o liberarse PFAS, se encuentran tejidos hidrófugos y antimanchas, césped artificial, algunos productos de limpieza o cosméticos, ciertas pinturas y tintes, plaguicidas, gases refrigerantes y espumas antiincendios, apunta Carlos de Prada. Pero estos son solamente algunos ejemplos, pues son muchas las industrias que los emplean y los productos que los llevan.
En cualquier caso, la iniciativa Forever Pollution identificó en el año 2023 miles de lugares en Europa altamente contaminados con estas sustancias químicas. “Suelen ser sustancias que tienen una alta persistencia y resistencia a la degradación, a consecuencia de factores como la fortaleza de sus enlaces moleculares. Han generado una polución virtualmente omnipresente”, manifiesta el director de Hogar sin Tóxicos.
Riesgos que plantea la exposición y cómo reducirla
Los PFAS se filtran al agua subterránea y superficial a través de vertidos industriales, espumas contra incendios o desechos. Afectan al agua, al suelo, a la flora y a la fauna. Impactan en la biodiversidad, pues el planeta no puede asumir tan elevada cantidad de contaminantes sintéticos. También se acumulan en los tejidos de los organismos vivos y afectan a la cadena alimentaria. Además, diversos estudios han asociado los PFAS con problemas graves de salud.
El MITECO detalla en su documento “Los químicos que nos rodean: PFAS” que estos contaminantes se relacionan con el debilitamiento del sistema inmunitario, así como con daños hepáticos, aumento del nivel del colesterol, disminución del peso al nacer, cáncer de riñón y de testículos y alteraciones endocrinas. Asimismo, estudios confirman que disminuyen la respuesta del sistema inmunológico de los niños a la vacunación.
Evitar la exposición humana a los llamados químicos eternos para disminuir el riesgo para la salud es muy complicado. Sin embargo, Carlos de Prada indica que existen algunas medidas que podrían generar cierto grado de reducción de dicha exposición. Entre ellas, destaca: reducir el consumo de algunos alimentos que pudieran contener PFAS en mayor grado, consultando lo que la ciencia ha publicado al respecto. También, de alimentos que hayan estado en contacto con materiales que puedan contenerlos, como es el caso, entre otros, de los cocinados en determinadas sartenes antiadherentes.
Más allá de la alimentación, desde el MITECO sugieren escoger utensilios de cocina libres de PFAS o PFOA, así como optar por muebles y textiles como alfombras o ropa que tampoco los lleven.
La batalla regulatoria
Pese a todo, y aunque el uso de PFAS se prohibiera hoy mismo, estos químicos permanecerían en el medio ambiente durante décadas. No obstante, Carlos de Prada asegura que todavía estamos muy lejos de llegar a ese punto. “Hoy solo está regulado, y de forma manifiestamente mejorable, un pequeño puñado de los miles de PFAS existentes”, lamenta. “Varios países presentaron una propuesta de restricción de estas sustancias y recientemente la Agencia Europea de Productos Químicos (ECHA) publicó un borrador que debería servir de base para la adopción de medidas en la UE. Pero existe una gran presión por parte de la industria para que no se adopten medidas que garanticen suficientemente la mejor protección de la salud de los ciudadanos y del medio ambiente”, continúa.
Por otro lado, y siempre en sus palabras, últimamente la Unión Europea se ha embarcado en un proceso de fuerte desregulación, que amenaza con debilitar en general la legislación sobre productos químicos. Para el director de Hogar sin Tóxicos, existe el riesgo de que, en lugar de hacer caso a la evidencia científica, y acometer la debida restricción universal, muy amplia, de estas sustancias, todo quede en restricciones y/o prohibiciones muy limitadas.
Informarse sin mirar hacia otro lado
Según explica a la revista mi herbolario Carlos de Prada, abordar los PFAS con rigor exige apoyarse en la evidencia científica y en informes internacionales que alertan tanto de su presencia extendida en la población como de sus elevados costes sanitarios y ambientales. Cita datos de iniciativas como HBM4EU, el Consejo Nórdico de Ministros o la Comisión Europea para subrayar que los costes de no actuar superan ampliamente los de adoptar medidas restrictivas.
De Prada advierte además de que buena parte de esa carga económica recae sobre la sociedad, mientras los contaminadores no asumen ese impacto. Por eso, insiste, informar sin alarmismo no significa restar gravedad al problema: significa reconocer que se trata de una contaminación real que requiere respuestas contundentes, especialmente para proteger la salud y los ecosistemas. Como resume Carlos de Prada, frente a los PFAS “la táctica del avestruz no es una opción”.
Por Judith G. Noé