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  Noticia del: 15-11-2021

Las reglas irregulares, las alteraciones en el estado de ánimo durante la menstruación o la osteoporosis pueden llegar a ser muy limitantes para las mujeres que los sufren, pero pueden abordarse de forma efectiva desde la medicina integrativa

Hay cuestiones de salud que, por muy frecuentes que sean, no debemos asumir por costumbre ni mucho menos normalizar, porque son molestias evitables. Además, tendemos a medicalizarlas en exceso, cuando en general pueden y deben abordarse de otras maneras. Conceptos tales como “tener la regla duele y hay que aguantarse” o “durante la regla tengo un humor de perros y sé que esos días se altera mi vida sí o sí” son algunos de los mitos que se han propuesto desmontar los seis expertos en salud de la mujer que, entre los días 15 y 19 de noviembre, participan en el III Congreso de la Mujer, organizado por el laboratorio Equisalud. Se trata de un evento online y gratuito y está abierto a todos los públicos, aunque se dirige de forma especial a los profesionales de la salud que más frecuentemente atienden este tipo de problemas.

Para el director médico de Equisalud y coordinador del congreso, el Dr. Jorge Angel, “hay muchas cuestiones de salud femenina que a día de hoy aún no se abordan de forma correcta desde las consultas. Muchas veces son los propios médicos quienes tienen esos mitos aún muy arraigados en la mente, y lógicamente eso es lo que les transmiten a sus pacientes; así es como se perpetúan los mitos. De ahí que siga siendo tan necesario divulgar sobre estos problemas de salud, que para las mujeres que los sufren son muy limitantes”, señala.

Uno de los mitos más extendidos es que “tener la regla duele y hay que aguantarse”. Entre un 20% y un 25% de las mujeres pueden presentar un síndrome premenstrual moderado, y un 5%-10% pueden tener un síndrome severo e invalidante para trabajar y para la actividad diaria normal. Para la Dra. Pilar Salazar, médico experto en psicoinmunología y participante en este congreso, “muchas mujeres sufren dolores durante la menstruación, acompañados de inflamación en los senos y en el vientre, cambios de humor bruscos que alteran sus relaciones sociales, y en general molestias muy imposibilitantes para la vida normal, pero la regla es un fenómeno fisiológico normal y en condiciones normales no debería doler”.

Una cascada inflamatoria, no un problema hormonal

Los síntomas alrededor del tiempo de la menstruación suelen ser abordados desde el punto de vista hormonal, pero “cada vez se obtienen mejores resultados cuando se considera posible la presencia de un proceso inflamatorio pélvico con compromiso multisistémico”, según la Dra. Salazar, que lo describe como “una cascada inflamatoria que puede llevar incluso a alteraciones en neurotransmisores, neuro hormonas, y muy frecuentemente acompañada por disbiosis intestinal”. Por eso recomienda no fiarlo todo a los tratamientos hormonales y con anticonceptivos sino también “ocuparse de bajar la inflamación y regular el sistema inmunitario, recurriendo a ácidos grasos esenciales por su relación con las prostaglandinas, aceites de chía y onagra que son ricos en ácidos gammalinoleicos (GLA), vitamina B6 para los neurotransmisores, inmunomoduladores como la micoterapia, antiinflamatorios naturales como la cúrcuma, vitaminas A y E por su papel antioxidante, y muchos otros nutrientes que pueden hacer la diferencia en estos casos”.

Otras veces, los dolores premenstruales y menstruales ocultan problemas más complejos y la primera llamada de atención son las menstruaciones irregulares, otro mito que muchas veces oímos: “Yo es que soy así, de reglas irregulares y dolorosas”. En estos casos, alerta la Dra. Alejandra Menassa, especialista en Medicina Interna y salud de la mujer, “hay que estudiar si existe un síndrome de ovario poliquístico o SOP, una patología endocrina que sufren un 5-10% de mujeres en edad fértil y que es causa de un 40% de los abortos en el primer trimestre. De hecho, un 75% de las mujeres en programas de fecundación in vitro tiene SOP, lo que refleja la importancia y alcance del problema”.

El SOP consiste en múltiples quistes en los ovarios que pueden detectarse –o no– mediante una ecografía. Los síntomas son: pocas menstruaciones al año, aunque también puede haber menstruación sin ovulación; acné, olor fuerte a sudor, abundancia de vello, e incluso obesidad y síndrome metabólico por resistencia a la insulina. “Pero la resistencia a la insulina también tiene efectos en el ovario, como la hiperestimulación ovárica, el hiperandrogenismo y el hiperestrogenismo, y a su vez los andrógenos estimulan la insulinorresistencia, con lo cual es un círculo vicioso que hay que romper”, explica la Dra. Menassa.

Esta experta aconseja en estos casos un abordaje integral desde la medicina integrativa, incluyendo cambios en el estilo de vida, con una dieta baja en hidratos de carbono (pero no cetogénica estricta) y alta en grasas saludables, adaptada al ciclo menstrual, y regularizar los periodos de sueño para controlar el cortisol, si hace falta añadiendo suplementos de melatonina. La Dra. Menassa también recomienda suplementación para reducir los andrógenos, sensibilizar a la insulina y mejorar la fertilidad, “además de apoyo psicoterápico, puesto que estas pacientes tienen una alta incidencia de depresión”.

Fracturas óseas que no son tan espontáneas

Otro mito es que las roturas de huesos en mujeres de edad avanzada, como la típica fractura de cadera, son poco menos que inevitables. Según el Dr. José Francisco Tinao, responsable médico de la Clínica Medicina Integrativa CMI, la patología que hay detrás es la temida osteoporosis postmenopáusica, “y es injusto llamarla así porque osteoporosis podemos tener tanto hombres como mujeres, pero es un mito que sea una patología exclusivamente femenina. Lo que pasa es que es más frecuente en las mujeres debido a la caída de estrógenos en esta fase de la vida”, señala. Para el Dr. Tinao, “el mejor tratamiento de la osteoporosis es no tenerla, porque cuando da la cara es una enfermedad muy limitante e incluso puede ser dolorosa, y para evitarla no hay nada como hacer medicina preventiva”.

Este experto recomienda específicamente la prevención en dos fases: en la infancia y primera juventud, con ejercicio físico que haga a la paciente alcanzar un pico de masa ósea, tanto en calidad como en densidad, que será lo que esa mujer mantenga durante toda la edad adulta; y después, a partir de la menopausia, ralentizar la caída de densidad ósea motivada por el descenso de estrógenos con ejercicio constante y regular, no intenso, y con una dieta antiinflamatoria enriquecida con ciertos minerales y vitaminas, para estimular y regular el sistema inmunitario.

“Si no hacemos esto acaban apareciendo las fracturas, que con frecuencia se diagnostican como fracturas espontáneas, cuando hay una realidad oculta detrás que es la osteoporosis y que a veces ni siquiera ha dado aún la cara. Son lo que los médicos llamamos patologías anunciadas, porque pueden prevenirse, pero, si no se toman medidas, van a acabar apareciendo”, explica este médico, que insiste en la importancia de la medicina preventiva en este y en otros aspectos de la salud femenina.

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