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El Síndrome metabólico es el nombre que recibe un grupo de factores de riesgo de enfermedad cardiaca. Para que una persona sea diagnosticada con este síndrome, tiene que reunir al menos 3 de estos factores, pero cuantos más factores se padezca, mayor será el riesgo de enfermedad cardiaca:  

  1. Obesidad abdominal, o lo comúnmente conocido como cuerpo con “forma de manzana”.
  2. Niveles altos de triglicéridos.
  3. Niveles bajos de colesterol HDL, el conocido como colesterol “bueno”.
  4. Niveles altos de azúcar en sangre en ayunas, indicador de un posible desarrollo de diabetes.
  5. Presión arterial alta.

Todos estos factores de riesgo pueden darse en personas que tengan un estilo de vida sedentario, con una alimentación inadecuada, fumadores y con resistencia a la insulina (afección en la cual el cuerpo no puede usar bien la insulina, y puede conducir a niveles altos de azúcar en la sangre). Aunque también hay factores no modificables que pueden aumentar el riesgo de padecer síndrome metabólico, como son la edad (a medida que envejecemos tenemos mayor predisposición a estas afecciones), la herencia familiar (tener hermanos o padres con diabetes, por ejemplo) e incluso ciertas enfermedades como el síndrome de ovarios poliquísticos.

La manera de prevenir la aparición de este síndrome, o de frenar su progresión cuando ya lo padecemos, es sin duda mantener un estilo de vida saludable que permita mantener un correcto estado de salud cardiovascular: seguir un plan de alimentación saludable limitando la cantidad de grasas saturadas y aumentando las frutas, verduras y grasas buenas (como el omega-3), hacer actividad física de forma regular, controlar el estrés y dejar de fumar (o no comenzar si aún no se fuma). Pero muchas veces estos cambios en el estilo de vida no son suficientes o no somos capaces de cumplirlos. Es aquí donde los complementos alimenticios tienen cabida, como parte del estilo de vida saludable para un buen estado de salud.

Bergamota, tu aliado en el síndrome metabólico

La bergamota (Citrus bergamia Risso & Poit.) es un pequeño árbol de 5 metros que pertenece a la familia de las rutáceas (como la naranja y el limón), con grandes hojas ovadas de color verde oscuro, fragantes flores blancas en forma de estrella y frutos redondos de color amarillo verdoso. La planta es originaria de Asia tropical, pero también se encuentra en Europa, concretamente en la región de Calabria, Italia. De hecho, este cítrico apareció en el sur de Italia antes de 1700, y se cree que Cristóbal Colón la llevó de las Islas Canarias a Italia.

La bergamota se cultiva principalmente por sus aceites esenciales que se obtienen raspando y presionando en frío la cáscara de la fruta. Pero su uso tradicional se está redescubriendo actualmente debido a su mezcla única de polifenoles, específicamente el alto porcentaje de flavonoides (en concreto las flavanonas), que únicamente se encuentran en el jugo de la fruta, y no en la cáscara. Es importante que los extractos de jugo de bergamota contengan todos estos flavonoides juntos formando lo que se conoce como “fitocomplejo”, tal como ocurriría en la planta de forma natural, ya que los posibles efectos de los mismos pueden ser bastante diferentes que si se encontraran de forma aislada, debido a los efectos compensatorios o sinérgicos de la mezcla.

De acuerdo con la evidencia científica, los extractos de bergamota (estandarizados en flavonoides), a dosis de 1000 mg al día, han demostrado tener efectos antioxidantes, ayudar a la reducción de azúcar y colesterol LDL, y al aumento del colesterol HDL. Por tanto, puede tener efectos positivos en la modulación del síndrome metabólico, protegiendo contra los desafíos cardiovasculares.

¿Cómo conseguir una fórmula más eficiente y a dosis más bajas?

Los flavonoides de la bergamota presentan una baja absorción en el intestino, y es por ello que las dosis utilizadas en los estudios científicos son elevadas (1000 mg/día). Por eso, existen tecnologías totalmente respetuosas con el organismo que pueden aumentar la biodisponibilidad y absorción de estos compuestos: la tecnología Fitosoma®.

La tecnología Fitosoma® se origina siguiendo el concepto de biomimética, es decir, en la creencia de que, imitando a la naturaleza y apoyándola con los conocimientos que aporta la investigación, mediante procesos y principios desarrollados en el laboratorio se pueden lograr beneficios en términos de racionalización, simplificación, sostenibilidad, tolerabilidad y seguridad de las personas. La tecnología Fitosoma® sigue un método patentado por el cual los componentes individuales de un extracto de plantas, en este caso los flavonoides de la bergamota, se recubren con un fosfolípido. El cuerpo humano reconoce estos fosfolípidos como nutrientes y permite que los flavonoides atraviesen de forma natural las membranas celulares, optimizando su absorción.

De forma sencilla: la tecnología Fitosoma® imita el proceso natural de absorción de nutrientes, para llevar un principio activo de plantas al interior de la célula. De esta manera, nos permite utilizar dosis menores de extracto a las habituales y con una mejor absorción y distribución en los tejidos. En concreto, la tecnología Fitosoma® permite una absorción de los flavonoides de bergamota 3 veces mayor que el mismo extracto sin utilizar esta tecnología, convirtiendo este extracto en una formulación más eficiente con dosis más bajas del extracto.  

Este extracto de bergamota con tecnología Fitosoma® (Vazguard® es la marca registrada), ha mostrado beneficios demostrados en un estudio clínico. 400 mg de extracto de bergamota, junto con los fosfolípidos, ayudó en la reducción del colesterol LDL, triglicéridos y glucosa en sangre en ayunas, y en el aumento del colesterol HDL, en un grupo de población con síndrome metabólico.

Otros nutrientes complementarios

Existe un mineral esencial, que nuestro organismo no es capaz de sintetizar, que contribuye al mantenimiento de niveles normales de glucosa en sangre y al metabolismo normal de los macronutrientes. Estamos hablando del cromo.

Una opción interesante en complementos alimenticios es combinar el extracto de bergamota con cromo, para potenciar el efecto de la bergamota sobre el mantenimiento de los niveles normales de glucosa en sangre.

Es importante mantener una dieta variada para poder conseguir todos los nutrientes que necesitamos. En concreto, el cromo podemos obtenerlo en alimentos como carnes procesadas, vísceras, cereales integrales, algunas verduras (brócoli, cebolla), tomates y la levadura de cerveza. Pero a veces, el aporte de nutrientes de los alimentos que consumimos podría ser bajo, ya sea por el propio origen del alimento (tipo de suelo de cultivo, procesado, transporte y almacenaje) o por las formas de cocinado. Por ello, puede ser interesante incluir un nutriente esencial como el cromo.

Existen distintas formas de cromo. Una apuesta de calidad es la levadura enriquecida con cromo, que ofrece formas orgánicas de este mineral, de mayor absorción que otras formas orgánicas (picolinato) y las formas inorgánicas (cloruro). Se utiliza el mismo tipo de levadura (Saccharomyces cerevisiae) que se usa para hacer cerveza, pan o kombucha, pero con un producto final diferente. Es una levadura de cultivo primario, es decir que se cultiva específicamente por su valor nutricional y no como un subproducto. La principal diferencia entre la levadura de panadería es que la levadura nutricional o fortificada está inactiva, por lo que no tiene capacidad de crecimiento en el organismo. Su proceso de fermentación natural está libre de cándidas u otras bacterias.

Paula Saiz de Cos, Dpto. Técnico, Documentación y Formación de 100% Natural

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