Sección: Nutricion Publicación: Revista nº 152
Estamos intoxicados, ¿y ahora qué?
Las sustancias tóxicas se encuentran en todas partes, en el aire que respiramos, en los alimentos que comemos y en el agua que bebemos.
Incluso nuestros cuerpos y las bacterias presentes en nuestros intestinos producen sustancias tóxicas. En este primer artículo de una serie de dos explicaré conceptos como exposoma, bioacumulación, así como la importancia de los emuntorios para deshacernos de los tóxicos, detallando cómo apoyar la desintoxicación hepática.
¿Por qué enfermamos?
Los factores por los que los humanos enfermamos incluyen desde las exposiciones tóxicas ambientales hasta la vulnerabilidad genética, pasando por nuestro comportamiento y estilo de vida; todo ello contribuye al desarrollo de la enfermedad.
En la actualidad, para expresar el conjunto de exposiciones tóxicas los expertos emplean el término exposoma. Se define exposoma como la totalidad de las exposiciones (tanto internas como externas) que sufre una persona desde el mismo momento de la concepción, y a lo largo de toda su vida¹.
El problema de la presencia de las toxinas en el medio ambiente se agrava si tenemos en cuenta que los seres humanos nos situamos en la parte superior de la cadena alimentaria, y somos más propensos a estar expuestos a una acumulación de sustancias tóxicas en el suministro de los alimentos. Por ejemplo, los pesticidas y los herbicidas son rociados sobre los granos que, a continuación, son suministrados a los animales de granja. Las sustancias tóxicas se almacenan en el tejido graso de estos animales que, a menudo, se inyectan con hormonas sintéticas, antibióticos y otros productos químicos. Cuando la persona come productos cárnicos, que están expuestos a la gama completa de productos químicos y aditivos utilizados a lo largo de toda la cadena alimentaria, estos terminan finalmente llegando a nuestro organismo.
Los especialistas en toxicología llaman a esta acumulación de toxinas bioacumulación. Es el proceso de acumulación de sustancias químicas en organismos vivos de forma que estos alcanzan concentraciones más elevadas que las concentraciones en el medio ambiente o en los alimentos. Los expertos afirman que la bioacumulación de sustancias tóxicas en el tiempo es responsable de muchos trastornos físicos y mentales.
¿Qué podemos hacer para disminuir la carga tóxica?
Si bien es obvio que la primera acción que se debe tomar es evitar o reducir la exposición a dichos tóxicos, el exposoma y la consiguiente bioacumulación pueden ser modulados por protocolos de tratamiento dirigidos específicamente a apoyar la eficacia de los mecanismos de desintoxicación del organismo.
Que la exposición a sustancias tóxicas cause enfermedad depende del nivel de las exposiciones y de la eficacia de los mecanismos de desintoxicación del organismo. Esto último está en parte genéticamente determinado, pero también dependerá del estado nutricional de la persona.
Los métodos para favorecer la desintoxicación se han utilizado desde hace miles de años. El ayuno es una de las prácticas terapéuticas más antiguas de la medicina. Hipócrates, el griego antiguo conocido como el “padre de la medicina occidental”, en sus escritos recomienda el ayuno como un medio para mejorar la salud. Asimismo, la medicina ayurvédica, el sistema de medicina tradicional de la India que se ha desarrollado durante miles de años, utiliza métodos de desintoxicación (Panchakarma) para la prevención y el tratamiento de muchas enfermedades crónicas.
Términos como “limpieza interna”, “depuración”, “drenaje” o “desintoxicación”, todos ellos sinónimos, han sido parte integral de los principios y fundamentos del criterio naturista desde sus orígenes, y constituyen uno de los pilares básicos de esta forma de entender la salud.
Según el criterio naturista, las enfermedades pueden ser causadas o empeoradas por la acumulación de sustancias tóxicas (toxinas) en el cuerpo. Evitar la exposición a toxinas adicionales y la eliminación de las toxinas existentes son partes esenciales del proceso de curación.
Emuntorios
Para hacer frente a semejante tarea, el cuerpo dispone de varios órganos o sistemas especializados en esta función: hígado, intestinos, riñones, piel, aparato respiratorio y sistema linfático, principalmente. Son los llamados emuntorios. Emuntorio es un término que proviene del verbo latino emundo, que significa limpiar o purificar, y se refiere a cualquier parte del cuerpo que sirve para evacuar o excretar.
Cuando todos estos emuntorios trabajan de manera adecuada y el volumen de desechos no supera la capacidad de procesamiento, el “terreno” se mantiene limpio y las células pueden funcionar correctamente.
Por supuesto, no es necesario estar enfermo para seguir un protocolo de desintoxicación. Se puede considerar como una medida preventiva, así como una herramienta para aumentar la salud general, la vitalidad y la resistencia a la enfermedad.
Cómo apoyar la desintoxicación hepática
La optimización de la capacidad del cuerpo para gestionar y excretar toxinas es esencial para la salud óptima.
A la hora de estimular la desintoxicación hepática, el enfoque no debe fijarse únicamente en la inducción del aumento de la actividad de desintoxicación, sino más bien en tratar de establecer un equilibrio en la persona entre los sistemas de desintoxicación denominados de fase I y II.
La fase I es la etapa en que las sustancias tóxicas solubles en lípidos se transforman en sustancias intermedias a través del conjunto de enzimas del citocromo P450. En muchos casos, esto puede generar sustancias aún más tóxicas o reactivas que las previas². Por lo tanto, es fundamental garantizar el funcionamiento adecuado de los procesos de la siguiente fase de desintoxicación, la fase II.
La estimulación de la actividad del citocromo P450 de la fase I, sin el adecuado equilibrio de la capacidad de desintoxicación de la fase II, puede dar lugar a un resultado negativo por la producción de niveles más altos de compuestos intermedios bioactivados, altamente reactivos y muy oxidativos.
Los procesos de fase II convierten a las sustancias intermedias de la fase I de desintoxicación en solubles en agua mediante la conjugación con glutatión, aminoácidos (como la glicina o la taurina), así como a través de la metilación, sulfatación, acetilación y glucuronidación de dichos compuestos bioactivados. Estas sustancias solubles en agua pueden entonces ser excretadas a través de las heces, la orina o el sudor (y, en menor medida, los pulmones), vías de eliminación que también necesitan ser apoyadas adecuadamente en la desintoxicación.
Para que la excreción de los tóxicos sea eficaz, la actividad de la fase I requiere de cofactores y de apoyo antioxidante, mientras que la actividad de la fase II requiere apoyo nutricional específico que incluya cofactores y garantice unos niveles adecuados de los sustratos requeridos por cada vía (glutatión, aminoácidos, etc.)³.
Por otra parte, existen una serie de fitoquímicos en alimentos y plantas con capacidad para estimular o inhibir la acción de las enzimas de las fases I y II de la desintoxicación⁴⁻⁷. El desafío de encontrar el programa de apoyo apropiado para equilibrar los sistemas de desintoxicación de fase I y fase II se ha simplificado por el descubrimiento del Dr. Paul Talalay y sus colegas de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins de fitoquímicos específicos que son moduladores bifuncionales de las fases de desintoxicación. Estos fitoquímicos tienen una influencia sobre la modulación simultánea de citocromos P450 de fase I y conjugasas de fase II específicos, lo que conduce, potencialmente, a la desintoxicación equilibrada⁸˒⁹.
Dieta
La mejor fuente de desintoxicación se encuentra en una dieta de alta calidad. Lo que una persona evite comer es tan importante como lo que se incluye en una dieta saludable.
La dieta debe ser rica en alimentos frescos y pobre en alimentos procesados (lo ideal sería no incorporar ninguno), en particular los que contienen conservantes sintéticos y/o aditivos. Una vez ingeridos, muchos de estos “extras” han de entrar en el ciclo de desintoxicación. Otros grupos con los que hay que tener cuidado son los residuos de pesticidas, colorantes sintéticos, ceras y otros xenobióticos que se encuentran en los alimentos; estos pueden evitarse consumiendo alimentos de origen ecológico¹⁰⁻¹².
Los alimentos especialmente ricos en factores que ayudan a proteger el hígado de daño y que mejoran la función hepática incluyen:
• Alimentos de la familia de las crucíferas (col, brócoli y coles de Bruselas).
• Alimentos ricos en vitaminas B (levadura de cerveza, cereales integrales).
• Alimentos ricos en vitamina C (pimientos, col y tomates).
• Suficiente ingesta de proteínas de calidad.
Complementos alimenticios
El apoyo nutricional debe contemplar cuatro áreas principales:
• Cofactores críticos para la biotransformación enzimática de compuestos tóxicos (fases I y II): vitaminas B, magnesio, selenio, zinc, hierro y molibdeno, entre otros.
• Nutrientes que actúan como sustratos en las reacciones de conjugación de la fase II: glutatión y sus precursores [N-acetil cisteína (NAC) o cisteína, vitamina C, selenio y ácido alfa lipoico], taurina, glicina, L-metionina, ácido glucurónico (a partir de tupinambo, kombucha, alcachofa, condroitín sulfato o ácido hialurónico), sulfato/compuestos azufrados (a partir de extractos de crucíferas, MSM, glucosamina sulfato, etc.).
• Antioxidantes para la protección del hígado frente a los radicales libres inducidos por las toxinas: ácido alfa lipoico, vitamina C, selenio, astaxantina y otros carotenoides, glutatión, té verde (además, sus catequinas inducen la fase II —glucuronidación y conjugación con glutatión—)¹³⁻¹⁶, arándanos (sus antocianidinas también inducen la fase II)¹⁷˒¹⁸.
• Inductores de la actividad de las enzimas de fase I y II (siempre buscando el equilibrio): extractos de brócoli y otras crucíferas (inducen fase I y II), flavonoides [por ejemplo, los flavonoides de la cáscara de cítricos (limoneno, que activa las fases I y II), la quercitina (inhibe la fase I y activa la fase II)]¹⁹, el ácido elágico de la granada (activa la fase II y modula la fase I)²⁰⁻²², astaxantina y clorofila/chlorella (apoyo de enzimas de la fase II).
El objetivo a la hora de diseñar un protocolo de suplementación para desintoxicar el hígado debe ser cubrir estas cuatro áreas. Algunos nutrientes, como es el caso del glutatión y la astaxantina, resultarán especialmente interesantes debido a que participan en varias áreas a la vez, como ser sustrato y actuar como antioxidante, o ser antioxidante y además apoyar enzimas de fase II.
Mikel García Iturrioz. Director Técnico de Misohi Nutrición.
(1.ª parte de una serie de dos).
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