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  Noticia del: 16-12-2019

La ciencia lo ha repetido alto y claro: solo nos quedan 10 años para reducir la concentración de COen la atmósfera y evitar la hecatombe climática. Pero a las puertas de esta década crucial, los países no han logrado unir fuerzas para frenar de manera urgente la crisis climática. La COP25 termina con una débil llamada a la ambición y deja para 2020 la parte más conflictiva de sus deberes: la regulación de los mercados de carbono.

La COP25 no empezó con buen pie –pasando de mano en mano hasta llegar a España– y no ha terminado mejor. Desde el viernes por la tarde, día que tendría que haber culminado la cumbre, la decisión final no ha dejado de posponerse para intentar alcanzar un acuerdo que refuerce la ambición y que termine de regular los mecanismos de mercado en el Acuerdo de París –el primer tratado universal por el clima–, entre otros aspectos relativos a la financiación.

Tras una prórroga de casi dos días, que convierte a esta cumbre en la más larga en sus 25 años de historia, el consenso total entre los 196 países reunidos estas dos semanas en Madrid para terminar de poner en marcha el Acuerdo de París finalmente no ha sido posible del todo.

La mayoría de los países prefería un no-acuerdo antes que un mal-acuerdo. Y así ha sido. Ya lo había advertido Andrés Landerretche, coordinador de la presidencia de la COP25, en una rueda de prensa el sábado por la tarde: “Si no hay consenso, no hay consenso”. Sin embargo, de Madrid sale un documento llamado Chile-Madrid Tiempo de Actuar que, tras largas e ininterrumpidas horas de negociaciones, ha quedado en un tímido equilibrio para intentar satisfacer a todos en términos de ambición. En este acuerdo, que no incluye el artículo 6 sobre los mercados de carbono, se sientan las bases para que en 2020 los países presenten compromisos de reducción de emisiones (NDCs, por sus siglas en inglés) más ambiciosos para responder a la emergencia climática. La cumbre se ha quedado a medio camino de conseguir lo que quería: el desarrollo del artículo 6 del Acuerdo de París que pretende regular los intercambios de unidades de carbono. La próxima COP26, que se celebrará en Glasgow (Reino Unido), tendrá que asumir el reto de cerrar lo que Madrid no ha conseguido, en un año clave para la puesta en marcha del Acuerdo de París. Los países de la Unión Europea y Japón, entre otros, se han mostrado “profundamente decepcionados” en el plenario final de esta COP25 por la incapacidad colectiva de llegar a una solución en esta cuestión tan importante y que es clave para la reducción eficaz de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La adopción del acuerdo Chile-Madrid Tiempo de Actuar manifiesta la “urgente necesidad” de que las nuevas contribuciones determinadas a nivel nacional (NDCs) que deberán presentarse a lo largo de 2020 salven la brecha existente en las actuales con respecto al objetivo de París y así evitar un aumento de temperatura superior a 1,5 ºC. 

Los países deberán presentar compromisos climáticos antes de la próxima cumbre del clima de Glasgow para que Naciones Unidas pueda elaborar un Informe de Síntesis previo a la COP26 que indique dónde estamos respecto al objetivo del Acuerdo de París de mantener la temperatura del planeta por debajo de 1,5 ºC. Más de 80 países ya se han comprometido a presentar el próximo año NDCs más ambiciosos.

“El mandato es claro: los países tenemos que presentar contribuciones nacionales más ambiciosas que las actuales en 2020, es importante responder a las demandas de la gente y de la ciencia, y comprometernos a hacer más y más rápido”, ha indicado la ministra para la Transición Ecológica en funciones, Teresa Ribera.

El documento aprobado este domingo reconoce justamente que las medidas adoptadas para abordar el cambio climático son más eficaces si se basan en la mejor ciencia disponible y si se reevalúan continuamente a la luz de nuevos hallazgos. 

Para la científica del IPCC Inés Camilloni, que trabaja en la generación de escenarios futuros en Sudamérica y en la evaluación de sus impactos, ha habido un fuerte protagonismo del IPCC y de la ciencia en general con los mensajes generados desde el sector científico sobre la efectiva emergencia de tomar medidas ambiciosas para reducir las emisiones.

“Creo que la voz de la ciencia es cada vez más escuchada pero no necesariamente termina siendo tenida en cuenta en el momento de las decisiones. Está cada vez más presente en los distintos ámbitos de las COP”, subraya la argentina. En este sentido, muchos científicos se muestran pesimistas ante la inacción política dados los resultados científicos.

“Tenemos que dejar de quejarnos y empezar a colaborar entre nosotros, para hacer una ciencia que sirva también para poner encima de la mesa las soluciones, que no son fáciles. Tenemos que trabajar con los economistas, con los antropólogos, con sociólogos, con psicólogos… No solamente es cuestión de decir que el clima va a cambiar”, indica Sanz.  

El documento Chile-Madrid Tiempo de Actuar subraya además la contribución esencial de la naturaleza para abordar la crisis climática y sus impactos, así como la necesidad de abordar la pérdida de biodiversidad y el cambio climático de manera integrada para ayudar a cumplir el objetivo de 1,5 ºC. En el acuerdo alcanzado el 15 de diciembre en Madrid también se da un especial protagonismo al vínculo entre los océanos y los usos del suelo con el cambio climático, como respuesta a los informes especiales del IPCC publicados durante 2019. En junio 2020 se celebrará un diálogo de océanos y otro sobre usos del suelo.

En la COP25 los negociadores han acordado también un nuevo Plan de Acción de Género –que las organizaciones sociales valoran positivamente– que permitirá desarrollar medidas para dar respuesta al efecto desigual del cambio climático en mujeres y niñas, y a promover su papel como agentes del cambio en este proceso hacia un mundo libre de emisiones. Este nuevo plan, que estará vigente hasta el año 2025 –cuando se tendrá que revisar–, pretende lograr más participación de las mujeres en la negociación internacional, y asegurarles un papel activo en la toma de decisión a escala nacional.

Una vez finaliza la COP25, los países seguirán, hasta la próxima cita, con sus planes para luchar contra el cambio climático, con la presión cada vez mayor de la ciencia y la sociedad. fuente: Sinc.

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La COP25 es ya un espacio Naciones Unidas para la acción climática