Aún estamos a tiempo de frenar el desastre climático
El cambio de hábitos de un porcentaje suficiente de población puede generar una transformación profunda. Los mensajes en Educación Ambiental deben tener un tinte más social que naturalista. Durante el Congreso se subrayó la importancia y la fuerza que tienen los ciudadanos
“Aunque tenemos poco margen, aún estamos a tiempo de actuar para evitar el desastre climático”. Esta es la principal conclusión del VI Congreso Internacional de Educación Ambiental que se ha celebrado recientemente en la Universidad de Alcalá. Expertos de primer nivel en diferentes ramas de las Ciencias Ambientales han analizado los principales problemas y retos que tendremos que enfrentar en un futuro y, aunque consideran que la situación es crítica, confían en que un cambio de hábitos inmediato de parte de la sociedad puede conseguir frenar el desastre.
Este escenario obliga a que los mensajes y la educación ambiental tengan un tinte más social que naturalista. Según explica el presidente de la Asociación Española de Educación Ambiental, Federico Velázquez “el objetivo ya no es tanto dar a conocer la naturaleza como crear una conciencia de cómo nuestros hábitos y nuestra forma de vivir la están destruyendo, y a la vez, qué se puede hacer para evitarlo”.
En ese sentido apunta a cuatro áreas en las que los ciudadanos tienen un enorme poder individual para generar un cambio: las viviendas, que deben ser eficientes a nivel energético; la movilidad, con una apuesta por formas de transporte que no contaminen; la alimentación, con productos de proximidad y con menos carne y productos lácteos; y el consumo en general, que debe ser contenido.
“Si un porcentaje de la población suficientemente grande comienza a vivir de esta manera podría ser suficiente para impulsar una corriente mayoritaria que genere un auténtico cambio. El objetivo es demostrar que se puede, que es posible, y el efecto sería expansivo, como el de la levadura en un pastel”, argumenta.
La fuerza de los ciudadanos
Aunque hay muchos aspectos que se escapan a la acción individual y están en manos de legisladores y las decisiones de grandes empresas, durante el Congreso se subrayó la importancia y la fuerza que tienen los ciudadanos, que tienen mucha más potencia si actúan en grupo, de manera asociada. Aun así, aspectos como la economía son esenciales. Hay que apostar por modelos menos agresivos, que trabajen a favor del individuo y del medio ambiente y no tengan como eje una escalada de consumo.
A pesar de que la conclusión fue esperanzadora, durante el encuentro no se obvió la gravedad de la situación, que urge a adoptar cambios inmediatos. De hecho, expertos como María Novo, Cátedra UNESCO de Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible de la UNED, apostó por comenzar a educar a las nuevas generaciones para ser capaces “de arreglar el barco en alta mar porque no hay tiempo de que llegue a puerto”. Novo cree que hay que educar a los niños en imaginación para poder encontrar soluciones hasta ahora inéditas, y en el manejo de la incertidumbre, porque el fenómeno climático ha cobrado tal complejidad que es imposible hacer predicciones.
Para que estos conceptos calen y generen un cambio de hábitos, es necesario no limitarse a un terreno intelectual, de conocimiento, sino también afectivo. En este sentido el arte puede ser un vehículo de transmisión muy importante.
Las jornadas sirvieron para poner en común un montón de iniciativas y proyectos que se están llevando a cabo para sensibilizar. “Esto también abre una puerta a la esperanza porque aunque vivimos momentos críticos, también vemos que se está haciendo mucho, cada vez hay más personas que están trabajando en la misma dirección”, sostiene Federico Velázquez.
Premios de Ética Ecológica
Durante el Congreso se concedieron los II Premios Internacionales de Ética Ecológica Nicolás Martín Sosa, que se otorgan a personas de una trayectoria destacada en el marco del compromiso ambiental. En esta edición resultaron galardonados los profesores Amparo Vilches y Daniel Gil Pérez. Se premia su rigor y constancia en el impulso de la Década por la Sostenibilidad en España, al elaborar los materiales y realizando actividades orientadas a la reflexión y el cambio de hábitos personales.
Estos dos profesores crearon unas encuestas muy exhaustivas que pretendían evaluar el nivel de compromiso tanto individual como de empresas; que fueron muy utilizadas posteriormente dentro del sector. “Estos materiales fueron fundamentales porque supusieron un punto de partida para comenzar a crear conciencia. Realmente fueron unos pioneros en su campo en unos años en que todo estaba por hacer”, concluye Federico Velázquez.