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“Es un herbolario muy familiar”, dice Enrique (así se presenta el encargado de Piedra de Luna) cuando le preguntamos por sus clientes. “Lo que hago principalmente es asesorar, me encanta ese trato cercano con la gente”, afirma. Enrique cuenta que la mayoría de sus clientes son vecinos de Marchena -una ciudad de Sevilla conocida por su espectacular Semana Santa- y que, desde que abrió en agosto de 2014, se han ido convirtiendo en sus amigos.

Un herbolario muy cercano

A Enrique le gusta que sus clientes se sientan como en casa y nos comenta que, a veces, se pasan por el herbolario solo para hablar con él, para contarle qué tal les ha ido el día o para pedirle consejo sobre los temas más variopintos. “Lo importante es que el cliente se sienta escuchado”, asegura. Y es precisamente su saber escuchar uno de los ingredientes que ha generado el éxito de su herbolario, el único de Marchena.

Él cree que los herbolarios son cosas humildes y nos cuenta que es esa modestia lo que le acerca a sus clientes. Por su establecimiento pasa gente de todas las edades, “personas mayores y también mucha juventud, incluso niños”. Cuenta que a los más jóvenes les atraen mucho los cuencos y los libros que también vende. Además, ha conseguido conectar con los más pequeños gracias a los talleres artesanales que organiza de vez en cuando.

Piedra de Luna nunca ha necesitado excesiva propaganda, y Enrique comenta que él siempre ha utilizado “el boca a boca”. “Abrí la tienda y no hice publicidad, ni un panfleto ni nada” y su presencia en Internet es limitada, ya que no le gusta contactar con los clientes vía online. “La relación con el cliente es exclusivamente en la tienda, es gente que ya conozco o vecinos que se acercan al herbolario porque algún familiar o amigo se lo ha recomendado”, nos dice. En el caso de que, por lejanía o cualquier problema, no se puedan acercar a la tienda, él se encarga de enviarles a domicilio los productos necesarios.

Mucho más que un herbolario

A Enrique, que estudió Naturopatía y Psicoterapia, le echa una mano por las tardes su mujer, Carmen, y ella ofrece además terapias kinesiológicas, un método científico que estudia la respuesta de los músculos ante factores de sobrecarga o de estrés. Porque Piedra de Luna es mucho más que un herbolario. Es un centro en el que se hacen asesoramientos completos en materia de salud, desde terapias físicas hasta recomendaciones personalizadas de alimentación.

En el herbolario de Enrique por supuesto también se venden plantas, productos dietistas y de cosmética natural, aceites, comidas con y sin gluten, legumbres e infusiones, entre muchas otras cosas. “Un poquito hippy también soy, lo reconozco”, dice Enrique con su característico sentido del humor, al contarnos que también es artesano, ya que monta piedras y tiene una profunda pasión por los minerales, los cuales también podemos encontrar en Piedra de Luna.

En Piedra de Luna ofrecen alimentos orgánicos, productos locales frescos y suplementos naturales, como respuesta al auge de la industria de la comida rápida y los ultraprocesados. Enrique quería abrir un local donde la gente pudiera encontrar alimentos saludables y nutritivos, que fomentase dietas equilibradas y sanas.

“Estamos relacionados con el mundo espiritual, hacemos yoga y meditamos”, nos explica también. Porque, para él, es muy importante conectar consigo mismo igual que con los demás. Es por eso, precisamente, que prefiere que los clientes se acerquen a su tienda antes que hacer una consulta telefónica, para poder hablar con cercanía y un tono amigable.

Enrique asegura que está muy a favor de la ecología y que todos los productos que vende en su herbolario son respetuosos con el medio ambiente. No le gustan los alimentos industriales porque todo lo que está procesado incluye químicos, y muchas veces cabría concluir que no sabemos ni lo que estamos comiendo.

Una alimentación ecológica en tiempos de pandemia

La pandemia ha hecho que mucha gente se replantee su dieta y cómo proteger su salud, y muchos han optado por una alimentación más sana y ecológica, y de hecho según un estudio de la consultora Nielsen, el 60% de los españoles se gastan más dinero que antes en productos bio, y el crecimiento de este sector tras la pandemia ha sido del 17%.

Enrique asegura que esto se nota, aunque para él hay dos bandos, “quienes siguen yendo a los grandes supermercados y llenan los carros echando de todo, mientras que otros han optado por empezar a consumir productos naturales”, a los cuales él ha observado que se les está dando más importancia.

Los efectos de la COVID-19

Desde que se decretase el estado de alarma a principios de marzo de 2020, en Sevilla ya ha habido 78.000 positivos y 1.264 fallecidos, y en enero los datos se han cuadruplicado respecto a los meses anteriores. Estos dramáticos datos han provocado el cierre de muchos pequeños comercios, aunque el herbolario de Enrique ha logrado mantenerse a flote.

Asegura que la pandemia les ha afectado muchísimo, y aunque tuvo que cerrar la tienda durante el confinamiento, continuó ayudando a sus vecinos en la medida de lo posible, siempre que requirieron algún producto. “De alguna manera nunca he cerrado. La tienda estaba cerrada, pero siempre que alguien ha necesitado algo se lo he llevado”, aclara. Pese a continuar ligeramente la actividad, confiesa que económicamente se nota, y nos dice que a la hora en la que estamos hablando -las 13.30 de un martes- tendría el herbolario lleno de gente.

Antes de la pandemia Enrique y Carmen tenían un proyecto, montar un restaurante ecológico en Marchena. El matrimonio conoce uno en Sevilla que ha cosechado cierto éxito, y movidos por su inquietud bio pensaron que podría ser una buena idea, aunque con la llegada de la COVID-19 decidieron aparcarla, y ahora ni siquiera la contemplan como una posibilidad, al menos a corto o medio plazo. El tiempo dirá. 

 

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