Hogar sin Tóxicos reúne en un libro la más completa recopilación de evidencias científicas realizada hasta ahora sobre los tóxicos en los alimentos
A lo largo de más de 700 páginas, el libro desgrana con detalle qué tóxicos están presentes en nuestra alimentación, cómo llegan hasta ahí y qué podemos hacer para ingerir menos contaminantes, porque no es posible una dieta realmente saludable sin reducir la exposición a estas sustancias
La alimentación es la principal vía de exposición humana a multitud de sustancias tóxicas preocupantes que pueden poner en riesgo nuestra salud, según alerta la comunidad científica, y solo si tenemos los conocimientos e información necesarios podremos reducir esa carga tóxica. Esta es la premisa en torno a la cual gira el nuevo libro de Carlos de Prada, periodista ambiental y responsable de la iniciativa Hogar sin tóxicos, Premio Global 500 de la ONU y Premio Nacional de Medio ambiente, entre otros galardones. El libro, titulado “Cómo comer sano en un mundo tóxico. Hacia una dieta más saludable reduciendo los tóxicos alimentarios” (Ediciones i, 2025), es una extensa obra divulgativa, de más de 700 páginas[i], que sintetiza y traduce a un lenguaje comprensible lo que dicen cientos de estudios científicos que abordan el problema de la creciente contaminación química de los alimentos.
En la actualidad, la búsqueda de una alimentación saludable se ha convertido en una tendencia global: cada vez más personas buscan comer “sano”. Sin embargo, esta preocupación, aunque positiva, con frecuencia pasa por alto un aspecto fundamental: que no puede existir una dieta verdaderamente sana si no se tiene en cuenta la exposición a una serie de tóxicos que pueden estar presentes en los alimentos. Pesticidas, metales pesados, contaminantes ambientales persistentes (como PFAS, PCBS, retardantes de llama, dioxinas, etc.), los tóxicos presentes en plásticos y en otros materiales en contacto con alimentos, así como algunos aditivos y contaminantes del agua, pueden integrarse en la cadena alimentaria moderna, infiltrándose incluso en productos que consideramos “saludables”.
Estas sustancias han sido asociadas a múltiples problemas de salud que van desde el cáncer a la infertilidad, pasando por problemas en el desarrollo cerebral de los niños, daños en la microbiota, diabetes, obesidad, alergias, problemas cardiovasculares, etc. Por lo tanto, tal y como reflejan las múltiples investigaciones citadas en este libro, reducir la exposición a estos compuestos químicos perjudiciales podría tener un papel preventivo que en ocasiones podría ser relevante.
El peligro de la ignorancia
“La ignorancia es tóxica. Solo si tenemos los conocimientos e información necesarios, solo si somos conscientes de qué sustancias nocivas hay en nuestra alimentación diaria y qué podemos hacer para reducir esa carga tóxica, podremos proteger nuestra propia salud en alguna medida. Este libro, que simplemente traslada a un lenguaje asequible lo que dicen los científicos, ofrece una información básica para la prevención”, sostiene el autor. Por otra parte, Cómo comer sano en un mundo tóxico no solo puede ser útil para el público general, sino también para algunos estudiosos del tema que, con frecuencia, suelen estar especializados en aspectos muy concretos de la problemática, mientras que este libro, repleto de referencias científicas, ofrece una visión más global, a modo de compendio, puesto que aborda muchas vertientes diferentes de la contaminación alimentaria.
El problema es que la normativa actual que regula los tóxicos alimentarios es “enormemente deficiente”, señala Carlos de Prada. “No solo eso, sino que las autoridades de la UE, lejos de mejorarla, se han embarcado recientemente en planes para debilitarla aún más a fin de favorecer los intereses de algunas industrias, mermando la protección de los consumidores[ii]. Por eso, cuando las autoridades fallan en garantizar suficientemente la seguridad alimentaria, se hace aún más necesario que los propios ciudadanos tengan conocimientos que les permitan adoptar medidas para autoprotegerse”, razona.
Sin embargo, no todo son malas noticias, según el autor, porque “con la información necesaria, es fácil tomar medidas sencillas en el día a día para autoprotegerse, eligiendo qué alimentos es preferible consumir y cuáles es mejor reducir, y aunque no se pueda evitar toda la exposición a sustancias tóxicas, sí se puede lograr una reducción relevante de parte de ellas. En un mundo cada vez más contaminado y con unos procesos de producción de alimentos crecientemente desnaturalizados, es importante estar al tanto de ello si queremos que, como defendía Hipócrates, nuestro alimento sea realmente nuestra medicina”.
Los tóxicos más preocupantes
El libro Cómo comer sano en un mundo tóxico pasa revista a diferentes tipos de sustancias problemáticas como, entre otras, aquellas que son disruptoras endocrinas y que pueden causar alteraciones hormonales a muy bajas concentraciones, o las que son altamente persistentes y bioacumulativas. También se profundiza con detalle en los diversos modos en los que se puede reducir la exposición a dichas sustancias.
Entre los compuestos tóxicos tratados en el libro están los residuos de pesticidas presentes en muchos alimentos convencionales, especialmente en frutas y verduras, y se explica cómo una dieta ecológica puede reducir la exposición a estos tóxicos. De hecho, el capítulo de la alimentación ecológica es el más extenso porque, de entre todas las medidas posibles para reducir la exposición a tóxicos alimentarios, es la más eficaz, al menos por lo que se refiere a unos tóxicos tan importantes como son los residuos de pesticidas. Solo con decidir consumir alimentos ecológicos ya estaremos dando un paso inmenso hacia una alimentación más sana.
También se habla de los contaminantes orgánicos persistentes, como PCBs, retardantes de llama o dioxinas, que contaminan el medio ambiente y acaban integrándose en la cadena alimentaria, sobre todo en algunos alimentos grasos, como ciertas carnes y lácteos. Se analiza la exposición humana a residuos de antibióticos presentes en productos de origen animal, la contaminación en el pescado (más allá del conocido problema del mercurio), las sustancias preocupantes que podemos hallar en envases y otros materiales en contacto con alimentos (como ftalatos, bisfenoles o PFAS, entre otras), los aditivos en alimentos ultraprocesados, e incluso las sustancias tóxicas que también pueden estar presentes en el agua del grifo, usada para beber o cocinar, porque también es parte de lo que ingerimos.
La obra aporta argumentos, científicamente fundamentados, que desmontan la creencia de que todo esté siendo perfectamente controlado por las autoridades. Porque la fe ciega en los límites legales burocráticamente establecidos puede llevar a las personas a desentenderse y no adoptar las medidas necesarias para reducir su exposición a sustancias tóxicas. Como subraya De Prada, “lo legal y lo seguro no tienen por qué coincidir necesariamente. Las autoridades pueden sostener, por ejemplo, que no pasa nada porque un alto porcentaje de las frutas y verduras convencionales, no ecológicas, tengan cierta baja concentración de residuos de pesticidas, a pesar de que, con demasiada frecuencia, la comunidad científica sostenga otra cosa”.
Abrir los ojos de los consumidores
Este libro se propone “abrir los ojos” de los consumidores con hechos objetivos, como por ejemplo, la gran cantidad de veces que las autoridades han sostenido, sin fundamento real, que era “seguro” exponerse a sustancias tóxicas concretas presentes en los alimentos, para luego dar marcha atrás y prohibir o restringir severamente muchas de ellas, confirmándolas oficialmente como peligrosas cuando ya millones de personas habían estado exponiéndose a ellas durante años. Dos ejemplos clamorosos recientes son los del insecticida clorpirifos[iii] o el fungicida mancozeb[iv], vastamente utilizados durante mucho tiempo y que eran muy frecuentemente detectados en las frutas y verduras convencionales.[v] Pero son muchos más los que podrían citarse[vi].
Muy similar es el caso de algunas sustancias de las que se nos decía que eran “seguras” a determinadas concentraciones, para poco después afirmar que la concentración segura era realmente muchísimo más baja. Un ejemplo de esto, y no es el único, lo tenemos en el famoso bisfenol A presente en las latas de comida. La concentración que hasta hace poco se afirmaba que era “segura” oficialmente era decenas de miles de veces más alta que la que ahora nos dicen.
La obra detalla otros aspectos clave que muestran la incertidumbre que existe acerca de la seguridad de infinidad de sustancias tóxicas que son detectadas cotidianamente en los alimentos. Ejemplo de ello es que no se haya evaluado el riesgo del “efecto cóctel” de los múltiples tóxicos a los que realmente nos exponemos en un mismo momento a través de los alimentos. También, la indebida evaluación de los riesgos de las sustancias que pueden actuar como disruptoras endocrinas y sobre las cuales la ciencia advierte que no puede establecerse con claridad una concentración segura, a pesar de lo cual las autoridades establecen concentraciones que afirman como “seguras”. Asimismo, se abordan otros aspectos como la inquietante preponderancia que se concede a los datos que suministran las empresas interesadas, marginando en buena medida los datos de la ciencia académica.
En definitiva, Cómo comer sano en un mundo tóxico es un libro que aporta una perspectiva global del problema a la vez que soluciones concretas, y aspira a convertirse en una obra de referencia para todas aquellas personas interesadas en proteger su salud reduciendo su ingesta cotidiana de tóxicos alimentarios. Una obra rigurosa, fundamentada en citas científicas, pero con un tono marcadamente divulgativo.
Referencias
[iii] Se tardó muchos años en adoptar medidas contra esta sustancia a pesar de que desde hace mucho tiempo una enorme cantidad de investigaciones científicas alertaban de sus riesgos, aún a bajísimas concentraciones. Por ejemplo, por sus graves efectos sobre el desarrollo del sistema nervioso central infantil.
Statement on the available outcomes of the human health assessment in the context of the pesticides peer review of the active substance chlorpyrifos. EFSA Journal: August 2019
Chlorpyrifos & Chlorpyrifos-methyl. European Commission. https://ec.europa.eu/food/plant/pesticides/approval_active_substances/chlorpyrifos_chlorpyrifos-methyl_en
[iv] Un fungicida que ha sido asociado a varios tipos de cáncer, entre otros efectos.
Belpoggi F, Soffritti M, Guarino M, Lambertini L, Cevolani D, Maltoni C. Results of long-term experimental studies on the carcinogenicity of ethylene-bis-dithiocarbamate (Mancozeb) in rats. Ann N Y Acad Sci. 2002 Dec;982:123-36.
[v] Si hacemos un repaso de la lista de los pesticidas hoy autorizados y la contrastamos con las listas de pesticidas que estaban autorizados hace tiempo veremos claramente que hay una larga lista de pesticidas hoy en día prohibidos por su alto nivel de riesgo a los que muchos millones de personas se estuvieron exponiendo durante años, a veces décadas, mientras las autoridades afirmaban, con arrolladora prepotencia, que eran "seguros". Los pesticidas autorizados pueden verse en la base de datos de pesticidas de la UE: UE Pesticides database: http://ec.europa.eu/food/plant/pesticides/eu-pesticides-database/public/?event=activesubstance.selection&language=EN
[vi] Infinidad de principios activos pesticidas que antes estaban autorizados acabaron dejando de estarlo por diversas razones: chlorfenvinfos ethion, parathion ethyl, atrazina, etcétera, etcétera, etcétera. Los listados de sustancias ahora prohibidas o restringidas al menos para una serie de usos para los que antes estaban permitidas son demasiado largos (alachlor, carbaryl, carbofuran, cyhalothrin, dicofol, ethion, fenvalerate, HCH, parathion, diazinon, zineb, amitraz, fenthion, simazina, aldicarb…) y así decenas y decenas.
PAN-Europe listó en su día muchas sustancias prohibidas. Como: 1,3,-dichloropropene, 2,aminobutane (sec-butylamine), 2,4,5-t (y sus sales y ésteres), acephate, acifluorfen, alachlor, ametryn, azinphos-ethyl, bensultap, binapacryl, cadusafos, captafol, carbaryl, carbofuran, carbosulfan, cartap, chinomethionat, chlordimeform, chlorfenvinphos, chlormephos, chlorobenzilate, chlozolinate, coumafuryl, cyanazine, cyhalothrin, dicofol, dimethenamid, dinobuton, dinoseb (su acetato y sales), dinoterb, dnoc, ethion, ethylene dichloride, ethylene dibromide (1,2 dibromoethane), fenpropathrin, fentin hydroxide, fenvalerate, ferbam, flurenol, furathiocarb, haloxyfop-r, hch, hexazinone, iminoctadine, methidathion, metoxuron, monocrotophos, monolinuron, nitrofen, nonylphenol ethoxylate, omethoate, oxydemeton-methyl, parathion, parathion methyl (methyl parathion), pebulate, phosalone, phosphamidon, pyrazophos, quintozene, tecnazene, terbufos, thiocyclam, thiodicarb, triazophos, trichlorfon, tridemorph, vamidothion... También sustancias que además de ser prohibidas en la UE fueron prohibidas para su exportación: aldrin, chlordane, ddt, dieldrin, endrin, heptachlor, hexachlorobenzene, mirex, toxaphene (camphechlor)... Prohibidos en agricultura: azinphos-methyl, calciferol, cholecalciferol, crimidine, diazinon, dichlorvos, diuron, endosulfan, ethylene oxide, fenitrothion, fluoroacetamide, isoxathion, malathion, monuron, permethrin, propham, strychnine, thallium sulphate, zineb... Prohibidos en agricultura y severamente restringidos en otros usos: lindane (gamma-hch), pentachlorophenol y sus compuestos... Severamente restringidos: amitraz, arsenic compounds, chlorfenapyr, fenthion, fentin acetate, simazine, triorganostannic compounds (tributyltin compounds)... Severamente restringidos en agricultura y prohibidos en otros usos: aldicarb, atrazine…
Fuente: Which Pesticides are Banned in Europe? Updated April 2008 http://www.pan-europe.info/old/Resources/Links/Banned_in_the_EU.pdf
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