Podemos encontrar abejas en todos los continentes, excepto en la Antártida, y en todos los hábitats donde haya plantas con flores. Están adaptadas para alimentarse de polen y néctar, usando el primero, fundamentalmente, para alimento de las larvas y el segundo como material energético. Gracias a su inestimable labor, el ser humano dispone de una serie de productos que le son muy útiles, como el propóleo, polen o cera. En esta ocasión, nos detendremos en la miel y la jalea real.
La miel es un fluido viscoso, resultado de la elaboración del néctar de las flores. Es una solución de agua y azúcares, con pequeñas cantidades de otras sustancias, como aminoácidos, minerales, vitaminas, ácidos orgánicos y enzimas. Las abejas, al regresar con el buche lleno de néctar a su colmena, lo depositan en el panal, y las obreras se encargan de la posterior transformación del néctar en miel. Durante el tiempo de transformación se produce un secado, a través de la eliminación del 20% de la humedad, marcando así el fin de la transformación en miel.
Al final de los procesos de transformación, el néctar es convertido en miel, la cual es una solución sobresaturada de azúcares, y una de las mezclas de carbohidratos más complejas producidas en la naturaleza. En la época de primavera, cuando la vegetación es más abundante, la abeja produce más cantidad de miel, para almacenarla, logrando de este modo tener alimento para su reina durante el invierno. Es entonces cuando los apicultores aprovechan para cosecharla o recogerla.
Según explica Maribel Saiz Cayuela, directora del departamento técnico de Dietéticos Intersa, “la jalea real es un producto de la colmena elaborado por abejas obreras, de entre 5 y 14 días de vida. Esta valiosa sustancia se produce a partir de la secreción clara de las glándulas hipofaríngeas y de la secreción blanca de las glándulas mandibulares. Para ello la abeja tiene que disponer de polen, agua y miel, además de una temperatura conveniente en la colmena. Es la sustancia que nutrirá a todas las larvas de abeja, desde su eclosión y hasta el tercer día de su existencia y hasta el quinto cuando se trata de las larvas destinadas a ser reinas, además de ser la alimentación de la reina durante toda su vida”.
Tal y como nos cuenta Rafael Muria, gerente de Mel Muria, “la miel, como producto final de las abejas que nos llega al consumo humano, depende de un conjunto de factores que condicionan sus particularidades. En primer lugar, en la segregación del néctar de diferentes flores. En segundo, las transformaciones bioquímicas que se producen en el interior del cuerpo de la abeja, donde las diferentes enzimas favorecen la transformación del néctar en miel. El proceso de maduración de la miel y su posterior almacenamiento en las celdas del panal también serán factores muy importantes. Por su parte, la producción de la jalea real va condicionada por la presencia de la reina dentro de la colonia. Por eso, hará falta provocar un sentimiento de orfandad entre las abejas, de manera que esta sensación de soledad les estimule a producir nuevas realeras, que nos permitirá hacer la recolección de la jalea, para la que hay diferentes técnicas. En el método natural, dejaremos que las abejas niñeras, estimuladas por la falta de reina, alimenten con jalea, un conjunto de larvas escogidas como futuras reinas. En el método artificial, se utilizan cúpulas de plástico que debidamente preparadas y colocadas en el listón permiten una localización de la fuente de jalea”.
Propiedades
En cuanto a las propiedades de ambos productos, Maribel Saiz afirma que “la miel es un alimento energético de un gran valor nutricional, que aporta microelementos (vitaminas, minerales, oligoelementos, aminoácidos y enzimas). Posee además una acción antitusiva o calmante de la tos, antiséptica, inmunoestimulante y cicatrizante. Puede utilizarse vía tópica para la cicatrización de heridas y en los tratamientos de belleza, en los que puede proporcionar una acción suavizante cutánea, cicatrizante y ligeramente astringente. Por su parte, la jalea real fresca es un alimento de elevado valor nutricional, por su contenido en vitaminas, minerales, oligoelementos y aminoácidos esenciales. La presencia de determinados ácidos orgánicos, factores hormonales, fosfoaminolípidos, y un factor de crecimiento hacen de la jalea un alimento reconstituyente, dinamizante, antifatiga (física y psíquica), tónico del sistema nervioso y estimulador del crecimiento”.
Actualmente, en el mercado podemos encontrar una gran variedad de mieles y jaleas. Por eso es importante saber conocerlas, para elegir la que mejor nos vaya. Es conveniente elegir la miel y la jalea real que nos ofrezcan una mayor garantía de su calidad. Existen diferentes tipos de mieles según el tipo de floración donde se hallan las colmenas. En general, cuando la proporción de granos de polen de una sola planta presenta más del 50% del total, se da a la miel el nombre de esta planta (de romero, brezo, eucalipto, flor de azahar, etc.). Las propiedades de la miel dependen entonces en gran medida del ambiente que rodea a la colmena, en especial la flora y el clima. “Podemos elegir el tipo de miel más adecuado en cada momento. Cuando se toma una infusión relajante, potenciaremos su efecto si utilizamos una miel de flor de azahar o lavanda. Cuando se trata de buscar un efecto antitusivo, podemos utilizar una miel de romero o eucalipto. En caso de infección urinaria, es conveniente el uso de la miel de brezo”, recomienda Maribel Saiz. En cuanto a la jalea real, añade que “su composición varía según la naturaleza de las larvas a nutrir, así como de la edad de la abeja obrera que la produce. A su vez, existen otros factores que influyen en esta variabilidad, como son la época del año y el lugar geográfico dónde ésta se produce. La jalea real posee diferentes ácidos orgánicos, cuyos parámetros son los que se utilizan para establecer su calidad.
A la hora de hablar de quién puede consumir estos productos, María López Ballester, ingeniera técnica agrícola y apicultora titular de Miel Valle Estrechu, nos cuenta que “cualquier persona puede consumir miel, excepto los diabéticos, si bien los médicos consultados señalan que es menos perjudicial que el azúcar. La miel cuya procedencia no se conoce, no debe ser consumida por niños menores de un año. La miel de calidad con Registro Sanitario es analizada para garantizar la ausencia de botulismo”. Por otra parte, Maribel Saiz añade que la jalea real “se recomienda en casos de fatiga física y mental, astenia primaveral (o asociada al cambio estacional), alteraciones del estado de ánimo, postoperatorios, convalecencias, bajo rendimiento físico e intelectual y estados post-infecciosos (gripe, etc.). Además, es buena para el crecimiento de los niños y las personas de la tercera edad”.
Desorientación
Un tema que está preocupando mucho en los últimos tiempos es la desorientación de las abejas, un fenómeno que está provocando que muchas de ellas acaben muriendo. La desaparición de un número elevado de estos insectos puede desembocar en un grave problema para el ecosistema mundial, ya que las abejas no sólo producen miel, sino que también constituyen una gigantesca y sacrificada mano de obra a nivel mundial, encargada de polinizar el 90% de las plantas que sembramos. Sobre este tema, Rafael Muria explica que “este hecho no influye en la calidad de los productos avícolas, pero sí en la falta de polen en las flores. Cada vez hay más plantas transgénicas y de semillas híbridas. En nuestro caso, por ejemplo, como apicultores íbamos antes a la flor del girasol, puesto que daba mucha miel. Ahora no podemos hacerlo porque la semilla es híbrida y no tiene polen, por lo que la abeja ni se aproxima. Ya lo dijo Einstein: ‘Si la abeja desaparece del mundo, el hombre tendrá muchas dudas para sobrevivir sin la polinización que ejercen estos insectos’. Así que hay que tener mucho cuidado con este tema”.