Embarazo sin tóxicos para una vida sana
Las mujeres embarazadas pueden exponerse a diario y sin darse cuenta a sustancias químicas que podrían poner en riesgo la salud de su bebé, desde malformaciones o partos prematuros hasta enfermedades que se manifestarán en la edad adulta del feto. Es importante conocer los riesgos y saber evitarlos.
- El libro “Embarazo sin tóxicos” de Carlos De Prada, pone de manifiesto (con investigaciones científicas realizadas al respecto) la relación que existe entre la exposición de las embarazadas a ciertos productos y el riesgo de padecer complicaciones en el feto
- La placenta es permeable al paso de muchos de estos tóxicos como confirma un estudio realizado en Estados Unidos, llevado a cabo por Environmental Working Group en 2005, en el que se muestra la presencia de 287 sustancias tóxicas en los cordones umbilicales
- En la alimentación, por ejemplo, es necesario ser consciente de la posible presencia de tóxicos en algunas especies de pescado, o de residuos de pesticidas en frutas y verduras. Hay que consumir alimentos y cosméticos ecológicos, evitar los envases de plástico...
El embarazo es una etapa de vital importancia en la que se forman todos los órganos. Nueve meses que marcarán el desarrollo y la salud que el bebé tendrá a lo largo de toda su futura vida. El feto es muy sensible a su entorno, la placenta protege tanto de agresiones externas como de enfermedades e infecciones, pero no puede hacer de filtro a muchos tóxicos y sustancias químicas que pueden afectar a su desarrollo.
Cosméticos, productos de limpieza, textiles...
Ftalatos, bisfenol A, compuestos perfluorados, retardantes de llama, alquilfenoles, plomo, formaldehído, pesticidas, disolventes… son algunas de las sustancias a las que estamos expuestos a diario, y que están presentes en objetos muy cotidianos y aparentemente inofensivos como cosméticos, productos de aseo, productos de limpieza, pinturas, barnices, ambientadores, muebles, plásticos, ropa… Se trata de sustancias potencialmente nocivas para la salud que se encuentran en nuestro día a día, pero que, durante el periodo de gestación, los posibles riesgos para la salud aumentan considerablemente. La placenta es permeable al paso de muchos de estos tóxicos y así lo confirma un estudio realizado en Estados Unidos (llevado a cabo por Environmental Working Group, 2005) en el que se muestra la presencia de 287 sustancias tóxicas en los cordones umbilicales.
Recientemente ha salido a la luz el libro "Embarazo sin tóxicos" cuyo autor, Carlos De Prada, pone de manifiesto (con el rigor que aportan las investigaciones científicas realizadas al respecto) la relación que existe entre la exposición de las embarazadas a ciertos productos y el riesgo de padecer complicaciones como abortos, partos prematuros, malformaciones, problemas en el desarrollo cerebral, cánceres infantiles... En el libro se citan muchos ejemplos concretos de sustancias, como algunos ftalatos, que están presentes en plásticos, productos de limpieza, de aseo o de cosmética y que han sido relacionados en distintos estudios con un mayor riesgo de parto prematuro, pero también a ciertas alteraciones en el desarrollo del aparato genital de los niños varones; o como insecticidas domésticos, que han sido asociados a un mayor riesgo de leucemia infantil, y también al linfoma de Hodgkin.
Consumir alimentos ecológicos, evitar el plástico...
El autor de "Embarazo sin tóxicos", lejos de crear alarma social, quiere incidir en que hay que conocer el problema para poder atajarlo. Bien es cierto que es difícil evitar todas las exposiciones a sustancias nocivas, pero, en muchos casos, se pueden reducir notablemente. En la alimentación, por ejemplo, es necesario ser consciente de la posible presencia de tóxicos en algunas especies de pescado, o de residuos de pesticidas en frutas y verduras. De Prada cita algunos consejos para reducir los contaminantes químicos presentes en el organismo, que pauta la Asociación Española de Pediatría y que son los siguientes: consumir alimentos ecológicos u orgánicos con el correspondiente sello certificador, aumentar el consumo de alimentos frescos (especialmente vegetales), reducir la ingesta de grasas de origen animal, disminuir el consumo de comidas procesadas. Evitar que las mujeres embarazadas ingieran pez espada, tiburón, atún rojo o lucio, ya que estos pescados pueden contener niveles elevados de metilmercurio. Asimismo, hay que prestar atención a la presencia de elementos contaminantes que pueden estar presentes en los plásticos en contacto con los alimentos. No hay que calentar los alimentos con plástico en el microondas y hay que optar por envases de vidrio o cerámica.
En el hogar, sería necesario acometer algunas medidas relacionadas con los productos de limpieza convencionales de uso diario, los ambientadores sintéticos, los pesticidas domésticos, los cosméticos y productos de aseo, o incluso el agua del grifo. Asimismo, en el trabajo, la mujer embarazada debe conocer los derechos legales que le asisten a la hora, por ejemplo, de solicitar un cambio de puesto si aquel en el que está entraña riesgos para la gestación.
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