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  Noticia del: 28-09-2020

Los contaminantes químicos pueden haber propiciado que haya un mayor número de personas con patologías previas y por tanto más vulnerables, lo que se habría traducido en más casos graves e incluso fatales debido a la covid-19 

Numerosos estudios científicos relacionan la exposición a muchos contaminantes ambientales, como los pesticidas y otras sustancias químicas tóxicas,  con un mayor riesgo de diabetes, obesidad, enfermedades del sistema circulatorio o respiratorias, etc. Estos problemas de salud han sido considerados factores de riesgo frente a la covid-19. Quienes los padecen son más vulnerables ante el virus, lo que podría haber propiciado un mayor número de casos graves y muertes durante esta pandemia. Así lo han manifestado distintos expertos durante la presentación del libro Infancia sin pesticidas, escrito por el divulgador ambiental Carlos de Prada, director de la iniciativa Hogar sin tóxicos

La falta de precaución en el uso de estas sustancias y la exposición generalizada de la población durante las últimas décadas parece haber contribuido a que en la sociedad actual haya cada vez más personas con este tipo de enfermedades crónicas y patologías previas. “Según los científicos, esto nos ha hecho más vulnerables no solo ante la covid-19, sino ante las posibles futuras pandemias que puedan venir en el futuro. Por eso es clave que se actúe de forma preventiva, reduciendo la exposición a estas sustancias tóxicas. Y es especialmente importante hacerlo desde la infancia porque en ella estas sustancias pueden provocar mayores alteraciones que se manifiesten después, en la edad adulta" explica Carlos de Prada. 

Precisamente a causa de la pandemia, la presentación del libro se retransmitió por videoconferencia, lo que permitió reunir desde puntos geográficos muy dispares a tres importantes expertos a nivel nacional e internacional. Todos ellos llevan años trabajando en sus respectivas unidades, publicando estudios o tratando con pacientes; recopilando datos que refuerzan la evidencia de que la exposición continuada a estas sustancias contaminantes es peligrosa, con frecuencia incluso a niveles muy bajos, y de que es precisa una regulación más estricta.  

El doctor Leonardo Trasande, pediatra e investigador de renombre internacional de la Universidad de Nueva York, participó en la presentación de Infancia sin pesticidas desde Estados Unidos y subrayó que los productos químicos que pueden alterar el sistema endocrino, entre los que se encuentran los pesticidas, están presentes en nuestra vida diaria y se asocian a una serie de problemas de salud que pueden causar un gran impacto económico en nuestras sociedades, “y esto provoca que las personas estén hoy en día más enfermas, más gordas y más pobres”. Precisamente este es el título de su último libro, Enfermos, gordos y pobres.  

Por su parte, el doctor Nicolás Olea, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada e investigador también de los efectos de los disruptores endocrinos en la salud, con centenares de estudios científicos publicados sobre estos asuntos, destacó el importante papel de la producción agroalimentaria ligada al uso de pesticidas sintéticos en lo que respecta a las fuentes de exposición de la población general, así como la mayor vulnerabilidad de los individuos cuando la exposición ocurre en fases tempranas del desarrollo. “Esto sitúa al binomio madre-hijo en el centro de cualquier actividad preventiva, recalcó. 

En esta misma línea argumental, el doctor Juan Antonio Ortega, que lidera desde el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia la primera Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica de España, hizo un llamamiento a los médicos para que aboguen clara y firmemente por la alimentación ecológica. “Defender y conseguir una dieta libre de pesticidas en la infancia constituye una oportunidad extraordinaria para prevenir muchas enfermedades crónicas en los primeros años de vida y en la edad adulta. Esto permitirá asegurar, al mismo tiempo, una economía más fuerte basada en una alimentación ecológica y de cercanía”.  

Uno de los grupos de sustancias tóxicas que más preocupan son los pesticidas. Estamos expuestos a ellos inconscientemente y a diario, dado su uso masivo en la sociedad actual. La principal vía de exposición son los alimentos convencionales, no ecológicos, pero también hay otras: los insecticidas domésticos, los utilizados en parques y jardines públicos, etc. En la Unión Europea hay 480 sustancias activas autorizadas como pesticidas, y España es el país que más los utiliza. El 20% de las ventas de pesticidas de toda la UE corresponden a España. 

El libro Infancia sin pesticidas, escrito en tono divulgativo, pero basándose en una extensa bibliografía científica, está concebido como una guía práctica para conocer los riesgos, las vías por las que los niños se exponen y la forma de evitar o al menos minimizar su contacto con estos tóxicos. La obra desvela importantes deficiencias en la normativa actual que, como denuncia la comunidad científica, llevan a la autorización de pesticidas sin tener en cuenta debidamente algunos efectos específicos que pueden causar en los niños, como sucede por ejemplo con algunos efectos sobre el desarrollo del cerebro.  

Los niños pueden exponerse a mayores cantidades de estos tóxicos que los adultos ya que en proporción a su peso y tamaño, respiran más, comen y beben más, su piel es más permeable, son más inconscientes,  tocan todo y se llevan las manos a la boca… Al mismo tiempo, son más vulnerables por estar en desarrollo. Cánceres infantiles, descenso en la función cognitiva y problemas de conducta son algunos de los problemas de salud que la Asociación Americana de Pediatría ha relacionado con la exposición a pesticidas en edades tempranas. 

Entre las medidas posibles para reducir la exposición de los niños a estas sustancias, Carlos de Prada destaca la importancia de "proporcionar una alimentación ecológica certificada, ya que los residuos de pesticidas en los alimentos no ecológicos son la principal vía de exposición de los niños a estas sustancias, siendo también importante evitar que se expongan a los insecticidas que se usan en los hogares".  

Al margen de las medidas de precaución que pueden adoptar las familias en el ámbito doméstico, en Infancia sin pesticidas se insta a que las autoridades pongan en marcha planes concretos para reducir drásticamente el uso de pesticidas mediante la expansión de la agricultura ecológica, algo que por cierto "es ahora la política marcada por la Comisión Europea, con la estrategia Farm to Fork. España debe hacer los deberes para propiciar una agricultura sostenible y una alimentación realmente sana a los niños", tal y como resalta Carlos de Prada.  

Mientras tanto, el riesgo existe y es real. El que un pesticida esté autorizado no implica necesariamente que no pueda entrañar un riesgo. Según el Dr. Olea, “los mecanismos de protección de la población más susceptible –mujer en edad fértil, embarazo, lactancia e infancia– no son lo suficientemente estrictos, como lo demuestra el hecho de encontrar el residuo de pesticidas persistentes en las placentas de las mujeres que dan a luz en nuestros hospitales: más del 90% aún presentan residuos de DDT/DDE. También detectamos presencia de pesticidas no persistentes en la orina de niños y adolescentes, metabolitos de compuestos organofosforados como clorpirifós y diazinón en dos tercios de los adolescentes investigados. Clorpirifós y clorpirifós-metil fueron definitivamente prohibidos en Europa el 1 de enero de 2020, pero las consecuencias de esta exposición se verán en los estudios de seguimiento de las poblaciones más susceptibles. Todo lleva tiempo”.  

El Dr. Trasande insiste en que “los efectos de este contacto químico pueden hacerse visibles años después y ser incluso transmitidos a la siguiente generación. A esto es a lo que yo llamo el impacto «relámpago» de estas sustancias nocivas. Se ha demostrado que tienen efectos potentes, duraderos y que cambian la vida de todos, pero especialmente las de los bebés y los niños pequeños, cuyos órganos todavía se están desarrollando”. Por ello, todos los científicos coinciden en que es clave aplicar el principio de precaución y protegernos activamente de estas sustancias en nuestra vida diaria.  

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