Sección: Salud Publicación: Revista nº 71
Sida y calidad de vida
Ante la sospecha de infección, la visita al médico es obligada para realizar la prueba de detección correspondiente. A partir de ahí, el uso de una tratamiento natural apropiado (combinado con antirretrovirales) permitirá disminuir el ritmo de avance de la enfermedad y alargar la vida del paciente.
El
Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) es una enfermedad que se
desarrolla como consecuencia de la infección por el Virus de Inmunodeficiencia
Humana (VIH), provocando una situación de inmunodeficiencia, debilitando
nuestro sistema inmunológico y haciéndonos más vulnerables a otras infecciones.
No toda persona infectada por el VIH (seropositivas) tiene SIDA, ya que este
término se reserva a aquellas personas portadoras incapaces de dar una
respuesta inmune adecuada frente a las infecciones; es entonces cuando se
desarrolla la enfermedad, expresada claramente en un número de linfocitos T CD4
(los que ataca el virus) inferior a los 200 por cada mililitro de sangre.
Desde
su descubrimiento en el siglo XX, la percepción y actitud que tenemos hacia
esta enfermedad y hacia el modo en el que la viven los propios afectados ha
evolucionado para bien, si bien existen numerosos interrogantes y barreras a
superar.
Dentro
de la comunidad científica hay diversas opiniones sobre esta enfermedad, y
existe un grupo minoritario pero activo que rechaza las actuales teorías sobre
el SIDA, haciendo responsables del desarrollo de la enfermedad a los propios
tratamientos que se emplean para la misma. Lo cierto es que, en la mayoría de
las personas, la infección del VIH sin tratamiento casi siempre avanza hacia el
SIDA; sin embargo, alrededor de una de cada trescientas personas infectadas con
el VIH sigue libre de la enfermedad sin necesidad de fármacos. Estas personas
se conocen con la denominación de "controladores de élite",
sujetos de minucioso estudio hoy por parte de los investigadores a la hora de
obtener pistas que eviten la progresión a la enfermedad.
Tratamiento integral
Actualmente
se emplean antirretrovirales combinados, unos fármacos que inhiben ciertas
enzimas (como la transcriptasa inversa, proteasa o integrasa) necesarias para
la replicación del virus. Estos antirretrovirales no curan la infección por
VIH, pero permiten a la persona seropositiva una vida larga y casi normal como
enfermo crónico.
Sin
embargo, la medicina oficial ha confiado más (y lo sigue haciendo) en la acción
de unas moléculas que actúan desde el exterior del organismo, es decir, sin
contar con éste. Continúa sin ponerse de parte de esa naturaleza humana en la
que la medicina natural siempre ha confiado. Debemos recordar en este punto las
palabras de Pasteur, quien, poco antes de morir, reconoció que “el microbio
no es nada, el terreno lo es todo”; esto viene a reafirmar lo anteriormente
expuesto, y explica por qué hay pacientes que no desarrollan la enfermedad, y
entre quienes la desarrollan, existen sujetos con una evolución más favorable
que otros dependiendo de cómo se encuentren sus defensas.
Añadido
a esto, hay que decir que nuestro terreno, nuestro organismo, están cada vez
más inmunodeprimido debido a la gran cantidad de sustancias tóxicas que
penetran en nuestro cuerpo y lo debilitan, y entre ellas numerosos fármacos que
pueden contribuir a la progresión de la enfermedad. El otro gran inmunodepresor
no es químico, pero a todos nos resulta familiar: el estrés, capaz de bajar
nuestras defensas de una forma importante.
Por
ello, siempre que abordemos a un paciente seropositivo con SIDA o no, debemos
recomendarle un adecuado tratamiento depurativo en el que, además de las
plantas medicinales que consideremos para eliminar estos residuos
fundamentalmente a través del hígado o del riñón, la dieta juegue un papel importante:
una dieta rica en frutas y verduras (mejor si son biológicas), que nos aportan
antioxidantes y favorecen los mecanismos de depuración.
Alternativas naturales
En
relación a las plantas medicinales, la industria farmacéutica y la comunidad
científica buscan nuevas alternativas y nuevas moléculas, pero la mayoría de
los ensayos se basan en localizar plantas que actúen en el mismo sentido que
los fármacos conocidos, y produzcan una inhibición de la actividad de las
enzimas necesarias para la replicación del virus.
Sin
embargo, existen otras posibilidades con plantas medicinales que actúen
reduciendo la carga viral en plasma, aumentando la función inmune, aliviando
los síntomas y signos relacionados, mejorando la calidad de vida o, en combinación
con la terapia antirretroviral, aliviando los efectos secundarios que poseen
estos fármacos. Entre esas plantas medicinales y sustancias naturales podemos
distinguir las siguientes:
Probióticos:
aumentan los niveles de interferón, y regulan los niveles de linfocitos Th1 y
Th2. Son seguros y perfectamente tolerados.
Apolactoferrina:
sabemos que la leche y el calostro son un alimento completo y vital para todos
los mamíferos (incluido el humano), pero, además de su valor nutricional, son
una excelente fuente de proteínas. Entre ellas encontramos la lactoferrina, que
actúa como proteína de defensa no específica.
Se
encuentra en diversas secreciones mucosas como la leche, las lágrimas y la
saliva, aunque la concentración más elevada se encuentra en el calostro
materno. La apolactoferrina no va unida al hierro, en contraposición a la
hololactoferrina, que sí va unida a este metal.
Equinácea
(Echinacea angustifolia, E. purpurea, E, palida): contiene
polisacáridos, alquilamidas y derivados del ácido cinámico. De estos principios
activos, los arabinogalactanos son los que parecen conferirle un efecto
inmunoestimulante: aumenta la capacidad fagocítica de los macrófagos y los
granulocitos; aumenta la fagocitosis de virus, bacterias y células tumorales mediante
un efecto opsonizante; potencia la liberación de citoquinas; aumenta la
liberación de radicales de oxígeno por los macrófagos, los cuales están
destinados a destruir determinadas estructuras como ADN, ARN, proteínas,
lípidos, etc; estimula los linfocitos T colaboradores; y ejerce una actividad
virustática que puede atribuirse a un efecto tipo interferón.
Arabinogalactanos:
se pueden administrar durante largos periodos de tiempo para mantener el
sistema inmunológico en su máximo rendimiento. Pueden tomarse diariamente
durante meses sin riesgo de que el organismo adquiera una tolerancia que
disminuya su eficacia, como puede ocurrir con la equinácea.
Uña
de gato (Uncaria tomentosa). Los
alcaloides inducen a las células endoteliales a secretar un factor todavía no
identificado que influencia la proliferación de los linfocitos. Aumenta el
porcentaje de fagocitosis por los granulocitos, e induce a la liberación del
factor de células endoteliales que regula la proliferación de linfocitos.
Raíz
de astrágalo o huang qi (Astragalus
membranaceus): algunos usos medicinales del astrágalo se basan en su
propiedad de estimulación inmunológica. Está descrito sobre todo en animales y
en laboratorio, pero aún se carece de estudios convincentes en seres humanos.
Hasta ahora se ha demostrado que posee actividad antiviral, inhibiendo la
replicación de algunos virus, intensifica la fagocitosis del sistema
retículoendotelial, estimula la producción natural de interferón y aumenta la
actividad de los linfocitos T.
Algas:
también las microalgas, como las algas chlorella y espirulina, estimulan el
sistema inmunológico, ya que promueven la formación de linfocitos B y T,
estimulan a los macrófagos y aumentan la síntesis de interferón.
Setas
medicinales: destaca el reishi (Ganoderma
lucidum), aunque también hay otras como shiitake, maitake, champiñón del
sol, cola de pavo…, ricas en betaglucanos que incrementan nuestras defensas.
Actúan a través de la estimulación de receptores de las células inmunes
(linfocitos T4, macrófagos, linfocitos B y otros), que desencadenan una
respuesta defensiva. Además, activan a los macrófagos, movilizan a las células
del sistema de defensa hacia las zonas afectadas, y estimulan la liberación de
citoquinas (sustancias que controlan la respuesta inmune).
Es
interesante recordar que la actividad de los betaglucanos es diferente de
algunos fármacos y plantas medicinales que tienen la capacidad de
sobreestimulación del sistema inmunitario, que los haría estar contraindicados
en pacientes con enfermedades autoinmunes, alergias o infecciones por hongos.
Asistir al paciente
En
definitiva, todos estos elementos naturales aumentan nuestras defensas, pero,
además, si van apareciendo complicaciones o síntomas derivados de la enfermedad
o como consecuencia del tratamiento retroviral, habrá que ir adaptando e
incluyendo otras plantas medicinales según se vaya requiriendo.
Por
último, cabe recordar que cuando una persona es diagnosticada de SIDA, se
producen una serie de cambios importantes en su ámbito psicosocial, a los que
se añadirán posteriormente cambios también en el plano físico como dolor,
malestar general, cambios físicos, etc. Los pacientes suelen tener miedo a
contagiar a su pareja, a su familia o a sus amigos, un temor que se une al miedo
al rechazo social generado por su enfermedad.
Es
más, cuando saben que su sistema inmunológico está comprometido, existe también
una cierta retracción en las relaciones sociales motivada por el miedo a acudir
a sitios con una alta probabilidad de intercambio de gérmenes; así, comienzan a
evitar los lugares públicos de mucha afluencia, e incluso las relaciones
interpersonales, lo cual contribuye al aislamiento del enfermo.
Como
profesionales, nuestro deber es tranquilizar al paciente con SIDA brindándole
un adecuado apoyo psicológico, ya que el estrés merma la calidad de vida de
cualquier enfermo, y especialmente la de un paciente con una enfermedad grave
como el SIDA. Si resulta necesario, recurriremos al empleo de plantas
medicinales que mejoren nuestro estado de ánimo: por ejemplo el extracto de
estigmas de azafrán, así como plantas medicinales relajantes como la valeriana,
pasiflora, etc. Son de igual ayuda las flores de Bach. Dicho esto, conviene
recordar que nosotros no somos psicólogos; por tanto, si el paciente lo
requiere, debemos derivarle a un profesional especializado.
Sólo
si atendemos un enfoque integral y personalizado, teniendo en cuenta las
necesidades personales tanto físicas como psíquicas del enfermo, conseguiremos
mejorar su calidad de vida.
Dr. Joaquín Outón
Médico Naturista y Director
Técnico de Laboratorios Vital 2000